GAP Andrés Molina Enríquez

Hoja de Acción No. 1

Agosto 21 | 2020.

El GAP Andrés Molina Enríquez nace como plataforma de articulación política de un grupo de mexicanos que convergen generacionalmente en una coyuntura histórica de reconstrucción nacional de gran envergadura, madurada durante los últimos treinta años y que se nos ofrece hoy como expresión de un conjunto de luchas políticas y sociales diversas, la mayoría de ellas –aunque no todas– provenientes de los sectores de la izquierda política nacional –las otras provienen de sectores de la burguesía nacionalista y democrática, del empresariado patriótico, o de la derecha social o socialista–, y que encuentran en la figura y liderazgo de Andrés Manuel López Obrador su síntesis más potente y nítida, del mismo modo en que la Revolución de Ayutla se resume en la de Juan Álvarez y la de la Reforma en Benito Juárez, y que fueron vistos por Molina Enríquez, precisamente (La Reforma y Juárez, 1906), como puntos de conexión del vector que inicia su trayectoria con el otro punto fundamental: el de la tendencia de Chilpancingo de José María Morelos y Pavón, eslabonando entre los tres el proceso de organización republicana de México durante el siglo XIX hasta el porfiriato, dejando para la posteridad un sentido orgánico de patria y de nación que, siempre que se quiera reconocer, llega todavía hasta nosotros.

Contemplando el proceso actual a esa escala de implicación, y en esa misma intensidad en cuanto a su dramatismo histórico en un sentido de análisis, por ejemplo, como el de Luis Cabrera, el GAP Andrés Molina Enríquez quiere contribuir con decisión en la dinámica de formación y promoción de cuadros y liderazgos políticos, económicos y gubernamentales, así como lo quiere hacer también en el campo de la batalla de ideas –que consideramos esencial–, conscientes de que el proceso en marcha sólo puede encontrar estructura, cauce, estabilidad y durabilidad en el tiempo a condición de que la gran transformación en litigio pueda verse acompañada por la agrupación y formación, a escala generacional –volvamos a decirlo–, de cuadros políticos y empresariales bien formados y coherentes, sistemáticos y eficaces, que sepan ser hombres y mujeres de estado, pero también, y fundamentalmente, de nación.

Además de esto, y teniendo en cuenta la divisa de Vasconcelos según la cual un pueblo paga muy caro el no saberse dar a respetar, el GAP Andrés Molina Enríquez considera central el principio de que una nueva clase dirigente debe estar marcada por las virtudes cívicas de la honestidad, el patriotismo y la probidad –en el entendido de que sólo hay dirección con liderazgo intelectual y moral, sin ellos, lo que hay es dominación–, sobre todo de cara a la evidente degradación moral de sectores muy puntuales de la clase política mexicana que nos gobernó durante los últimos veinte o treinta, y que nos remite a criterios de problematización platónicos o aristotélicos relativos a la manera en que las formas de gobierno se degeneran y regeneran cíclicamente, viniendo a terminar por envilecer el oficio de la política que nosotros revindicamos con firmeza porque lo sabemos necesario para la conducción de pueblos, estados y naciones, pues es la de la política –que por definición es estratégica, arquitectónica y prudencial– la única escala que hace posible calibrar los movimientos tendenciales y generacionales que determinan la trayectoria y ritmos de la historia.

Partiendo del hecho de que todo movimiento político es plural, diverso y hasta internamente contradictorio, el GAP Andrés Molina Enríquez se sitúa en una perspectiva política aristotélica, pero también maquiavélica y gramsciana, esto es: prudente, estoica, intelectualmente rigurosa y realista, defensora del sentido común que, más que del vedetismo “ultra-crítico”, indignado y sensible de estirpe burgués-progresista, brota del terreno fértil de la vida nacional-popular, y defensora también de la tradición política y racionalista occidental, hispanoamericana y nacional –en ese orden–, a partir de la cual queremos empujar el proceso en marcha hacia la construcción de un destino mejor en donde las grandes mayorías, y no una pulverización de minorías descoordinadas y desconectadas las unas de las otras –que es hacia donde conduce el pensamiento oligárquico, pero también el progresismo postmoderno y la tiranía de la corrección política, funcionales los dos últimos al primero–, puedan y quieran reconocerse en la búsqueda y construcción, en definitiva, de un proyecto común republicano, digno, generoso y racional –sobre todo racional–, de engrandecimiento de la patria.

GAP Andrés Molina Enríquez

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