Bitácora de lectura

Cervantes, Trower, Zaid, Diamond y Del Río en Morelia

I

Hemos pasado mi familia y yo un par de días en la ciudad de Morelia, a donde acudí para impartir un curso breve sobre cuestiones filosóficas al claustro de profesores de la Escuela Normal Urbana Federal Profr. J. Jesús Romero Flores.

Mi curso se tituló ‘La fábrica de la racionalidad humana. Conocimiento, inteligencia y razón’, y me inspiré en la idea que Jaime Labastida utiliza en su importante libro El edificio de la razón (2007) al hablar de la fábrica de la razón del mismo modo en que Vesalio habló de la fábrica del cuerpo humano en su texto clásico De humani corporis fabrica, de 1543.

En el texto de presentación conceptual digo lo siguiente:

‘La segunda sesión del Seminario tiene como objetivo mostrar las claves históricas y filosóficas a partir de las cuales se ha configurado la racionalidad humana a partir de los conceptos de conocimiento, inteligencia y razón, haciendo énfasis en el hecho de que se trata de un proceso largo y dialéctico que supone contradicciones, rupturas, avances y retrocesos a través de los cuales le ha sido posible al hombre lograr un sistema de representación de la realidad y del mundo cuya solidez y consistencia no están sin embargo garantizadas para siempre merced a la disolución provocada por ideologías que pueden llegar a destruir, literalmente, las conquistas fundamentales de la razón, circunstancia que hace necesario tener el mayor conocimiento posible de sus cimientos y fundamentos a fin de saber qué es de lo que se está hablando y qué es lo que se debe de defender en caso de estar amenazado. Lo anterior supone como premisa fundamental el hecho de que toda discusión sobre la inteligencia artificial debe de estar antecedida por una comprensión integral y dialéctica de lo que es la inteligencia, el conocimiento y la razón así como de lo que es la tecnología y la producción para lograr tener una comprensión integral, sensata y serena de los retos y desafíos que la IA supone para el mundo, para México y para el proceso educativo nacional.’

II

Ya había ido hace un par de meses a Morelia y a la misma Normal para dar un curso sobre filosofía de la educación invitado por mi querido amigo Juan Chagolla, pero en aquella ocasión no advertí por las prisas el hecho de que exactamente enfrente de la Normal, a cosa de cien pasos nomás, está un centro cultural de la UNAM con una librería muy bien surtida con libros viejos y nuevos.

También pudimos darnos el tiempo esta vez para visitar con calma algunas iglesias de la antigua Valladolid –el Santuario de Guadalupe es verdaderamente espectacular: una joya barroca construida de 1708 a 1716 con una mezcla de técnica indígena de escultura de barro con la de yesería de procedencia europea, con interiores decorados en 1915 por el artesano Joaquín Orta–, el Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce y el Museo Casa Natal de Morelos, además de haber cenado y tomarnos un café en dos lugares emblemáticos del centro de la ciudad: el Café Michelena y el restaurante La Conspiración de 1809, situados ambos en lo que fue la casa donde vivió el conspirador insurgente Mariano Michelena.

III

El primer día del curso me crucé en el intermedio a la librearía de la UNAM, efectivamente, y vi dos libros muy buenos en la fantástica editorial Debolsillo que estaban además en descuento: Sociedades comparadas. Un pequeño libro sobre grandes temas de Jared Diamond (1937), que es profesor de Geografía en la Universidad de California y miembro de la Academia de Artes y Ciencias, de la Nacional de Ciencias y de la Sociedad Filosófica de Estados Unidos que cobró relevancia en años recientes tras la publicación de Armas, gérmenes y acero (1997), que según Francisco Gil-White es una obra maestra.

Formado primero como naturalista, Diamond se interesó también por la lógica del comportamiento humano desde una perspectiva donde se cruzan la demografía con la geografía, situándolo en una óptica sumamente interesante para el enfoque geopolítico tal como yo lo entiendo –es decir, como lucha a muerte pro la ocupación del espacio–, de suerte tal que en este pequeño libro (original de 2016 con el título en inglés Comparing Human Societies) aborda temas como el de las razones que explican la pobreza o riqueza de los países, el papel de las instituciones en la prosperidad, la influencia de la geografía en el devenir de China en relación al europeo o el papel de las crisis nacionales. El hecho de que se presente primero que todo como geógrafo más que como politólogo o sociólogo, algo que ocurre también con el gran Emmanuel Todd (que se presenta como historiador y demógrafo), me da una cierta seguridad de que se trata de un gran autor y de una gran obra. Le seguiré la pista.

También estaba en descuento uno de Gabriel Zaid: Tres poetas católicos. Ramón López Velarde, Carlos Pellicer y Manuel Ponce. A Zaid le tenía cierta distancia por virtud de un prejuicio tal vez un poco torpe, pero por alguna razón que ahora no recuerdo me he puesto a revisarlo últimamente y la verdad es que me parece de verdad sólido y consistente.

