Los días terrenales

Aurelio Nuño el ingenuo

El que fuera secretario de Educación Pública de Enrique Peña Nieto, Aurelio Nuño, se ha querido poner la toga de teórico de la política y el Estado para analizar la situación de las últimas movilizaciones de la CNTE y sus relaciones con la SEP.

Con un estilo muy característico de engaña bobos aspiracionistas clase medieros a lo Ricardo Anaya e ínfulas de intelectual cosmopolita de la Ibero, se presenta Nuño en su perfil del periódico Aurora como político liberal y profesor de la Universidad Harvard, cosa que por cierto me recuerda haber visto en su momento –no me pregunten por qué lo vi y cómo lo aguanté, aunque era muy breve– un videíto en el que lo filmaban caminando con pose de estupendo por el campus de Cambridge Massachussets con su chamarra de cuero y suéter de cuello de tortuga para mostrárnoslo luego en un salón de clases presentando, obviamente que en inglés –imaginemos todos la pedantería de señorito a lo Ricardo Anaya en el sentido dicho–, algunas obviedades de nivel de Power Point del quinto infierno sobre la educación.

El video tenía el formato de anuncio de shampoo con nueva fórmula contra la calvicie o algo así. Cosas de priístas de última generación, que se tragaron el cuento de que había que estudiar o ser profesor en Harvard para salvar a México. Supongo que esperaba impresionar a sus seguidores. A mí lo que me produjo fue un poco de grima.

Ocurre entonces que en un par de artículos recientes, ‘LA CNTE y la debilidad del Estado: entre Habsburgos y Borbones’ y ‘El regreso de las corporaciones y los fueros’, Nuño endereza una crítica al tema de las movilizaciones magisteriales para esgrimir los argumentos clásicos del militante ingenuo de la sociedad civil formado en ciencia política en universidad privada –que no leyó o leyó muy poco a Gramsci, Marx, Mosca o a Molina Enríquez, y ni siquiera al monumental Jesús Reyes Heroles teórico del Estado del que, en el caso de Nuño, sería dable vincularlo por su militancia priísta– y financiado eso sí por alguna ONG, Soros o la USAID: la CNTE ganó, el estado mexicano es débil, la sociedad es una víctima, el sindicalismo lo controla todo.

Hasta ahí las consignas de superficie comunes y corrientes de político opositor de medio pelo, que busca capitalizar la animadversión y hasta el repudio de clase hacia cualquier tipo de organización obrera o de trabajadores del sector que sea, adoptando el enfoque del ciudadano responsable o de profesional de la sociedad civil para plantear como alternativa las propuestas de siempre: más democracia, más sociedad civil, defensa de la libertad individual, transparencia, más cercanía con la gente, etc.

Es un argumentario manido, trillado hasta decir basta, que dice muy poco o que más bien lo dice todo y no dice nada, sobre todo cuando desliza Nuño el criterio clave de su planteamiento, a saber: que la CNTE y el SNTE ‘son solo una manifestación de una larga historia de penetración del Estado por poderes fácticos’ (‘LA CNTE y la debilidad del Estado: entre Habsburgos y Borbones’, periódico Aurora del 14 de junio de 2026).

Así leída, la afirmación es aterradora para el lector ingenuo, qué duda cabe. Pero es una ingenuidad que retrata la del propio Nuño en el desarrollo de su análisis, porque el estado, todo estado, es una articulación dialéctica de corporaciones o de grupos así en México como en Estados Unidos, Francia o Alemania. ¿O acaso piensa este ingenuo y solemne profesor invitado de Harvard que en Estados Unidos, Francia o Alemania no hay sindicatos de maestros o de médicos o de transportistas con los que los gobiernos de turno deben de sentarse a negociar y organizar, en situaciones siempre de tensión política, el sistema de relaciones de la economía y el poder estatal?

Y esto no es tanto por una supuesta atávica herencia corporativista remontable al período virreinal habsbúrgico (Nuño habla erróneamente del período de la Colonia, pero Nueva España no fue colonia, sino virreinato, y el primero junto con el del Perú, fundados en el siglo XVI; luego se fundarían los de Nueva Granada y del Río de la Plata en el siglo XVIII), sino por el simple hecho, de carácter más bien metodológico, de que la acción política, y sobre todo la acción estatal operacionalizada a través del gobierno y la burocracia (recordemos lo que decía Polanyi sobre las relaciones económicas: el mercado es creado por el estado y regulado por la burocracia), no se da nunca entre individuos aislados sino entre grupos, colectivos u organizaciones –que pueden ser eso sí, desde luego, de trabajadores o patronales, de grupos de interés o de defensores de causas específicas y múltiples–, razón por la cual la perspectiva fundamental del estado es la de las generaciones, y la del gobierno la de los colectivos, las organizaciones o las corporaciones, además de que, usando una analogía geométrica trasladable a la racionalidad política, los individuos no existen en el vacío sino en relación dialéctica con las clases y los grupos guardando una relación como la del punto con la recta, en el sentido de que la recta es una sucesión de puntos, y el punto una intersección de rectas.

Sobre los distintos modos de entender los dos modelos de organización política virreinal novohispana, el habsbúrgico y el borbónico, y la dialéctica de organización de la educación nacional en la etapa nacional, hablaremos en los próximos artículos.

Publicación original de El Independiente