La brevedad de los días

El corto verano de la FIMJR

Para Lorena Moreno, amor de mi vida. Sólo ella sabrá entender todo lo que aquí se cuenta, y, sobre todo, ya conoce el Ateneo de Madrid.

I

Habrá sido por ahí de 2011 o 2012 más o menos. Mi vida estaba consagrada a la lectura y al estudio, y a la compra de libros en librerías de viejo. Mi único plan de vida era eso, un plan de estudio, que luego apunté en las hojas finales de uno de los tomos de las obras completas de José Revueltas, una de las más grandes influencias intelectuales de me vida y que leía con pasión desbordada en cantinas y cafés.

Sus obras completas constan de 26 tomos, que extrañamente compré, a dos euros cada uno, en una librería de viejo de Madrid. No me pregunten por qué fue ahí donde me los vine a encontrar. Los tengo leídos de principio a fin.

Toda la vida he sido un autodidacta. De profesión soy ingeniero. Ingeniero industrial para más señas. Después estudié economía política en Inglaterra e historia en Madrid, aunque lo fundamental son los 20 mil libros que he acumulado a lo largo de veinte años más o menos y el esfuerzo concentrado con el que me he dado a la tarea de procurar leérmelos todos, cosa que desde luego no he logrado ni lograré jamás: Had we but world enough and time (Si tuviéramos mundo suficiente y tiempo), podría ser tal vez el lema de mi vida.

Es la frase de Andrew Marvell que usó Eric Auerbach como epígrafe de su monumental y bellísima obra Mímesis. Cuánto sentido no me hizo el día que la leí por primera vez: no habrá mundo ni vida ni tiempo suficientes para abarcar una biblioteca en expansión constante, quedándote solamente como consuelo el hecho de que, cuando ya no estés en este mundo, esa biblioteca será el testimonio de todo lo que tú anhelaste saber. Por eso para mí una biblioteca, sobre todo una gran biblioteca, es una promesa de dicha.

Mi formación filosófica la he hecho así, de manera autodidacta, y esa, la filosofía, es la escala desde la que se despliega todo lo que hago. La obra de Gustavo Bueno me acomodó la cabeza, la pasión vital me la inoculó la de Vasconcelos y la intensidad teorética me la dio la de José Revueltas. Esos son los vértices que definen el paralelogramo de mi pasión intelectual, configurada, según pude comprender después, con arreglo a la divisa de Spinoza según la cual la libertad (o potencia) de la mente es la felicidad: mentis libertas seu beatitudo.

La forma de estar en el mundo me la dio el Ateneo de Madrid. En otro sitio he contado que yo seré un ateneísta de Madrid toda mi vida, en el sentido de que ese incomparable lugar fue el que me formateó para siempre. Ahí es donde me convertí en algo así como un joven antiguo, y hasta que no se conoce ese lugar se sabe en realidad quién soy yo.

II

Mi casa era un departamento pequeño de la colonia Moderna de la ciudad de México. En un primer momento fue una bodega de libros. Ni a biblioteca llegaba. Estaban todos apilados en el piso y en la mesa. En realidad daba pena, pero no me importaba, porque lo fundamental era dar cauce al plan de estudios en cuestión. Libros por todos lados arriba y abajo, una cama, una mesa y una cocina y mi piano, eso sí.

Poco a poco pude irla acomodando más o menos, aunque me llevó años porque iba paso a paso. Llegó el día en todo caso en que no hubo un solo libro en el suelo, y había tapizado –literal y metafóricamente tapizado– el departamento entero con libreros retacados de piso a techo y de pared a pared. La verdad es que era imponente. Cuando se las mostré a mis padres mi mamá me abrazó con un profundo sentido de orgullo. Tal vez pensaba que no tenía futuro o algo así, no lo sé, pero supongo que la llenó de emoción ver todo aquello por lo sorprendente y lo anómalo. No olvidaré ese momento en lo que me queda de vida. Murió de cáncer, muy joven, en pandemia.

III

El plan de estudio estaba conformado por dos bloques: uno era teórico, y contemplaba una parte histórica, otra filosófica y una más de historia del arte y de la estética. La idea era leerme y estudiarme a conciencia las obras fundamentales de la historia entera de la filosofía, y un bloque de acción política, porque la pasión política también define mi vida.