A juicio de Zaid, los tres poetas analizados son muestra viva del intento fallido que tuvo lugar en la primera mitad del siglo XX mexicano de producir una síntesis de catolicidad con modernidad, y que el libro en cuestión –que me está pareciendo formidable nomás lo comencé a leer– es una reconstrucción de los hechos:

‘La cultura moderna –dice Zaid, p. 12: atiéndase a la amplitud panorámica de su análisis y a la consistencia de su hilvanado argumental– es un momento del cristianismo: ni el primero, ni el último. Un momento en el cual renace la pasión por lo nuevo, la conciencia de ruptura, la esperanza escatológica, de los primeros cristianos. Tiene sus raíces en torno al milenio, en la revolución comercial de la Edad Media (siglos X al XIV), en el gran cisma entre las iglesias de Oriente y Occidente (1054) y, por supuesto, en el milenarismo, sobre todo el transmutado en joaquinismo: las doctrinas proféticas de Joaquín de Fiore (1130-1201). El Renacimiento, la Reforma, la Revolución, acentúan la conciencia moderna como autoconciencia universal: el hombre nuevo, emancipado, cada vez más autónomo, que observa, juzga, domina y redime al resto de la humanidad, quedada atrás.

El judaísmo queda atrás, superado por el cristianismo. El cristianismo oriental queda atrás, superado por el occidental. El cristianismo medieval queda atrás, superado por el humanismo renacentista. El catolicismo queda atrás, superado por el protestantismo. La religión queda atrás, superada por el saber del hombre moderno: ilustrado, revolucionario, marxista, nietzscheano, freudiano. El hombre queda atrás, superado por el superhombre.’ (pp. 12 y 13)

A toda esta reconstrucción sintetizada y en clave de Zaid cabría tal vez añadir la pregunta siguiente a guisa de inquietante indagación prospectiva de futuro: ¿el superhombre occidental será superado por el hombre islamizado una vez vaciado occidente de todo resto cristiano como resultado precisamente de ese proceso largo de desarrollo de la “conciencia moderna” en tanto que autoconciencia universal: el hombre nuevo, emancipado, cada vez más autónomo, según dice muy bien Zaid, pero por tanto también y entonces, podríamos decir nosotros, cada vez más vacío, cada vez más sólo, cada vez más aislado?

Esa noche, luego de cenar en el magnífico La Conspiración de 1809, nos fuimos caminando Lore, Leoncio y yo por la plaza central cuando Lore vio que en un puesto de revistas estaba en oferta, a 99 pesos nada más ni nada menos, una bellísima edición de Gredos del Quijote de Cervantes en tapa dura y lomo en letras de oro, con estudio introductorio de Domingo Ródenas y edición y notas de Alberto Sánchez.

El libro lo tengo leído de principio a fin hace más o menos diez años. Mi edición es de la clásica de Austral. En esta ocasión el precio era tan atractivo, y la edición tan bella y elegante que me lo llevé sin pensármelo demasiado con la aprobación comprensiva y bella de Lore y Leoncio.

Como no podría ser de otra manera, al día siguiente, segundo y último de mi curso, volví una vez más a la librería de la UNAM para llevarme un libro de la magnífica editorial española El buey mudo –que es como le decían a Santo Tomás, lo que hace obvio y evidente el hecho de que se trata de una editorial católica–, que tiene diseños de portada muy parecidos a los de Acantilado y en la que yo tengo cosas de Chesterton y Belloc. En esta ocasión se trató de uno de 750 páginas de Philip Trower, del que no sabía nada en absoluto, titulado Confusión y Verdad. Raíces históricas de la crisis de la Iglesia en el siglo XX (original de 2008): una reconstrucción entre teológica, histórica y política de la historia de la Iglesia católica en función de los antecedentes y los consecuentes del Concilio Vaticano II, que como sabemos tuvo lugar en los otoños de 1961, 1963, 1964 y 1965.

El libro lo comencé a revisar con muchísimo interés y ya está lleno de subrayados y de notas en las primeras páginas. Trower (1923-2019) fue periodista y escritor británico que cubrió los cinco Sínodos de los Obispos que se desarrollaron en Roma entre 1980 y 1990. Estudió Historia Moderna en Oxford y colaboró en el Times Literary Supplement  y el Spectator. Tiene una novela sobre la supresión de los Jesuitas en el siglo XIX que se antoja sumamente interesante.

Antes de irnos de Morelia, pasé rápidamente al Fondo de Cultura Económica, y me compré una de esas joyas que sólo se encuentran en librerías del Fondo en provincia –o por lo menos se encuentran con mayor facilidad–, en la colección Lengua y Estudios Literarios del propio FCE: Cartografías de la conciencia española en la Edad de Oro, de Elena del Río Parra (2008), en cuya contraportada se indica que la autora se sitúa en el centro de la historia cultural de la España renacentista para abordar tres cuestiones fundamentales: la transformación de la población católica postridentina; la historia de las instituciones en formación y el estudio de la retórica casuística como teoría del conocimiento y epistemología que ‘identifica los Siglos de Oro como época privilegiada de debate, en el momento anterior al advenimiento de la crítica jansenista. Esta monografía –concluye el texto de contraportada– pone en evidencia que, además de un acervo literario atractivo y curioso, la casuística constituye un mapa vital de la ortodoxia imprescindible para comprender la teoría del mundo durante los siglos XVI y XVII’.

Salvo el libro de Diamond, mucha compra y mucha lectura católica ciertamente –Cervantes incluido– es lo que ocurrió en este corto viaje a Morelia, cosa que me parece perfecta, justa y adecuada además de que habrá de generar, qué duda cabe, muchas notas, reflexiones y apuntes y muchas horas de estudio.