El lunes pasado, presenté una conferencia en el Senado de la República a invitación de su Centro de Capacitación y Formación Permanente como parte del inicio de sus actividades de verano 2026.
La solicitud que me hicieron fue que les presentara una introducción general a la política como una suerte de trámite propedéutico al conjunto de cursos y capacitaciones programados para las semanas venideras, a efectos de lo cual intitulé mi ponencia “Dialéctica de la razón política. Estado, gobierno y poder”.
El objetivo que perseguí fue el de presentar los criterios, parámetros y variables que son puestos en danza dialéctica para conformar la racionalidad política (dialéctica de la razón) distinguible de otras racionalidades como la religiosa, la artística o la empresarial en un sentido similar al señalado por Gustavo Bueno cuando, en sus Ensayos materialistas, explica la dialéctica de configuración de la conciencia filosófica cuando nos dice que ésta ‘se nos aparece, diaméricamente, vinculada con otras formas de conciencia, y formalmente con la conciencia política, que, a su vez, está interferida con la conciencia moral y con la razón económica’.
Situándome en una óptica como aquella desde la que Gianfranco Miglio habló sobre la “regularidad de la política”, lo que intenté yo fue sistematizar la dialéctica en cuestión con arreglo a las relaciones establecidas entre un núcleo ontológico que se despliega luego en una distribución de tres planos fundamentales de configuración supraestatal (parte general), estatal (parte especial) y subjetivo (parte específica), ofreciendo un cuadro sistemático susceptible de ser aplicable, tal ha sido mi propósito, a cualquier contexto nacional o histórico.
En la dialéctica de la razón en cuestión, el núcleo ontológico configura el ámbito de la política como tal; la parte general configura el ámbito del sistema del Estado y la forma de régimen; en la parte especial se configuran los problemas políticos y la forma de gobierno como respuesta a los problemas que se dan en la antropología de la vida cotidiana; y en la parte específica tiene lugar la configuración concreta de la acción política como tal.
El desarrollo de todos estos temas está reservado para la organización de un curso en condiciones, de próxima aparición.
Como armadura de clave de mi conferencia, les compartí cuatro citas elegidas al azar, que son las siguientes. La primera es de Liebknecht, socialista alemán de del siglo XIX: ‘Para Marx, la política era un estudio. Odiaba a muerte a los politicastros y el politiqueo. Y, de hecho, ¿cabe imaginar algo más insensato? La historia es el producto de todas las fuerzas que actúan en los hombres y la naturaleza, así como del pensamiento, las pasiones, las necesidades humanas. La política, por el contrario, es teórica –la cognición de esos millones y billones de factores que tejen en «el telar de la época»– y práctica –la actuación condicionada por esa cognición–. Por lo tanto, la política es ciencia y ciencia aplicada; y la ciencia política o ciencia de la política es en cierto modo la esencia de todas las ciencias, dado que abarca todo el campo de la actividad humana y de la naturaleza, actividad que constituye la meta de toda ciencia.’ (Conversaciones con Marx y Engels, de Hanz Magnus Enzensberger).
La segunda es del filósofo argentino Eduardo Rinesi y dice así: ‘Entre la primera teoría moderna de la acción política, la de Maquiavelo –autor de El Príncipe–, y la primera teoría moderna de las instituciones políticas, la de Hobbes –autor del Leviatán–, la cuestión de la tragedia se tiende así como un horizonte ineludible de la reflexión política.’ (Política y tragedia. Hamlet, entre Hobbes y Maquiavelo).
La tercera, no podía faltar, es de Antonio Gramsci: ‘Sin embargo, es verdad que Maquiavelo ha descubierto algo y no sólo teorizado sobre lo real. ¿Pero cuál era el fin de tal descubrimiento? ¿Un fin moralista o político? Se suele decir que las normas de Maquiavelo para la actividad política «se aplican, mas no se dicen».’ (Notas sobre la política de Maquiavelo, Cuadernos de la cárcel.)
Como apoyatura de la charla, les ofrecí una bibliografía de diez y solo diez obras, de Arendt a Schmitt pasando por Dalmacio Negro, Rafael del Águila, Mario de la Cueva y Rubén Salazar Mallén, recordándoles aquello que más o menos dijo Trotsky, paráfrasis mía mediante, de que “aunque a ti no te importe la política, tú sí le importas a ella”.
