Para mi amigo el profesor Juan Chagolla.
La semana pasada estuve de visita en la ciudad de Morelia, a donde me invitaron a dar un cursillo sobre filosofía de la educación en la Escuela Normal Urbana Federal Prof. J. Jesús Romero Flores, cosa que hice con muchísimo gusto.
Para tales efectos lo que preparé fue una exposición de seis horas en el que puse en ejercicio una metodología socrático-platónica consistente en “salir de la caverna” para tomar distancia de las discusiones actuales tanto nacionales como internacionales sobre la educación (Nueva Escuela Mexicana, constructivismo, tradicionalismo, nuevas pedagogías, pedagogía progresista, etc.), y hacer una suerte de tabula rasa metodológica consistente en formular y responder un conjunto de preguntas básicas: qué es la educación, cuál es el fin de la educación, cuál es la función de la educación y cuál es el conflicto educativo. A continuación expondré brevemente las claves esenciales de cada una.
Qué es la educación. Aquí lo que dije es que se trata de un subsistema de transmisión de saberes de una generación a otra caracterizado fundamentalmente por ser asimétrica (en el sentido de que el maestro sabe y debe saber más que el alumno y no al revés), estar cifrada en un lenguaje de palabras y objetivada a través de la escritura alfabética, además de que la educación genuina es la que ocurre en la escuela y el aula a diferencia de la educación genérica, que puede ocurrir en un gremio, en un club o en el hogar.
En esta primera definición hice énfasis en el hecho de que la educación en sentido estrictísimo es la educación pública, y que su objetivo fundamental, desde una perspectiva integral, es la de que al sistema educativo en cuestión ingresa un sujeto dependiente (los niños) para que, al final del ciclo completo, el sistema lo que arroja a la sociedad es un individuo autónomo con arreglo al esquema básico de reproducción antropológica de una sociedad expresada en la fórmula Fn -> E -> T -> Fn+1, en donde Fn es una familia determinada, E es escuela, T es trabajo y Fn+1 es una nueva familia: el sujeto dependiente (el niño) de su familia (Fn) entra al sistema educativo (E), que, al finalizar el ciclo, lo devuelve a la sociedad para ingresar al sistema de la producción (T) con la finalidad de tener la autonomía suficiente para formar una nueva familia (Fn+1).
El fin de la educación. Aquí lo que expliqué es la dualidad de fines. Por un lado, está lo que llamo el fin genérico educativo, que supone la transmisión de saberes comunes o distributivos a todos los pueblos que se da con arreglo a tres criterios o troqueles: la verdad, la racionalidad y la perfección, tomando para este último criterio lo señalado por Marx en texto de 1835 según el cual ‘el propósito general para el que toda profesión no es más que un medio es la perfección’. Los saberes comunes a todos los pueblos son principalmente los científico categoriales como las matemáticas, la química, la biología o la geología.
Por otro lado, está lo que llamo el fin específico de la educación, que supone la transmisión de saberes propios o atributivos de cada pueblo, y que se da con arreglo a tres moldes de la personalidad: el del productor, que lo prepara para la economía y el trabajo, el del ciudadano, que lo forma con arreglo a la lealad a la patria, y el de la persona, que lo forma según el canon de la ética y la moral. Los saberes propitos de cada pueblo son los histórico-hermenéuticos, es decir, las ciencias humanas como la historia, la sociología, el derecho, la historia política o la historia de una literatura nacional, así como la filosofía moral.
La función de la educación se define en correspondencia con la función del maestro, que encuentra la clave o esencia de su hacer en función de la autoridad que tiene una vez ingresa en el aula como docente independientemente de que tenga o no una autoridad administrativa o escalafonaria, para la explicación de lo cual utilicé la clasificación clásica de Weber de los tres tipos de dominación/autoridad: la tradicional, la burocrática y la carismática. La autoridad del maestro es una autoridad carismática que definí como una forma de pasión retórica, en la que el maestro debe de tener soberanía plena sobre los tres elementos aristotélicos del arte de la elocuencia: ethos (credibilidad), pathos (conmoción) y logos (razón sustantiva de la materia de que se trate para cada caso).
El conflicto educativo es el último punto que desarrollé. Ahí lo que expliqué es que un sistema público de educación lo que hace es neutralizar (o intentar neutralizar) las desigualdades contextuales (familiares o sociales) pero para desplazar la dialéctica de la desigualdad al estricto ámbito individual, que es desde el cual el individuo es conformado a partir del mérito, el esfuerzo y el talento como dispositivos de forja de las tres facultades clásicas del alma o carácter: memoria, entendimiento y voluntad.
La clave del conflicto se da a resultas de que la forja de la persona en el sistema educativo lo conforma como un individuo autónomo con la capacidad para trazar y definir su propia trayectoria individual con la posibilidad de que sus planes diverjan de los planes colectivos (estatales o nacionales), de lo que se deriva una tensión creativa que pone en movimiento las fuerzas de la sociedad que da como resultado, entre otras cosas, el proceso virtuoso del templado de la pasión histórica y la pasión política.