Dentro de todo ese océano de energía intelectual incontenible me fui apasionando por conseguirme todo lo que de José Revueltas me fuera dado encontrar en cuanta librería de viejo me paraba. Ya tenía los 26 tomos madrileños de sus obras completas, pero quería todas y cada una de las ediciones individuales que pudiera haber.

Todas eran todas: primeras, segundas, terceras ediciones, y también todo lo nuevo que se publicara. Revueltas ocupó mi vida por muchos años, qué duda cabe. Los días terrenales es una obra sublime, una cumbre de la literatura en lengua española de todo los tiempos. Una muestra de perfección apasionada, y El ensayo sobre un proletariado sin cabeza es una extraordinaria y rigurosa obra de reconstrucción histórica de México de primer orden, reconocida en ese rango por el propio Daniel Cosío Villegas. Otra obra maestra.

IV

Llegó un momento en el que había acumulado muchos anaqueles con las obras de Revueltas de todo tipo. Lo que procedía era darle cauce de algún modo a todo aquello, conferirle un sentido y un propósito, arquitectura, en fin, a la pasión intelectual.

Lo que se me ocurrió fue crear una página web, pero no podía llevar un nombre cualquiera; no podía permitirme hacer algo con apariencia de aficionado; la envergadura del personaje y la magnitud de su obra y su potencia intelectual eran dignas de algo de la misma escala.

Entonces fue que recordé a la Fundación de Investigaciones Marxistas Federico Engels española, y di en el clavo. Así se llamaría mi proyecto, mi página, mi blog de aficionado, que era de lo que en realidad se trataba sin poderme permitir que se notara, no sé si me explico.

Este es el origen, por ahí de 2011 o 2012 y para volver al punto inicial, de la Fundación de Investigaciones Materialistas José Revueltas. La FIMJR, cuyo director, creador, fundador, director académico, único investigador, único seguidor y único miembro era yo mismo. Mi amiga Coral Revueltas, nieta o bisnieta de Fermín Revueltas, diseñó mi logo, que se lo pedí confeccionar a partir de una de las fotos emblemáticas de Revueltas leyendo en su celda de la cárcel de Lecumberri.

Compré el sitio web correspondiente y comencé con la construcción de la página. Constaba de varias secciones: Historia, Economía política, Filosofía, Teoría política, y una sección dedicada en exclusiva a José Revueltas, que se llamaba algo así como José Revueltas: estudios y valoraciones.

No sabía en realidad qué habría de hacer con todo eso, pero había logrado encontrar el cauce arquitectónico para contener y dar forma a la pasión intelectual. La función se cumplía y la necesidad era atendida. La cosa tenía pinta, digamos, de centro o instituto de estudios, de investigaciones materialistas precisamente, pues tal es la perspectiva filosófica desde la que navego yo.

En donde más trabajo hubo fue en la sección dedicada a Revueltas. Lo que hacía era enlistar todos los tomos de sus obras completas, y publicar la foto de la portada cuando se trataba de primeras o segundas ediciones, luego de lo cual transcribía o bien el índice si se trataba de un libro de ensayo o bien los párrafos iniciales si se trataba de una novela: ‘En el principio había sido el caos, mas de pronto aquel lacerante sortilegio se disipó y la vida se hizo. La atroz vida humana’, son las líneas iniciales de Los días terrenales, que escribo de memoria.

Una vez que tuve armada toda la página, en cosa de varios meses, dejé de saber qué hacer con todo eso. Era una entelequia aristotélica en toda regla, es decir, algo que tiene el fin en sí mismo pero que, al estar terminada en cuanto a su diseño, había llegado tristemente a la máxima realización de su potencialidad.

El tiempo fue pasando, las actividades me fueron llenando, el trabajo me fue quitando el tiempo. Profesional y laboralmente yo he sido siempre funcionario público, y me auto-concibo según el criterio cubano –entiéndase de la Revolución cubana– para redefinir a la figura del intelectual despojándolo de toda pedantería y vanidad, esto es, como un “trabajador aficionado” a las letras de humanidad, la historia, los libros y la filosofía, al autoestudio en definitiva, pero sólo eso: trabajador aficionado.

