Carta del Director

En el inicio del segundo ciclo académico de la Facultad de Filosofía de León 2017-2018.

Desde su concepción originaria hace año y medio exactamente, y esbozada en una serie de conversaciones entre Oviedo, León Guanajuato y la Ciudad de México, la Facultad de Filosofía de León figuró siempre como el proyecto más importante para Gustavo Bueno Martínez, el filósofo de mayor entidad que produjo España durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, y de los más grandes de todos los tiempos. De alguna manera, y por razones históricas muy particulares, la edificación de todo esto se le manifestaba como la maduración de una tradición de gran alcance y envergadura, que abarcaba siglos, y que habría de cristalizar por fin, como terminó ocurriendo, en América. Tomemos nota de esto, porque en este emprendimiento del que formas parte, a pesar de su juventud si se mide en términos de su puesta en marcha aquí en León –el año y medio en cuestión-, se resumen muchos siglos de tradición intelectual, que son los que le dan la solidez a su estructura, y la potencia de su proyección histórica.

Habiendo renunciado desde hace muchos años a salir de España por razones familiares, había hecho Bueno una única y última excepción, siendo así que, efectivamente, se organizó la realización de un viaje suyo a esta ciudad, en marzo de 2016, para impartir lo que sería su última conferencia magistral fuera de Europa, a la que se solía referir como la Conferencia de León. La puesta en pie de nuestra Facultad como un desdoblamiento de su sistema filosófico, haciendo de México la sede de tal acontecimiento, era razón suficiente y necesaria para  la decisión tomada. Un día antes de partir cayó enfermo, para morir algunas semanas después con casi noventa y dos años en su casa de Niembro, Asturias, un 7 de agosto de 2016. Al día siguiente, la Facultad de Filosofía de León inició formalmente sus actividades académicas, con un evento inaugural en el Teatro Aurora del Instituto Oviedo. La singular y exacta y hasta cierto punto desoladora coyuntura, nos hizo recordar aquéllas palabras de T.S. Elliot, que de alguna manera nos resumían lo que estaba ocurriendo: ‘en mi fin está mi principio’.

Para la preparación de la Conferencia de León, había estado Bueno revisando distintos estudios críticos sobre el Popol Vuh, la Crítica Filosófica de Emeterio Valverde Téllez, de 1904, y la Historia del Nuevo Mundo de Juan Ginés de Sepúlveda. Las notas y boceto son ahora parte del acervo bibliográfico de nuestra Facultad, como obsequio de gran simbolismo por parte de la Fundación Gustavo Bueno. Además, y recíprocamente, un busto suyo -obra del escultor madrileño Oscar Alvariño- preside nuestra Biblioteca desde el Jardín de las Esculturas, como señal de patrocinio y dirección histórica.

Para Gustavo Bueno, la filosofía solamente vale si te permite hacer inteligible tu presente; si te ofrece un mapamundi en donde queden cartografiados sus problemas fundamentales, así como las líneas maestras de sus principales rutas ideológicas, políticas y tecnológicas. De alguna manera, podríamos decir con él, y tal como se solía pensar en la época del Imperio romano, o como también lo pensaban Balzac o Napoleón, que tener una imagen del mundo -la imago mundi– es tener poder sobre él.  Esta es la divisa y consigna que guían, en su totalidad, los trabajos de esta Facultad, que el día de hoy inicia, en efecto, su segundo año de actividades académicas. Bienvenido seas.

Ismael Carvallo Robledo

León, Guanajuato, México. Agosto, 2017.

ICR GBM IVAN y LINO

Ismael Carvallo, Gustavo Bueno, Luis Iván Carvallo y Lino Camprubí.

Niembro, Asturias, España.