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H e r m a n   M e l v i l l e

Y es que la belleza es como la piedad: no puede asimilarse apresuradamente.

pancho villa

Al otro lado del río, el desierto, cruzado por las rectas larguísimas de los rieles que parecían converger en la lejana montaña, mantenía su calma, en la que a veces se escondía una actividad febril de los revolucionarios, ansiosos de cortar la línea férrea y dejar a la capital del Estado aislada y atenida a su escasa guarnición. Las guerrillas nunca se habían atrevido a llegar hasta el río, y sólo de cuando en cuando una flecha de polvo que se elevaba en el horizonte acusaba el galope de sus caballos; entonces sonaba el clarín, los soldados cruzaban el río, se metían en sus atrincheramientos, y esperando inútilmente, porque los revolucionarios, sintiéndose débiles, se volvían al misterio de la llanura, a pesar de sus deseos de apoderarse del puente o destruirlo.

Rafael F. Muñoz. Vámonos con Pancho Villa.