El lunes pasado, presenté una conferencia en el Senado de la República a invitación de su Centro de Capacitación y Formación Permanente como parte del inicio de sus actividades de verano 2026.
La solicitud que me hicieron fue que les presentara una introducción general a la política como una suerte de trámite propedéutico al conjunto de cursos y capacitaciones programados para las semanas venideras, a efectos de lo cual intitulé mi ponencia “Dialéctica de la razón política. Estado, gobierno y poder”.
El objetivo que perseguí fue el de presentar los criterios, parámetros y variables que son puestos en danza dialéctica para conformar la racionalidad política (dialéctica de la razón) distinguible de otras racionalidades como la religiosa, la artística o la empresarial en un sentido similar al señalado por Gustavo Bueno cuando, en sus Ensayos materialistas, explica la dialéctica de configuración de la conciencia filosófica cuando nos dice que ésta ‘se nos aparece, diaméricamente, vinculada con otras formas de conciencia, y formalmente con la conciencia política, que, a su vez, está interferida con la conciencia moral y con la razón económica’.
Situándome en una óptica como aquella desde la que Gianfranco Miglio habló sobre la “regularidad de la política”, lo que intenté yo fue sistematizar la dialéctica en cuestión con arreglo a las relaciones establecidas entre un núcleo ontológico que se despliega luego en una distribución de tres planos fundamentales de configuración supraestatal (parte general), estatal (parte especial) y subjetivo (parte específica), ofreciendo un cuadro sistemático susceptible de ser aplicable, tal ha sido mi propósito, a cualquier contexto nacional o histórico.
En la dialéctica de la razón en cuestión, el núcleo ontológico configura el ámbito de la política como tal; la parte general configura el ámbito del sistema del Estado y la forma de régimen; en la parte especial se configuran los problemas políticos y la forma de gobierno como respuesta a los problemas que se dan en la antropología de la vida cotidiana; y en la parte específica tiene lugar la configuración concreta de la acción política como tal.
El desarrollo de todos estos temas está reservado para la organización de un curso en condiciones, de próxima aparición.
Como armadura de clave de mi conferencia, les compartí cuatro citas elegidas al azar, que son las siguientes. La primera es de Liebknecht, socialista alemán de del siglo XIX: ‘Para Marx, la política era un estudio. Odiaba a muerte a los politicastros y el politiqueo. Y, de hecho, ¿cabe imaginar algo más insensato? La historia es el producto de todas las fuerzas que actúan en los hombres y la naturaleza, así como del pensamiento, las pasiones, las necesidades humanas. La política, por el contrario, es teórica –la cognición de esos millones y billones de factores que tejen en «el telar de la época»– y práctica –la actuación condicionada por esa cognición–. Por lo tanto, la política es ciencia y ciencia aplicada; y la ciencia política o ciencia de la política es en cierto modo la esencia de todas las ciencias, dado que abarca todo el campo de la actividad humana y de la naturaleza, actividad que constituye la meta de toda ciencia.’ (Conversaciones con Marx y Engels, de Hanz Magnus Enzensberger).
La segunda es del filósofo argentino Eduardo Rinesi y dice así: ‘Entre la primera teoría moderna de la acción política, la de Maquiavelo –autor de El Príncipe–, y la primera teoría moderna de las instituciones políticas, la de Hobbes –autor del Leviatán–, la cuestión de la tragedia se tiende así como un horizonte ineludible de la reflexión política.’ (Política y tragedia. Hamlet, entre Hobbes y Maquiavelo).
La tercera, no podía faltar, es de Antonio Gramsci: ‘Sin embargo, es verdad que Maquiavelo ha descubierto algo y no sólo teorizado sobre lo real. ¿Pero cuál era el fin de tal descubrimiento? ¿Un fin moralista o político? Se suele decir que las normas de Maquiavelo para la actividad política «se aplican, mas no se dicen».’ (Notas sobre la política de Maquiavelo, Cuadernos de la cárcel.)
Como apoyatura de la charla, les ofrecí una bibliografía de diez y solo diez obras, de Arendt a Schmitt pasando por Dalmacio Negro, Rafael del Águila, Mario de la Cueva y Rubén Salazar Mallén, recordándoles aquello que más o menos dijo Trotsky, paráfrasis mía mediante, de que “aunque a ti no te importe la política, tú sí le importas a ella”.
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