Antonio Gramsci | Cuadernos de la cárcel. Tomo III. Cuaderno 8, 1931-1932 [Miscelánea y Apuntes de Filosofía III]
La república de Platón. Cuando se dice que Platón anhelaba una «república de filósofos» hay que entender «históricamente» el término filósofos, que hoy debería traducirse como «intelectuales» (naturalmente Platón se refería a los «grandes intelectuales» que por lo demás eran el tipo de intelectual de su época, además de dar importancia al contenido específico de la intelectualidad, que en concreto podría llamarse de «religiosidad»: los intelectuales del gobierno eran aquellos determinados intelectuales más cercanos a la religión, esto es, cuya actividad tenía un carácter de religiosidad, entendida en el significado general de la época y especial de Platón, y por ello actividad en cierto sentido «social», de elevación y educación [y dirección intelectual, por lo tanto con función de hegemonía] de la polis). Por ello podría quizá sostenerse que la «utopía» de Platón se adelanta al feudalismo medieval, con la función que en éste es propia de la Iglesia y de los eclesiásticos, categoría intelectual de aquella fase del desarrollo histórico-social. La aversión de Platón por los «artistas» debe entenderse, por lo tanto, como aversión a las actividades espirituales «individualistas» que tienden a lo «particular», por lo tanto «arreligiosas», «asociales».
Los intelectuales en el Imperio Romano. El cambio de condición en la posición social de los intelectuales en Roma, del tiempo de la República a la del Imperio (de un régimen aristocrático-corporativo a un régimen democrático-burocrático) está vinculado a César, que confirió la ciudadanía a los médicos y a los maestros de artes liberales a fin de que habitasen más gustosamente en Roma y que otros más acudieran: «Omnesque medicinam Romae professos et liberalium artium doctores, quo libentius et ipsi urbem incolorent et coeteri appeterant civitate donavit»: Suetonio, Vida de César, XLII. Por lo tanto, César se propuso: 1o] hacer establecerse en Roma a los intelectuales que ya se encontraban en ella, creando así una categoría permanente de los mismos, porque sin su permanencia no podía crearse una organización cultural. Probablemente antes habría habido una fluctuación que era necesario detener, etcétera. 2o] atraer a Roma a los mejores intelectuales de todo el Imperio romano, promoviendo una centralización de gran alcance. Así tiene principio aquella categoría de intelectuales «imperiales» en Roma, que continuará en el clero católico, y dejará tantas huellas en toda la historia de los intelectuales italianos, con su característica de «cosmopolitismo» hasta el siglo XVIII.
Antonio Gramsci | Cuadernos de la cárcel. Tomo III. Cuaderno 8, 1931-1932 [Miscelánea y Apuntes de Filosofía III]
La república de Platón. Cuando se dice que Platón anhelaba una «república de filósofos» hay que entender «históricamente» el término filósofos, que hoy debería traducirse como «intelectuales» (naturalmente Platón se refería a los «grandes intelectuales» que por lo demás eran el tipo de intelectual de su época, además de dar importancia al contenido específico de la intelectualidad, que en concreto podría llamarse de «religiosidad»: los intelectuales del gobierno eran aquellos determinados intelectuales más cercanos a la religión, esto es, cuya actividad tenía un carácter de religiosidad, entendida en el significado general de la época y especial de Platón, y por ello actividad en cierto sentido «social», de elevación y educación [y dirección intelectual, por lo tanto con función de hegemonía] de la polis). Por ello podría quizá sostenerse que la «utopía» de Platón se adelanta al feudalismo medieval, con la función que en éste es propia de la Iglesia y de los eclesiásticos, categoría intelectual de aquella fase del desarrollo histórico-social. La aversión de Platón por los «artistas» debe entenderse, por lo tanto, como aversión a las actividades espirituales «individualistas» que tienden a lo «particular», por lo tanto «arreligiosas», «asociales».
Los intelectuales en el Imperio Romano. El cambio de condición en la posición social de los intelectuales en Roma, del tiempo de la República a la del Imperio (de un régimen aristocrático-corporativo a un régimen democrático-burocrático) está vinculado a César, que confirió la ciudadanía a los médicos y a los maestros de artes liberales a fin de que habitasen más gustosamente en Roma y que otros más acudieran: «Omnesque medicinam Romae professos et liberalium artium doctores, quo libentius et ipsi urbem incolorent et coeteri appeterant civitate donavit»: Suetonio, Vida de César, XLII. Por lo tanto, César se propuso: 1o] hacer establecerse en Roma a los intelectuales que ya se encontraban en ella, creando así una categoría permanente de los mismos, porque sin su permanencia no podía crearse una organización cultural. Probablemente antes habría habido una fluctuación que era necesario detener, etcétera. 2o] atraer a Roma a los mejores intelectuales de todo el Imperio romano, promoviendo una centralización de gran alcance. Así tiene principio aquella categoría de intelectuales «imperiales» en Roma, que continuará en el clero católico, y dejará tantas huellas en toda la historia de los intelectuales italianos, con su característica de «cosmopolitismo» hasta el siglo XVIII.
Comparte: