2026 es la segunda vez que un mundial de futbol se realiza en más de un país sede. El primero fue el de 2002, que se organizó entre Corea y Japón. En esta ocasión, lo sabemos todos, tendrá lugar en tres países del norte de América. Dos de ellos, México y Estados Unidos, concentran el mayor número de hablantes maternos de sus respectivas lenguas: el inglés y el español. La población del segundo es de un aproximado de 340 millones de habitantes, la del primero es de 130. Canadá apenas llega a 41.
Según el Banco Mundial, de las lenguas más habladas en el mundo, nativas y no nativas, el inglés y el español aparecen en el primer círculo: el primero es hablado por un aproximado de 1,450 millones de personas seguido por el chino mandarín, hablado por 1,130 millones, detrás del cual le sigue el hindi (600 millones) y luego el español, nuestra lengua, hablada por 560 millones.
Desde esta perspectiva, México es el país más importante de habla hispana del mundo, y, demográficamente hablando, desde la década de los cincuenta del siglo pasado estamos ya de lleno y definitivamente en la edad mexicana del español en los términos de mi amigo David Noria, de quien recomiendo muchísimo su espléndido libro Nuestra lengua. Ensayo sobre la historia del español (Academia Mexicana de la Lengua/UNAM, 2021).
O en otros términos: el canon del español en el mundo es hoy por hoy de sello mexicano. Lo importante es cómo lo hablamos nosotros, cuáles son nuestros modismos y por qué lo usamos como lo usamos.
De los tres países solamente México juega en las grandes ligas de antigüedad cristiana, pues aquí está la cuarta diócesis del continente entero con la Arquidiócesis de México, fundada en 1530 y elevada de categoría hasta 1546. La primera diócesis de América es la de Santo Domingo, de 1504, seguida por la de Puerto Rico, de 1511, y luego por la de Santa María La Antigua de Panamá, fundada en 1513.
La primera diócesis de Estados Unidos es la de Baltimore, fundada el año de la Revolución francesa, 1789, mientras que la primera de Canadá es la de Quebec, fundada primero como vicariato apostólico de Nueva Francia en 1658 y elevada a diócesis en 1674. Nada de esto es óbice, desde luego, para que el papa de la Iglesia católica sea de procedencia norteamericana y de la orden de los agustinos luego de que un jesuita argentino lo haya antecedido.
Por cuanto a la fundación de universidades, México es nuevamente el que figura antes que sus coorganizadores mundialistas, pues de aquí es la primera de tierra firme, fundada como Universidad de México en 1551 junto con la de San Marcos de Lima.
La primera del orbe americano es la de Santo Domingo, fundada como Universidad de Santo Tomás de Aquino en 1538 mediante la oficialización de la bula In Apostolatus Culmine del papa Paulo III. La primera universidad de Estados Unidos es la de Harvard, fundada en 1636 en Cambridge Massachusetts y la de Canadá es la King’s College, fundada en 1789 en Windsor Nueva Escocia.
De las dieciséis ciudades mundialistas sólo la de México ha tenido el rango imperial en el Antiguo Régimen, habiendo sido capital del virreinato de la Nueva España por tres siglos desde 1521. Ninguna ciudad norteamericana alcanza ese rango antes de la historia nacional (Nuevo Régimen), tan sólo Boston, Nueva York y Filadelfia formaron parte de las Trece Colonias y son las más antiguas del resto de las sedes (1630, 1624 y 1682 respectivamente), siendo las demás fundadas entre los siglo XVIII y XIX: Atlanta en 1837, Dallas en 1841, Houston en 1836, Kansas City en 1838, Los Ángeles en 1781, Miami en 1896, San Francisco en 1776 y Seattle en 1851. Caso similar es el de Canadá: Toronto data primero de 1793 (York) y luego 1834 (Toronto), mientras Vancouver fue fundada hasta 1886.
Nada de esto es óbice tampoco para que, de todas las ciudades mundialistas, Nueva York sea la capital cultural y económica del imperio de nuestro tiempo, Estados Unidos, sin perjuicio de que la capital política esté en Washington. Nueva York sigue siendo todavía, o por lo menos hasta hace unas décadas nomás, la metáfora del mundo moderno. Es de suponerse que ese lugar puede que ahora esté siendo ocupado por alguna megalópolis de China.
El equipo de futbol más antiguo de los tres países es el Oneida Football Club, fundado en Boston Massachusetts Estados Unidos en 1862, seguido del Galt F.C. de Ontario Canadá, de 1881, detrás del cual está el Club de Futbol Pachuca de México, de 1892.
Ninguno de estos datos, desde luego, tiene influencia alguna en lo relativo a la calidad de sus ligas de futbol y al nivel deportivo, en estrictos términos técnicos, de sus selecciones. Supongo que las aficiones más apasionadas e intensas son las de México.
