El sábado pasado tuve el placer de participar en una mesa de diálogo organizada por mi querido amigo Federico Campbell Peña en el Colegio de Escritores de Latinoamérica a propósito de la visita a México de Alessandro Secomandi, autor del libro Potere e Memoria. Federico Campbell e Leonardo Sciascia (Rubbettino, Calabria, 2023).
La anfitrionía estuvo a cargo del director del Colegio, Arturo Córdova Just, que amablemente nos explicó con rapidez las claves de ese lugar tan espléndido del que yo la verdad no tenía noticia ubicado en una hermosa casona de evidente y solemne –aunque discreta– solera de la colonia Cuauhtémoc que de inmediato me recordó la Literaturhaus de Frankfurt, que conocí en el último viaje que hice allá por 2013.
La mesa se organizó a propósito del libro de Secomandi, y mi querido Federico tuvo la gentileza de considerar útil mi participación como comentarista. A continuación resumo lo que más o menos dije, que titulé “El engranaje invisible. Máscara, poder y mentira política, a propósito de Potere e Memoria de Alessandro Secomandi”.
Lo que hice fue dibujar una geometría de las ideas dentro de la cual nos sea posible incardinar la obra tanto de Sciascia como de Campbell, a fin de iluminar los atributos fundamentales que le confieren un peso específico por cuanto a la pasión que en ellas se encuentra, en una línea de análisis como la seguida por Antonio Gramsci al hablar del canto décimo del Infierno de la Divina Comedia de Dante para defender la idea de que es imposible separar el contenido político y la pasión civil a la hora de analizar el valor artístico de una gran obra.
Sciascia y Campbell son dos escritores fundamentales del siglo XX italiano y mexicano. La pregunta es por qué lo son más allá de la cualidades poéticas y narrativas que para todos pueden hacérsenos evidentes a la hora de abrir alguno de sus libros, cosa que recomiendo muchísimo.
Mi tesis es que la clave de uno y otro es que su obra entera aborda o gravita alrededor de un problema fundamental de ontología política, que tiene que ver con lo que llamo el engranaje invisible alrededor del cual se articulan las estructuras vertebradoras del Estado, de todo Estado (en China, en México, en Italia, en Estados Unidos, en Francia, en Cuba, en Angola), que es una tesis a la que llegué a partir de la utilización del concepto de “engranaje” que hace Sciascia en su novela El contexto y que luego retoma Campbell en Pretexta, en cuyo epígrafe se inserta lo que el primero dice en los términos que siguen: ‘–Pero no todos son inocentes. Digo, los que caen en el engranaje. –A como anda el engranaje, todos podrían ser inocentes. –Pero entonces también podría decirse: a como anda la inocencia, todos podríamos caer en el engranaje’.
Ese es el primer acorde. Como segundo apunto aquí las citas siguientes. La primera es de Gramsci, que dice que ‘las leyes de Maquiavelo para la política se aplican, mas no se dicen’. Y luego tres de Sciascia: la primera dice que ‘el poder es siempre poder para matar’, lo que nos remite de inmediato a las armas y la fuerza como corazón del poder político. Quien tiene las armas tiene ya el poder. La segunda dice que ‘ninguna verdad se sabrá nunca respecto de actos delictuosos vinculados a la gestión del poder’, que va acercándonos a eso que estoy llamando el engranaje invisible. Y la tercera es la respuesta que da en una entrevista en la que le preguntan sobre su experiencia en la política directa, a lo que él responde escueta y serenamente esto: ‘fue una experiencia más. Eso es todo. Vi de cerca algunas cosas. Pero lo que me quedó claro es que el poder está siempre en otro lado’.
Con estas citas está ya delimitado un primer plano problemático, que complementé luego con la idea apuntada por Secomandi relativa a la teoría orgánica del poder de Sciascia, que según él está constituida por tres características fundamentales: la ubicuidad, la obscuridad y la impunidad, lo que a su vez nos remite al concepto de lo político que según Dalmacio Negro (La ley de hierro de la oligarquía) aparece cuando se responde a tres preguntas ontológicas medulares: quién manda, cómo manda y para qué manda.
