Hace varios días me enteré en redes sociales de una controversia debida al comentario que la ministra de la SCJN María Estela Ríos González hizo en el aniversario 475 de la fundación de la Universidad Nacional Autónoma de México que desató las críticas furibundas de muchos, entre quienes reconocí la de Joaquín López Dóriga, que, además de haber hecho el comentario denostativo hacia la ministra en X, he visto que también ha comentado el punto con Carlos Marín en un video corto que también vi por ahí. Además de ellos, me crucé con muchos otros comentarios más en un mismo sentido, tachando a la ministra de ignorante y a la situación de bochornosa, pero sin que en realidad los haya podido reconocer.
El comentario en cuestión tiene que ver con algo que el expresidente López Obrador solía decir relativo al hecho de que –vamos a parafrasearlo más o menos– “mientras en Nueva York seguían pastando búfalos, en Nueva España ya había universidades”, expresión que nuestra ministra hizo –tal como lo hiciera AMLO– para evidenciar por vía del contraste histórico el hecho de que los Estados Unidos no han sido necesariamente ni los primeros ni los mejores en todo, sin que esto tenga que suponer, desde luego, que neguemos que hoy en día sean una potencia militar y económica y también los mejores en muchas cosas.
Lo anterior, a juicio de la ministra, es verificable, y tal es la razón del comentario, en el hecho de que, efectivamente, las dos primeras universidades del continente americano fueron la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima Perú, fundada en 1551 en el entonces virreinato del Perú, fundado a su vez en 1542, y la Real y Pontificia Universidad de México, creada igual que la de San Marcos pero inaugurada hasta 1553 en el entonces virreinato de la Nueva España, fundado correspondientemente en 1535, acontecimientos y creaciones todos ocurridos dentro de la plataforma universal y geopolítica de la Monarquía Hispánica de Carlos V.
La primera universidad de Estados Unidos es la de Harvard, puesta en pie más o menos cien años después que las de nuestros respectivos virreinatos, en 1636. Este desfase temporal e histórico de aproximadamente un siglo es lo que la frase de AMLO/Ríos González quiere decir, y no me parece que se requieran doctorados para captar su sentido ni demasiados esfuerzos intelectuales para hacer el cotejo de fechas y de datos para la corroboración correspondiente.
Fue mucha la sorpresa entonces la que me produjo el escándalo que se armaron, pero no ya porque considere como López Dóriga y otros como él que la ministra Ríos González es una inculta sino todo lo contrario, porque el dicho en litigio es totalmente cierto y yo se lo escuché decir muchas veces, además, a Gustavo Bueno con el mismo propósito comparativo, y se lo leí también en su momento a don José Iturriaga –supongo, también, que con el mismo propósito–.
Así que los ignorantes serían más bien, con todos los respetos, los López Dóriga y los Carlos Marín (que en el video que les comento se hizo muchas bolas el pobre, haciéndose forzadamente el erudito tratando de clarificar en tiempo real si los búfalos están extintos o no), y los que se le fueron a la yugular a la ministra.
Es necesario en todo caso señalar una posible contradicción, que tiene que ver con el hecho de que nuestras flamantes universidades virreinales fueron eso, virreinales, y si se trata de tomarlas como un antecedente nuestro digno de orgullo nacional retrospectivo por su longevidad y perdurabilidad hasta nuestro presente, eso supondría reconocernos plenamente entonces en el pasado virreinal como algo positivo y digno, efectivamente, de orgullo nacional –yo soy de los que piensan eso, es decir, que la clave y la grandeza nacional está en la matriz virreinal como crisol de mestizaje y expansión geopolítica universal–, cosa que chocaría de frente con el argumento de que la conquista fue una catástrofe y de que España nos tiene que pedir perdón por lo ocurrido. Las cosas no parecen entonces tan sencillas, porque la misma contradicción aparecería con relación al sistema de iglesias, parroquias y templos católicos y una variedad interminable de rasgos culturales que nos constituyen por igual a peruanos y mexicanos –y argentinos, venezolanos, colombianos, etc. etc. etc.–. No sé si me explico.
Ahora bien, no quiero quedarme tampoco con las ganas de añadir que, al margen de cuál haya sido la primera, las universidades occidentales de hoy están en una crisis orgánica terrible, y Harvard y las universidades de élite de la famosa Ivy League las primeras, por virtud del veneno progresista woke que las tiene infestadas de relativismo ideológico antioccidental, mutilacionismo transexual y nihilismo postmoderno.
El drama de todo radica en el hecho de que, siendo justos y ecuánimes, no estoy tan seguro de que la UNAM y la de San Marcos de Lima estén hoy libres del mismo veneno ideológico, que es la razón entre otras cosas de la milonga antioccidental y anti-conquista y anti-eurocéntrica e indigenista generadora de tanta confusión y tanta contradicción.
