Ismael Carvallo Robledo.

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  1. ¿Cómo evaluar o ponderar el lugar y peso de estas dos naciones históricas en el concierto mundial de nuestro presente? Algunas consideraciones.

  1. Hegel incorpora toda la plataforma europea de occidente al orbe germánico, que se mueve, como se sabe, según un sistema de desplazamiento histórico constante, vivo y dramático que va de este a oeste: mundo oriental, mundo griego, mundo romano, mundo germánico. Para él, el germanismo es la filosofía dentro del cristianismo, y el mundo germánico hizo con la Europa cristiano-latina lo que el mundo griego hizo con el mundo romano: conquistarlo internamente.

Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Edición de Revista de Occidente, Madrid, 1974, traducción de José Gaos. Cuarta parte. El mundo germánico:

‘El asiento del imperio germánico es la Europa occidental. La historia universal entra aquí en un teatro enteramente nuevo, que César le abrió. En el Nordeste de Europa se han establecido los eslavos, de cuyo origen sabemos poco. Los encontramos en la ribera del Elba, a lo largo del Saale, a través de la Turingia, hasta el Danubio y al Sur de ella, Danubio abajo; y hasta en las riberas del Rin. Entre ellos se han deslizado los húngaros. Esta masa de eslavos se ha establecido junto a los germanos; pero este elemento aún no figura en la serie de la evolución del espíritu, y no necesitamos detenernos en él…Los pueblos germánicos han ocupado el resto de la Europa occidental. El cristianismo los une.’ (pp. 567 y 568).

‘El mundo germánico recibió ya hechas la cultura y la religión romanas. Existía, sin duda, una religión germánica y nórdica; pero no había echado raíces firmes en el espíritu. Nos han sido conservadas tradiciones míticas del Norte; pero no sabemos dónde estas representaciones tienen propiamente su patria y hasta dónde se extienden. La religión cristiana, que los germanos adoptaron, se había convertido en un perfecto sistema dogmático, por obra de los concilios y de los padres de la Iglesia, que poseían toda la cultura del mundo grecorromano, en especial la filosofía; y la Iglesia se había convertido en una perfecta jerarquía. La Iglesia opuso asimismo una lengua totalmente constituida, la latina, a la lengua nacional de los germanos. El mismo exotismo había en el arte y la filosofía. Lo conservado de la filosofía alejandrina y de la lógica aristotélica en las obras de Boecio y otros, fue todo lo que hubo en Occidente durante muchos siglos. Lo mismo pasaba con la forma de la soberanía temporal; los príncipes godos y otros príncipes se hacían llamar patricios de Roma; y más tarde se restableció el Imperio romano.’ (p. 568).

  1. Francia y Alemania (antiguas galias y Germania romanas) son herederas de la plataforma cristiano carolingia medieval. Carlomagno instala su imperio en Aquisgrán a principios del siglo IX en posición de repliegue geoestratégico contra el avance musulmán. La invasión musulmana de Europa tiene lugar durante el siglo VII, pero son frenados en Covadonga, Asturias, en 722 (núcleo geopolítico de la España canónica), y en Poitiers, Francia, en 732 (núcleo geopolítico de Francia).
  1. Para abundar en esto, es fundamental la obra de Henri Pirenne, principalmente Historia de Europa: desde las invasiones al siglo XVI (hay edición del Fondo de Cultura Económica) y Mahoma y Carlomagno (editado por Alianza). También es imprescindible conocer España frente a Europa de Gustavo Bueno, que tiene que ser interpretado, a mi juicio, como la contrapartida dialéctica de las Lecciones sobre la filosofía de la historia universal de Hegel: porque el mundo hispánico significa un desplazamiento histórico hacia América, que se recorta del mundo cristiano-germánico en función de la guerra contra el Islam, abriéndole paso a una cuarta gran transformación universal hispánica: Hispania romana, Hispania visigoda, Hispania musulmana, Hispania católico-americana. La realidad de las cosas es que el centro geopolítico del imperio español no estaba en realidad en Madrid, estaba en la ciudad de México.