¿Qué es entonces lo que se engrana invisiblemente según lo que me sugiere la obra de Campbell y Sciascia? Respuesta: la forma de gobierno, en donde están en juego las fuerzas políticas visibles y dinámicas de una sociedad, y la forma de régimen, en donde están en juego las fuerzas invisibles y estáticas de la sociedad en cuestión.
No se necesita mucha ciencia para saber cuáles son unas y otras, y a qué casilla corresponden. Es muy duro decir esto, pero es lo que yo veo desde una perspectiva de realismo puro, y esto es a lo que se refirió Sciascia cuando dijo que el poder no está en el parlamento, las asambleas o en los ayuntamientos (fuerzas visibles), sino en otro lado (fuerzas invisibles).
La política se nos aparece entonces a esta luz como el arte retórico de la ambigüedad para el ejercicio del cual oficio se hace necesaria la representación o puesta en escena teatral, en la que el político es efectivamente una máscara (el término de persona remite al de la máscara del teatro griego, que era usada por el actor “per sonare”) que trabaja y hace malabares en función de la mentira política. Pero ojo: Tucídides, Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Carl Schmitt y Dalmacio Negro coinciden en que no se puede gobernar a una ciudad sin mentirle de alguna manera, lo que no supone en modo alguno que lo que quiera yo aquí es degradar a la política como un oficio despreciable de vulgares y cínicos mentirosos, o de reducirla sólo a eso.
Es más complicada la cosa, porque no se trata tanto de defender a la mentira por sí misma, sino de saber qué tanta verdad es necesario saber para que una ciudad pueda vivir con un orden y una estabilidad determinados antes que con otros. ¿De verdad queremos saber toda la verdad siempre y en todo momento y lugar y bajo cualquier circunstancia?
Es una pregunta cargada de negra melancolía ciertamente. Intentar responderla nos mete en el meollo del engranaje invisible como núcleo ontológico de todo Estado. Aquí es donde se sitúa la obra de Leonardo Sciascia y Federico Campbell, y abordan el problema con extraordinaria lucidez y coherencia, aunque la melancolía se mantenga intacta.
Esta es la razón por la cual en todo caso y en definitiva, pienso yo, y con esto concluí, vale tanto la pena leerlos.
El sábado pasado tuve el placer de participar en una mesa de diálogo organizada por mi querido amigo Federico Campbell Peña en el Colegio de Escritores de Latinoamérica a propósito de la visita a México de Alessandro Secomandi, autor del libro Potere e Memoria. Federico Campbell e Leonardo Sciascia (Rubbettino, Calabria, 2023).
La anfitrionía estuvo a cargo del director del Colegio, Arturo Córdova Just, que amablemente nos explicó con rapidez las claves de ese lugar tan espléndido del que yo la verdad no tenía noticia ubicado en una hermosa casona de evidente y solemne –aunque discreta– solera de la colonia Cuauhtémoc que de inmediato me recordó la Literaturhaus de Frankfurt, que conocí en el último viaje que hice allá por 2013.
La mesa se organizó a propósito del libro de Secomandi, y mi querido Federico tuvo la gentileza de considerar útil mi participación como comentarista. A continuación resumo lo que más o menos dije, que titulé “El engranaje invisible. Máscara, poder y mentira política, a propósito de Potere e Memoria de Alessandro Secomandi”.
Lo que hice fue dibujar una geometría de las ideas dentro de la cual nos sea posible incardinar la obra tanto de Sciascia como de Campbell, a fin de iluminar los atributos fundamentales que le confieren un peso específico por cuanto a la pasión que en ellas se encuentra, en una línea de análisis como la seguida por Antonio Gramsci al hablar del canto décimo del Infierno de la Divina Comedia de Dante para defender la idea de que es imposible separar el contenido político y la pasión civil a la hora de analizar el valor artístico de una gran obra.
Sciascia y Campbell son dos escritores fundamentales del siglo XX italiano y mexicano. La pregunta es por qué lo son más allá de la cualidades poéticas y narrativas que para todos pueden hacérsenos evidentes a la hora de abrir alguno de sus libros, cosa que recomiendo muchísimo.
