Los días terrenales

México ante el nacionalismo, el neoliberalismo y el tecnofeudalismo

Así es como yo hubiera subtitulado –si se me permite– el libro de José Ramón López-Portillo Romano Tres crisis. Nacionalismo, Neoliberalismo, Era Tecnoeconómica (Debate, México, 2025), que acabo de adquirir hace unos días y que se antoja sumamente interesante, en el que el autor analiza la secuencia de las tres grandes transformaciones económicas del siglo XX mexicano: el nacionalismo, el neoliberalismo y la actual era tecnoeconómica vistas desde la dialéctica fundamental del sistema político mexicano, articulado alrededor de cuatro artículos constitucionales clave: 1º, 3º, 27 y 123, tres actores principales: élites gubernamentales, grupos empresariales y burocracia estatal, y tres principios de organización política: corporativismo, semiautoritarismo y presidencialismo.

No lo digo por fastidiar ni por andarme plagiando trabajos ajenos, el libro se ve robusto, riguroso y consistente, aunque estoy apenas comenzándomelo a trabajar.

A lo que me refiero es a que me llama la atención el hecho de que López-Portillo Romano haya elegido dos términos sustantivados con el sufijo ismo –nacionalismo y neoliberalismo– para caracterizar con toda claridad y exactitud dos períodos clave de la dialéctica política del estado mexicano del siglo XX, el nacionalismo, de 1938 a 1982, y el neoliberalismo, de 1982 a 2018, y haya optado por un término sin el sufijo ismo para referirse al tercer período de gran transformación, usando en cambio uno –digamos que– de tipo cronológico-epocal materialista: era tecnoeconómica, que, más que una ideología o sistema de doctrinas –que es lo que se denota cuando se usa el sufijo ismo, como en los casos de marxismo, peronismo, cardenismo, comunismo, nacionalismo o conservadurismo–, lo que denota son las condiciones contextuales de un marco de referencia o de relaciones sociales.

O de otra forma: los primeros dos conceptos suponen el reconocimiento de los finis operantis (es decir, los fines subjetivos de quien ejecuta una acción determinada) de un conjunto de actores específicos en función de cuyas decisiones se configuró un sistema o doctrina política o económica o ideológica concreta; el último concepto supone el reconocimiento de los finis operis (es decir, los fines objetivos de una obra determinada sin importar el que la hace) configuradores de un contexto material de la producción.

Pero es que desde luego que el tercer concepto implica actores, decisiones e intereses en su configuración: se trata de la tecno-oligarquía analizada por Varoufakis –de quien ya hablé en este mismo espacio hace meses– a partir de la cual, para decirlo en corto y rápido, el capitalismo neoliberal ha sufrido una mutación retroactiva hacia una nueva forma de feudalismo anclado al poder de la tecnología de nuestro tiempo.

Pero esta es solamente una primera impresión. El libro, ya digo, es de gran interés y muy recomendable, escrito por alguien que vivió en primera persona acontecimientos decisivos de la historia contemporánea de México en una época tal vez demasiado lejana para muchos jóvenes, razón por la cual adquiere tanto valor una reflexión histórica al respecto. Dice López-Portillo Romano:

‘Si bien mi generación vivió las secuelas de la crisis de la deuda de América Latina y la “década perdida” de los años 1980 como una experiencia intensamente personal y polarizadora, para la generación actual esto parece tan remoto y oscuro como lo fue el cardenismo para mi cohorte. Hoy, los debates sobre la nacionalización de la banca se sienten tan remotos como en 1982 parecía el de la expropiación petrolera de 1938. Términos como “la disputa por la nación”, “la rectoría del Estado” o la “teoría de la dependencia” han sido reemplazados por la Cuarta Transformación, la austeridad republicana y las reglas del T-MEC. Para las generaciones más jóvenes, las crisis de 1995 o 2008 resultan más tangibles que la de 1982, y aunque aún resuenan los ecos de 1968, las luchas de la época de mi padre les resultan debates desconcertantes en un mundo internacional completamente distinto’. (p. 20)

Yo suelo explicar a mis alumnos que el siglo XX mexicano, en términos de su dialéctica política, se explica en función de tres grandes nacionalizaciones: Petróleo, Industria eléctrica y Banca; son las decisiones estratégico-estatales que amarran el período del nacionalismo económico analizado por López-Portillo Romano. Veamos ahora cómo desarrolla el argumento, cómo explica la articulación de las transiciones entre una y otra gran transformación y cómo explica la responsabilidad e importancia de la clase política para la conducción en cada una de ellas. La lectura de Tres crisis. Nacionalismo, Neoliberalismo, Era Tecnoeconómica promete y mucho.

Publicación original de El Independiente