A este respecto, considerar, desde la escala propuesta, la anotación de Jaime Torres Bodet, en Equinoccio, sobre su conversación con Fernando de los Ríos:

‘Años antes, había conocido en México a don Fernando, cuando vino a dar aquí varias conferencias. Una tarde, nos encontramos en Sanborns. Merendamos juntos. Iba yo a despedirme, al salir, pero don Fernando me dijo: “¿No quisiera usted pasear conmigo? Desearía ver nuevamente, de noche, la Catedral…” Dimos dos o tres vueltas a la Plaza de la Constitución. Y, de pronto, don Fernando me preguntó: —“¿Por qué cree usted que he venido a México?” —“Porque le invitaron a sustentar una serie de conferencias entre nosotros”, le contesté. “Sí –comentó él–, la razón aparente es ésa. Pero lo que me interesaba, sobre todo, era completar mis conocimientos acerca de la historia de España. En efecto, tres de sus mejores siglos, mi país los vivió en el suyo. Ya irá usted algún día a España, y se dará cuenta de lo que hicieron los españoles en su solar, mientras los más audaces trabajaron en Nueva España y en el Perú, o en las tierras que llevan ahora los nombres de Colombia, Cuba, Chile y Venezuela”. […] Desde mi llegada a España, lo comprobé. De los Ríos tenía razón. Se ha hablado mucho acerca del oro llevado a la península ibérica por los conquistadores. Pero España se entregó a América con esperanzas que sería injusto comparar con el interés consagrado por Inglaterra a sus posesiones en Oriente o en Occidente. Salvo excepciones ilustres, los mejores castillos y los más bellos templos de España son anteriores al viaje de Cristóbal Colón.’

Sobre todo esto hay que trabajar mucho más.

  1. Pero volvamos a Hegel:

‘Los Estados particulares en que desde entonces se divide el mundo germánico llegaron a afirmarse en el mundo por medio de múltiples luchas. España tenía su enemigo en los sarracenos, que eran en España el pueblo ilegítimo. En lucha contra este pueblo libre y grande, España ha conquistado no solo todos los monumentos de los árabes, sino también la hermosa y pura caballerosidad. En Inglaterra gobernaban al principio siete dinastías de reyes anglosajones; pero en el año 829 reunió Egberto todas las soberanías en un solo reino. Sus sucesores hubieron de aguantar numerosas invasiones y saqueos por parte de los daneses. Alfredo el Grande opuso a estos valiente resistencia. Pero el rey danés Canuto conquistó más tarde toda Inglaterra. Finalmente, Guillermo de Normandía, un solo individuo, conquistó toda Inglaterra. Desde entonces goza este país de la fortuna de estar ocupado exclusivamente consigo mismo. Francia se encontró pronto en un estado firme y fijo; no constituía, desde luego, un Estado organizado bajo un principio consecuente temporal; pero la relación temporal tenía en sí un elemento de solidez. Francia se divide en muchas soberanías temporales, pero en toda esta multiplicidad predomina el principio temporal, no el eclesiástico. La dignidad regia es algo insignificante; pero como dignidad temporal es sólida y precisamente por ser al principio insignificante pudo hacerse más fácilmente hereditaria. Hacia afuera poco tuvo Francia que hacer. Más bien llevaba en sí misma la materia para las guerras bajo la forma de hostilidades de unos príncipes con otros.

‘Muy distinta era la situación de Italia y de Alemania. La determinación de estos países era la de caer hechos pedazos o por lo menos de caminar hacia esa su caída. En cuanto que aparecen complicados en el destino de un conjunto, resulta este destino cada vez más vacuo, hasta que por último desaparece. En Italia no había existido nunca unidad de dominación. La rígida fragmentación del intelecto, que con abstracción romana se manifiesta en la racionalidad de la Iglesia, produce por una parte individualidades bellas, pero por otra parte, en cambio, provoca la más desenfrenada sensualidad. Como suelo del mundo antiguo, conserva Italia el elemento natural. Así, después de la caída del imperio franco, surgen en este suelo las mayores escisiones. Alemania tiene un destino paralelo al de Italia; pero lo peculiar de su historia consiste en la duplicidad siguiente: referirse a Italia y tener en esta –y en segundo lugar en la Iglesia- su contrario. Sobre el terreno de esta interior división se produce principalmente la segunda reacción, la de los individuos contra el poder legal. (pp. 606 y 607).

  1. A mitad del siglo IX, en el Tratado de Verdún (843), se fragmentaría el imperio carolingio entre los herederos de Carlomagno: al este del imperio, Alemania; al oeste, Francia.
  1. En las etapas moderna (siglos XVI al XVIII) y contemporánea (siglos XIX al XXI), tienen lugar en ambas naciones procesos de alta condensación histórico-política e ideológico-religiosa de la que se derivarían dos dialécticas de transformación revolucionaria del mundo occidental:

Por cuanto a Alemania:

  • La Reforma protestante de Lutero (siglo XVI) significaría una revolución político-religiosa que produciría la fractura del sistema geopolítico cristiano-latino, con consecuencias de larga duración en tanto que de tal fractura se habría de derivar sin retorno la polaridad religiosa del occidente europeo dada entre protestantismo y catolicismo (con línea de fractura entre España y Alemania), que se añadiría a la polaridad en el oriente europeo dada previamente entre cristianismo romano-latino y cristianismo greco-ortodoxo (con línea de fractura entre Polonia y Rusia).