Hace varios días me enteré en redes sociales de una controversia debida al comentario que la ministra de la SCJN María Estela Ríos González hizo en el aniversario 475 de la fundación de la Universidad Nacional Autónoma de México que desató las críticas furibundas de muchos, entre quienes reconocí la de Joaquín López Dóriga, que, además de haber hecho el comentario denostativo hacia la ministra en X, he visto que también ha comentado el punto con Carlos Marín en un video corto que también vi por ahí. Además de ellos, me crucé con muchos otros comentarios más en un mismo sentido, tachando a la ministra de ignorante y a la situación de bochornosa, pero sin que en realidad los haya podido reconocer.
El comentario en cuestión tiene que ver con algo que el expresidente López Obrador solía decir relativo al hecho de que –vamos a parafrasearlo más o menos– “mientras en Nueva York seguían pastando búfalos, en Nueva España ya había universidades”, expresión que nuestra ministra hizo –tal como lo hiciera AMLO– para evidenciar por vía del contraste histórico el hecho de que los Estados Unidos no han sido necesariamente ni los primeros ni los mejores en todo, sin que esto tenga que suponer, desde luego, que neguemos que hoy en día sean una potencia militar y económica y también los mejores en muchas cosas.
Lo anterior, a juicio de la ministra, es verificable, y tal es la razón del comentario, en el hecho de que, efectivamente, las dos primeras universidades del continente americano fueron la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima Perú, fundada en 1551 en el entonces virreinato del Perú, fundado a su vez en 1542, y la Real y Pontificia Universidad de México, creada igual que la de San Marcos pero inaugurada hasta 1553 en el entonces virreinato de la Nueva España, fundado correspondientemente en 1535, acontecimientos y creaciones todos ocurridos dentro de la plataforma universal y geopolítica de la Monarquía Hispánica de Carlos V.
La primera universidad de Estados Unidos es la de Harvard, puesta en pie más o menos cien años después que las de nuestros respectivos virreinatos, en 1636. Este desfase temporal e histórico de aproximadamente un siglo es lo que la frase de AMLO/Ríos González quiere decir, y no me parece que se requieran doctorados para captar su sentido ni demasiados esfuerzos intelectuales para hacer el cotejo de fechas y de datos para la corroboración correspondiente.
Fue mucha la sorpresa entonces la que me produjo el escándalo que se armaron, pero no ya porque considere como López Dóriga y otros como él que la ministra Ríos González es una inculta sino todo lo contrario, porque el dicho en litigio es totalmente cierto y yo se lo escuché decir muchas veces, además, a Gustavo Bueno con el mismo propósito comparativo, y se lo leí también en su momento a don José Iturriaga –supongo, también, que con el mismo propósito–.
Así que los ignorantes serían más bien, con todos los respetos, los López Dóriga y los Carlos Marín (que en el video que les comento se hizo muchas bolas el pobre, haciéndose forzadamente el erudito tratando de clarificar en tiempo real si los búfalos están extintos o no), y los que se le fueron a la yugular a la ministra.
Es necesario en todo caso señalar una posible contradicción, que tiene que ver con el hecho de que nuestras flamantes universidades virreinales fueron eso, virreinales, y si se trata de tomarlas como un antecedente nuestro digno de orgullo nacional retrospectivo por su longevidad y perdurabilidad hasta nuestro presente, eso supondría reconocernos plenamente entonces en el pasado virreinal como algo positivo y digno, efectivamente, de orgullo nacional –yo soy de los que piensan eso, es decir, que la clave y la grandeza nacional está en la matriz virreinal como crisol de mestizaje y expansión geopolítica universal–, cosa que chocaría de frente con el argumento de que la conquista fue una catástrofe y de que España nos tiene que pedir perdón por lo ocurrido. Las cosas no parecen entonces tan sencillas, porque la misma contradicción aparecería con relación al sistema de iglesias, parroquias y templos católicos y una variedad interminable de rasgos culturales que nos constituyen por igual a peruanos y mexicanos –y argentinos, venezolanos, colombianos, etc. etc. etc.–. No sé si me explico.
Ahora bien, no quiero quedarme tampoco con las ganas de añadir que, al margen de cuál haya sido la primera, las universidades occidentales de hoy están en una crisis orgánica terrible, y Harvard y las universidades de élite de la famosa Ivy League las primeras, por virtud del veneno progresista woke que las tiene infestadas de relativismo ideológico antioccidental, mutilacionismo transexual y nihilismo postmoderno.
El drama de todo radica en el hecho de que, siendo justos y ecuánimes, no estoy tan seguro de que la UNAM y la de San Marcos de Lima estén hoy libres del mismo veneno ideológico, que es la razón entre otras cosas de la milonga antioccidental y anti-conquista y anti-eurocéntrica e indigenista generadora de tanta confusión y tanta contradicción.
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