Todo indicaba, al parecer y fatalmente, que la FIMJR había agotado todo su contenido potencial. Pero me equivocaba.  

V

Había dejado un correo electrónico por ahí en la página, me parece que de Gmail, por si alguien pudiera acaso interesarse en tomar contacto con la flamante y prestigiada FIMJR. Al principio revisaba constantemente mi correo, que poco a poco fue llenándose de spams y el correo esperado nunca llegaba. Luego de un tiempo dejé de revisarlo, como es natural.

Los meses habían pasado, incluso un año más o menos. Yo trabajaba en la entonces PGR y otras actividades me habían absorbido. Pero un buen día, por ahí de 2013, se me ocurrió abrir por pura curiosidad y morbo mi cuenta aquella de Gmail. Al abrirla tenía varios miles de correos de spam acumulados, pero por algún designio del destino vi en primer lugar un correo en cuya cabecera se leía algo así como “De parte de Canal 11”. Y lo abrí.

Al comenzar a leer advertí con asombro que era un mensaje muy formal, dirigido con todo protocolo y rigor a su modesto servidor pero también flamante director de la Fundación de Investigaciones Materialistas José Revueltas, y se me invitaba a participar en la grabación del programa dedicado a Revueltas para la serie “Historias de Vida”, tratándose de un experto y estudioso profundo y conocedor de la obra de José Revueltas como el que llevaba las riendas de la prestigiada FIMJR.

Recuerdo que esos días yo traía una ronquera de antología, y, nervioso, apresurado y preocupado porque haya pasado demasiado tiempo sin que yo, torpe de mí, hubiera respondido, escribí diciendo que desde luego que participaba encantado en la grabación en cuestión, y que se me indicara el lugar, fecha y hora para hacerlo. La respuesta de la productora fue inmediata, estaban esperando ese correo.

Y no nada más eso, sino que además me dijeron que ‘nada de que yo tuviera que desplazarme a ningún lado’: ellos son los que irían a donde yo les dijera para realizarme la entrevista, faltaría más, si se trataba ni más ni menos que del director de la Fundación de Investigaciones Materialistas José Revueltas en persona.

Al día siguiente de ese correo tan sorprendente y cargado de tanto destino estaba la productora de Canal 11 instalándose en mi departamento, que para entonces afortunadamente ya lo había puesto decente, para conversar cerca de dos horas conmigo sobre José Revueltas. La voz la tenía todavía bastante ronca, pero no recuerdo si se nota.  

Meses después el programa apareció, efectivamente. Y ahí tenían ustedes al flamante director de la FIMJR, Ismael Carvallo, hablando para el entrevistador sin parar sobre lo que llevaba años y años de desbocada pasión desinteresada, sin buscar nada a cambio porque eso que hacía se explicaba y agotaba en sí mismo como entelequia aristotélica configurándose al hacerlo como uno de los motores intelectuales que lo mantenían y lo mantienen a uno de pie, como el hegemonikon interno de los estoicos gracias al cual uno se pone a hacer cosas für ewig, para la eternidad, como señala bellamente Antonio Gramsci en una de sus cartas de la cárcel.

Con el paso del tiempo, dejé de pagar el sitio web y todo lo que ahí vertí se perdió. El programa de “Historias de Vida” sobre José Revueltas, no obstante,  puede verse sin problemas en Youtube. Y ahí aparezco yo junto a sus contemporáneos y académicos y estudiosos formalmente, ellos sí, del gran José Revueltas.

La misión se cumplió. El plan invisible que me tenía recorriendo librerías de viejo cumplió su objetivo. Ahora sí había llegado la FIMJR al despliegue máximo de todo su contenido potencial. Había sido un corto verano, pero lleno de pasión y sentido, de potencia y libertad de la mente, permitiéndome constatar lo que Revueltas mismo dijo en su momento al afirmar categórico, lo cito también de memoria, que ‘el hombre y su pensamiento, como cualquier otra materia, obedecen a una ley de perpetuación dialéctica. El hombre superior hace consciente en sí mismo esta ley y encuentra la filosofía’.

Publicación original de Dignos y Humanos. Revista cultural de la Universidad Nacional Rosario Castellanos 29, 3, julio 2026