Hugo Ball, en Dios tras Dadá. Las consecuencias de la Reforma y “Teología política de Carl Schmitt” (Editorial Berenice, 2013), dice:

‘El Sacro Imperio Romano Germánico fue destruido por Lutero. La ciega pasión de este atrevimiento todavía nos acongoja. Con la separación de Alemania de Roma, Lutero creó las condiciones para la independencia del feudalismo alemán. Con ello regalaba a los príncipes alemanes la ideología necesaria para esa autoarrogancia egocéntrica que creció en las mentes de los heraldos del imperio, como Trietschke y Chamberlain, hasta el delirio. Después de la Reforma, les fue imposible a los Papas doblegar el poder alemán bajo su custodia espiritual. Con Lutero se marca el final de la universalidad religiosa de Alemania.’

  • La revolución nacionalsocialista de Hitler (siglo XX) significaría una revolución político-económica e ideológica mediante la que se habría de verificar la formación nacional alemana capitalista en medio de la crisis del sistema democrático liberal y burgués europeo, y contra la otra alternativa geoestratégica de organización económico-política e ideológica: la Unión Soviética.

La obra crítica de Hugo Ball es imprescindible para estos efectos de clarificación histórica sobre Alemania.

Por cuanto a Francia:

  • La revolución ideológico-doctrinaria del cardenal Richelieu (siglo XVII), primer ministro de Luis XIII, consistente en haber sustituido la prioridad de la unidad religiosa (él era Cardenal de la Iglesia católica) por la prioridad de la unidad político-estatal de Francia (razón de Estado), habiendo decidido, en medio de las guerras de religión, aliarse con los protestantes en función de su estrategia de atacar y debilitar el poder de la Casa de Austria (Habsburgo) de España (rivalidad iniciada entre Carlos V de España y Francisco I).
  • La revolución francesa (siglo XVIII y XIX). Proceso de estatuto universal llamado a influir en la organización ideológico-política mundial a partir del siglo XIX, habiendo dado el corte definitivo entre el Antiguo Régimen y el Nuevo Régimen, caracterizado –este último- por la transformación del estado monárquico con soberanía dinástica (Antiguo Régimen) en estado-nacional con soberanía popular e igualdad ciudadana (Nuevo Régimen).
  1. Con el remate geopolítico que Napoleón da a la revolución francesa, se activa la reacción y revolución nacional y nacionalista en el resto de Europa a lo largo de todo el siglo XIX (guerras napoleónicas y organización nacional en Italia, en Alemania, en España), que termina convirtiéndose –el XIX- en el siglo liberal por antonomasia.
  1. Del triunfo alemán en la guerra franco-prusiana (1870-1871) se derivaría la disolución del segundo imperio francés y la procedente proclamación del Imperio Alemán (el II Reich).

Paradojas históricas.

  1. La gran paradoja del siglo XXI consiste en que, habiendo sido prácticamente el enemigo vencido (y a vencer) durante las dos guerras mundiales del siglo XX, Alemania arranca, en este primer cuarto del siglo XXI, como la gran potencia geopolítica y económica de Europa y, por tanto, del mundo occidental, y como una verdadera triunfadora del siglo pasado. El otro gran triunfador es China.
  1. Habiendo tenido un origen común configurado en antagonismo directo con el islam (la plataforma carolingia del siglo IX), Francia y Alemania son hoy de los países con mayor población musulmana en Europa, y los atentados más recientes en Francia (Charlie Hebdo, ataques de París de noviembre de 2015), en tanto que derivación directa del conflicto entre el fundamentalismo islámico y el occidente cristiano, pone en primer plano la dialéctica entre religiones como plataforma constitutiva, de origen medieval, de las naciones modernas.
  1. En este sentido, es imprescindible reconstruir la historia universal, sobre todo en lo que atañe a lo acontecido durante la Edad Media, para ponderar a una nueva luz, parafraseando a Ball, las consecuencias de la Reforma y las de la Contrarreforma en el mundo occidental. Frente a Francia y Alemania, España y su mundo, para decirlo con John Elliott, levanta una arquitectura de repercusión y alcance universal, que es lo que hizo –quizá- decir a Marx que, a principios del siglo XIX, “España no podía seguir la moderna moda francesa de hacer una revolución en tres días”. Ver, para los efectos, ‘Horas de estudio’, en El Catoblepas  (http://nodulo.org/ec/2015/n155p04.htm).

Enero, 2016.