Mi tesis es que la clave de uno y otro es que su obra entera aborda o gravita alrededor de un problema fundamental de ontología política, que tiene que ver con lo que llamo el engranaje invisible alrededor del cual se articulan las estructuras vertebradoras del Estado, de todo Estado (en China, en México, en Italia, en Estados Unidos, en Francia, en Cuba, en Angola), que es una tesis a la que llegué a partir de la utilización del concepto de “engranaje” que hace Sciascia en su novela El contexto y que luego retoma Campbell en Pretexta, en cuyo epígrafe se inserta lo que el primero dice en los términos que siguen: ‘–Pero no todos son inocentes. Digo, los que caen en el engranaje. –A como anda el engranaje, todos podrían ser inocentes. –Pero entonces también podría decirse: a como anda la inocencia, todos podríamos caer en el engranaje’.
Ese es el primer acorde. Como segundo apunto aquí las citas siguientes. La primera es de Gramsci, que dice que ‘las leyes de Maquiavelo para la política se aplican, mas no se dicen’. Y luego tres de Sciascia: la primera dice que ‘el poder es siempre poder para matar’, lo que nos remite de inmediato a las armas y la fuerza como corazón del poder político. Quien tiene las armas tiene ya el poder. La segunda dice que ‘ninguna verdad se sabrá nunca respecto de actos delictuosos vinculados a la gestión del poder’, que va acercándonos a eso que estoy llamando el engranaje invisible. Y la tercera es la respuesta que da en una entrevista en la que le preguntan sobre su experiencia en la política directa, a lo que él responde escueta y serenamente esto: ‘fue una experiencia más. Eso es todo. Vi de cerca algunas cosas. Pero lo que me quedó claro es que el poder está siempre en otro lado’.
Con estas citas está ya delimitado un primer plano problemático, que complementé luego con la idea apuntada por Secomandi relativa a la teoría orgánica del poder de Sciascia, que según él está constituida por tres características fundamentales: la ubicuidad, la obscuridad y la impunidad, lo que a su vez nos remite al concepto de lo político que según Dalmacio Negro (La ley de hierro de la oligarquía) aparece cuando se responde a tres preguntas ontológicas medulares: quién manda, cómo manda y para qué manda.
¿Qué es entonces lo que se engrana invisiblemente según lo que me sugiere la obra de Campbell y Sciascia? Respuesta: la forma de gobierno, en donde están en juego las fuerzas políticas visibles y dinámicas de una sociedad, y la forma de régimen, en donde están en juego las fuerzas invisibles y estáticas de la sociedad en cuestión.
No se necesita mucha ciencia para saber cuáles son unas y otras, y a qué casilla corresponden. Es muy duro decir esto, pero es lo que yo veo desde una perspectiva de realismo puro, y esto es a lo que se refirió Sciascia cuando dijo que el poder no está en el parlamento, las asambleas o en los ayuntamientos (fuerzas visibles), sino en otro lado (fuerzas invisibles).
La política se nos aparece entonces a esta luz como el arte retórico de la ambigüedad para el ejercicio del cual oficio se hace necesaria la representación o puesta en escena teatral, en la que el político es efectivamente una máscara (el término de persona remite al de la máscara del teatro griego, que era usada por el actor “per sonare”) que trabaja y hace malabares en función de la mentira política. Pero ojo: Tucídides, Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Carl Schmitt y Dalmacio Negro coinciden en que no se puede gobernar a una ciudad sin mentirle de alguna manera, lo que no supone en modo alguno que lo que quiera yo aquí es degradar a la política como un oficio despreciable de vulgares y cínicos mentirosos, o de reducirla sólo a eso.
Es más complicada la cosa, porque no se trata tanto de defender a la mentira por sí misma, sino de saber qué tanta verdad es necesario saber para que una ciudad pueda vivir con un orden y una estabilidad determinados antes que con otros. ¿De verdad queremos saber toda la verdad siempre y en todo momento y lugar y bajo cualquier circunstancia?
Es una pregunta cargada de negra melancolía ciertamente. Intentar responderla nos mete en el meollo del engranaje invisible como núcleo ontológico de todo Estado. Aquí es donde se sitúa la obra de Leonardo Sciascia y Federico Campbell, y abordan el problema con extraordinaria lucidez y coherencia, aunque la melancolía se mantenga intacta.
Esta es la razón por la cual en todo caso y en definitiva, pienso yo, y con esto concluí, vale tanto la pena leerlos.
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