2026 es la segunda vez que un mundial de futbol se realiza en más de un país sede. El primero fue el de 2002, que se organizó entre Corea y Japón. En esta ocasión, lo sabemos todos, tendrá lugar en tres países del norte de América. Dos de ellos, México y Estados Unidos, concentran el mayor número de hablantes maternos de sus respectivas lenguas: el inglés y el español. La población del segundo es de un aproximado de 340 millones de habitantes, la del primero es de 130. Canadá apenas llega a 41.
Según el Banco Mundial, de las lenguas más habladas en el mundo, nativas y no nativas, el inglés y el español aparecen en el primer círculo: el primero es hablado por un aproximado de 1,450 millones de personas seguido por el chino mandarín, hablado por 1,130 millones, detrás del cual le sigue el hindi (600 millones) y luego el español, nuestra lengua, hablada por 560 millones.
Desde esta perspectiva, México es el país más importante de habla hispana del mundo, y, demográficamente hablando, desde la década de los cincuenta del siglo pasado estamos ya de lleno y definitivamente en la edad mexicana del español en los términos de mi amigo David Noria, de quien recomiendo muchísimo su espléndido libro Nuestra lengua. Ensayo sobre la historia del español (Academia Mexicana de la Lengua/UNAM, 2021).
O en otros términos: el canon del español en el mundo es hoy por hoy de sello mexicano. Lo importante es cómo lo hablamos nosotros, cuáles son nuestros modismos y por qué lo usamos como lo usamos.
De los tres países solamente México juega en las grandes ligas de antigüedad cristiana, pues aquí está la cuarta diócesis del continente entero con la Arquidiócesis de México, fundada en 1530 y elevada de categoría hasta 1546. La primera diócesis de América es la de Santo Domingo, de 1504, seguida por la de Puerto Rico, de 1511, y luego por la de Santa María La Antigua de Panamá, fundada en 1513.
La primera diócesis de Estados Unidos es la de Baltimore, fundada el año de la Revolución francesa, 1789, mientras que la primera de Canadá es la de Quebec, fundada primero como vicariato apostólico de Nueva Francia en 1658 y elevada a diócesis en 1674. Nada de esto es óbice, desde luego, para que el papa de la Iglesia católica sea de procedencia norteamericana y de la orden de los agustinos luego de que un jesuita argentino lo haya antecedido.
Por cuanto a la fundación de universidades, México es nuevamente el que figura antes que sus coorganizadores mundialistas, pues de aquí es la primera de tierra firme, fundada como Universidad de México en 1551 junto con la de San Marcos de Lima.
La primera del orbe americano es la de Santo Domingo, fundada como Universidad de Santo Tomás de Aquino en 1538 mediante la oficialización de la bula In Apostolatus Culmine del papa Paulo III. La primera universidad de Estados Unidos es la de Harvard, fundada en 1636 en Cambridge Massachusetts y la de Canadá es la King’s College, fundada en 1789 en Windsor Nueva Escocia.
De las dieciséis ciudades mundialistas sólo la de México ha tenido el rango imperial en el Antiguo Régimen, habiendo sido capital del virreinato de la Nueva España por tres siglos desde 1521. Ninguna ciudad norteamericana alcanza ese rango antes de la historia nacional (Nuevo Régimen), tan sólo Boston, Nueva York y Filadelfia formaron parte de las Trece Colonias y son las más antiguas del resto de las sedes (1630, 1624 y 1682 respectivamente), siendo las demás fundadas entre los siglo XVIII y XIX: Atlanta en 1837, Dallas en 1841, Houston en 1836, Kansas City en 1838, Los Ángeles en 1781, Miami en 1896, San Francisco en 1776 y Seattle en 1851. Caso similar es el de Canadá: Toronto data primero de 1793 (York) y luego 1834 (Toronto), mientras Vancouver fue fundada hasta 1886.
Nada de esto es óbice tampoco para que, de todas las ciudades mundialistas, Nueva York sea la capital cultural y económica del imperio de nuestro tiempo, Estados Unidos, sin perjuicio de que la capital política esté en Washington. Nueva York sigue siendo todavía, o por lo menos hasta hace unas décadas nomás, la metáfora del mundo moderno. Es de suponerse que ese lugar puede que ahora esté siendo ocupado por alguna megalópolis de China.
El equipo de futbol más antiguo de los tres países es el Oneida Football Club, fundado en Boston Massachusetts Estados Unidos en 1862, seguido del Galt F.C. de Ontario Canadá, de 1881, detrás del cual está el Club de Futbol Pachuca de México, de 1892.
Ninguno de estos datos, desde luego, tiene influencia alguna en lo relativo a la calidad de sus ligas de futbol y al nivel deportivo, en estrictos términos técnicos, de sus selecciones. Supongo que las aficiones más apasionadas e intensas son las de México.
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