El Heraldo de México

China: el gigante geopolítico de nuestro tiempo

Uno de los ejercicios más interesantes y polémicos de la labor historiográfica es la de la detección de los puntos de inflexión o cortes históricos, que son los que nos permiten visualizar panorámicamente los grandes cambios de época, y ver entonces “el antes y el después”. Algo como esto fue quizás aquello en lo que estaba pensando Fidel Castro cuando, ante la pregunta que le hicieran para saber cuál creía él que sería el juicio que la historia le tenía reservado, respondiera astutamente: “depende de cuándo hagas el corte”.

El extraordinario historiador Luciano Canfora participaba hace unos años en un panel de discusión por TV. Estaban hablando del fin del comunismo, la caída de la URSS y el nuevo orden mundial en que vivimos. En algún momento dijo algo más o menos como esto: el acontecimiento fundamental de nuestro tiempo, el corte que nos permitirá ver un antes y un después, fue el encuentro de Nixon y Mao Tse Tung en 1972, orquestado por Henry Kissinger. Ahí se firmó la sentencia de muerte de la URSS, que quedaría aislada y caería después, y China comenzaría a abrirse al mundo.

A los cuatro años moriría Mao, para ser sustituido por Deng Xiaoping, el gran reformador de China, y por tanto del mundo. Yo formo parte de la generación (nací en 1974) a la que le ha tocado ver esa apertura, que pasaría luego a ser una dinámica de desbordamiento y absorción incontrolable del mundo por parte de China, el gigante geopolítico de nuestro tiempo.

China es el país más poblado de la tierra, y tiene por tanto el ejército más grande. Es uno de los cinco únicos países que tienen armas atómicas de máximo alcance (hay otros que también las tienen, pero de rango de alcance mucho menor), y está gobernado por el partido político más grande y poderoso, también, del planeta: el Partido Comunista de China, con 92 millones de militantes.  

Paradojas de la historia: en tiempos de globalización capitalista, y de neoliberalismo democrático con igualdad de género como papilla ideológica de las burguesías progresistas y postmodernas occidentales, resulta ser que no hay partido más grande y poderoso que el comunista, en este caso el de China, que supongo que no se anda con cuentos progre-postmodernos.

Y está la economía, que luego de la apertura de Deng y las reformas subsecuentes, te deja abrumado por la escala de las cifras allí donde mires: en tamaño de mercado, en número de transacciones en comercio electrónico, en número de usuarios de la versión china de WhatsApp o de Uber, en número de multimillonarios creados cada año, en el tamaño de su bolsa de valores, en tamaño de su PIB y en el nivel de su crecimiento, que no se detiene y, al parecer, nadie detendrá. En todo supera China a cualquier otro país del mundo.

Donald Trump intentó detener esto, y fueron pocos los que lo entendieron. Los progres postmodernos fueron los que menos lo hicieron. El problema es que ya daba igual. Ya da igual. Porque a China nadie ni nada, me parece a mí, ésta es la cuestión, nadie la detendrá. 

Original de El Heraldo de México

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