Antonio Gramsci

Renacimiento y Reforma

Antonio Gramsci | Cuadernos de la cárcel. Tomo IV. Cuaderno 9, 1932 [Miscelánea y Notas sobre el Risorgimento italiano]

Revisar A. Oriani, La lotta politica: «La variedad del ingenio italiano, que en la ciencia podía ir desde el sublime buen sentido de Galileo a las deslumbrantes y extrañas intuiciones de Cardano, se adapta igualmente a la Reforma, y ahí se descubren de inmediato a Marco Antonio Flaminio, poeta latino, a Jacopo Narid, historiador, a Renata d’Este, mujer del duque Ercole II; Lelio Socini, ingenio superior a Lutero y Calvino, que llega mucho más alto fundando la secta de los unitarios; Bernardo Ochino y Pietro Martire Vermiglio, teólogo, que pasarán, éstos a la universidad de Oxford, aquéllos al capítulo de Canterburry; Francesco Burlamacchi que volverá a intentar la imposible empresa de Stefano Porcari y en ella perecerá como mártir héroe; Pietro Carnesecchi y Antonio Palcario que entre ambos perderán allí noblemente la vida. Pero este movimiento incomunicado al pueblo es más bien una crisis del pensamiento filosófico y científico, naturalmente ritmada sobre la gran revolución germánica, que un proceso de purificación y elevación religioso. De hecho, al resumirlo Giordano Bruno y Tommaso Campanella, por haber ambos vivido y muerto dentro de la órbita de una orden monástica, son dos filósofos arrastrados por la especulación más allá de los confines no sólo de la Reforma sino del propio cristianismo. En consecuencia, el pueblo permanece tan insensible a su tragedia que casi parece ignorarla.»

¿Pero qué significa todo esto? ¿Acaso que tampoco la Reforma es una crisis del pensamiento filosófico y científico, o sea de la actitud con respecto al mundo, del concepto del mundo? Por lo tanto hay que decir que, a diferencia de los demás países, ni siquiera la religión era en Italia elemento de cohesión entre el pueblo y los intelectuales, y por eso precisamente la crisis filosófica de los intelectuales no se prolongaba en el pueblo, porque no tenía orígenes en el pueblo, porque no existía un «bloque nacional-popular» en el campo religioso. En Italia no existía «iglesia nacional», sino cosmopolitismo religioso, porque los intelectuales italianos estaban vinculados a toda la cristiandad inmediatamente como dirigentes anacionales. Separación entre ciencia y vida, entre religión y vida popular, entre filosofía y religión; los dramas individuales de Giordano Bruno, etcétera, son del pensamiento europeo y no italiano.