Para mi amigo el profesor Juan Chagolla.
La semana pasada estuve de visita en la ciudad de Morelia, a donde me invitaron a dar un cursillo sobre filosofía de la educación en la Escuela Normal Urbana Federal Prof. J. Jesús Romero Flores, cosa que hice con muchísimo gusto.
Para tales efectos lo que preparé fue una exposición de seis horas en el que puse en ejercicio una metodología socrático-platónica consistente en “salir de la caverna” para tomar distancia de las discusiones actuales tanto nacionales como internacionales sobre la educación (Nueva Escuela Mexicana, constructivismo, tradicionalismo, nuevas pedagogías, pedagogía progresista, etc.), y hacer una suerte de tabula rasa metodológica consistente en formular y responder un conjunto de preguntas básicas: qué es la educación, cuál es el fin de la educación, cuál es la función de la educación y cuál es el conflicto educativo. A continuación expondré brevemente las claves esenciales de cada una.
Qué es la educación. Aquí lo que dije es que se trata de un subsistema de transmisión de saberes de una generación a otra caracterizado fundamentalmente por ser asimétrica (en el sentido de que el maestro sabe y debe saber más que el alumno y no al revés), estar cifrada en un lenguaje de palabras y objetivada a través de la escritura alfabética, además de que la educación genuina es la que ocurre en la escuela y el aula a diferencia de la educación genérica, que puede ocurrir en un gremio, en un club o en el hogar.
En esta primera definición hice énfasis en el hecho de que la educación en sentido estrictísimo es la educación pública, y que su objetivo fundamental, desde una perspectiva integral, es la de que al sistema educativo en cuestión ingresa un sujeto dependiente (los niños) para que, al final del ciclo completo, el sistema lo que arroja a la sociedad es un individuo autónomo con arreglo al esquema básico de reproducción antropológica de una sociedad expresada en la fórmula Fn -> E -> T -> Fn+1, en donde Fn es una familia determinada, E es escuela, T es trabajo y Fn+1 es una nueva familia: el sujeto dependiente (el niño) de su familia (Fn) entra al sistema educativo (E), que, al finalizar el ciclo, lo devuelve a la sociedad para ingresar al sistema de la producción (T) con la finalidad de tener la autonomía suficiente para formar una nueva familia (Fn+1).
El fin de la educación. Aquí lo que expliqué es la dualidad de fines. Por un lado, está lo que llamo el fin genérico educativo, que supone la transmisión de saberes comunes o distributivos a todos los pueblos que se da con arreglo a tres criterios o troqueles: la verdad, la racionalidad y la perfección, tomando para este último criterio lo señalado por Marx en texto de 1835 según el cual ‘el propósito general para el que toda profesión no es más que un medio es la perfección’. Los saberes comunes a todos los pueblos son principalmente los científico categoriales como las matemáticas, la química, la biología o la geología.
Por otro lado, está lo que llamo el fin específico de la educación, que supone la transmisión de saberes propios o atributivos de cada pueblo, y que se da con arreglo a tres moldes de la personalidad: el del productor, que lo prepara para la economía y el trabajo, el del ciudadano, que lo forma con arreglo a la lealad a la patria, y el de la persona, que lo forma según el canon de la ética y la moral. Los saberes propitos de cada pueblo son los histórico-hermenéuticos, es decir, las ciencias humanas como la historia, la sociología, el derecho, la historia política o la historia de una literatura nacional, así como la filosofía moral.
La función de la educación se define en correspondencia con la función del maestro, que encuentra la clave o esencia de su hacer en función de la autoridad que tiene una vez ingresa en el aula como docente independientemente de que tenga o no una autoridad administrativa o escalafonaria, para la explicación de lo cual utilicé la clasificación clásica de Weber de los tres tipos de dominación/autoridad: la tradicional, la burocrática y la carismática. La autoridad del maestro es una autoridad carismática que definí como una forma de pasión retórica, en la que el maestro debe de tener soberanía plena sobre los tres elementos aristotélicos del arte de la elocuencia: ethos (credibilidad), pathos (conmoción) y logos (razón sustantiva de la materia de que se trate para cada caso).
El conflicto educativo es el último punto que desarrollé. Ahí lo que expliqué es que un sistema público de educación lo que hace es neutralizar (o intentar neutralizar) las desigualdades contextuales (familiares o sociales) pero para desplazar la dialéctica de la desigualdad al estricto ámbito individual, que es desde el cual el individuo es conformado a partir del mérito, el esfuerzo y el talento como dispositivos de forja de las tres facultades clásicas del alma o carácter: memoria, entendimiento y voluntad.
La clave del conflicto se da a resultas de que la forja de la persona en el sistema educativo lo conforma como un individuo autónomo con la capacidad para trazar y definir su propia trayectoria individual con la posibilidad de que sus planes diverjan de los planes colectivos (estatales o nacionales), de lo que se deriva una tensión creativa que pone en movimiento las fuerzas de la sociedad que da como resultado, entre otras cosas, el proceso virtuoso del templado de la pasión histórica y la pasión política.
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