Ismael Carvallo Robledo.

cerámica poética

  1. La sistematización filosófica que sobre la poética se estableció como canónica en la historia es la realizada por Aristóteles. Nuestro ejemplar es la Poética, versión española de Juan David García Bacca, Biblioteca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana, UNAM, México DF, 1946.
  2. Para Aristóteles, póiesis significa producción artificial. Poeta es, por tanto, artífice, y toda obra poética es, precisamente, algo artificial.
  3. Pero no queremos circunscribir estas consideraciones al ámbito desde el que se entiende a la póiesis como referida exclusivamente al dominio de las palabras –a la poesía- sino a toda producción artística: escultura, pintura, etc.
  4. Dos cuestiones fundamentales a tener en cuenta: Aristóteles distingue en la Física dos tipos de seres: 1) los seres naturales (que proceden de la naturaleza o naturalmente) y 2) los seres artificiales o técnicos (que proceden de la técnica o del artificio).
  5. Consideración previa: toda entidad es para Aristóteles el resultado de la conjugación de cuatro causas: causa material (materia), causa formal (forma), causa eficiente (principio o agente creativo o de creación) y causa final (propósito final de la entidad en cuestión).
  6. Ejemplo: una estatua, pongamos por caso el David de Miguel Ángel. Causa material: el mármol; causa formal: la figura de David; causa eficiente: Miguel Ángel; causa final: el embellecimiento de la plaza donde se coloca la estatua, como puede ser la de Florencia.
  7. Entonces:
  • En los seres naturales las cuatro causas están conectadas de manera innata. Por ejemplo, una planta o un ser humano.
  • En los seres artificiales las cuatro causas están desconectadas: el David no surge naturalmente, es necesaria la acción de Miguel Ángel, que actúa con un plan preestablecido. De un árbol no surge naturalmente una mesa, como sí surgen sus ramas; pero para la mesa es necesario el carpintero, la técnica, el artificio.
  1. De lo anterior se deriva que la póiesis se configura en el ámbito de los seres artificiales, porque para su configuración real no basta con sus determinaciones naturales, es necesaria la técnica y la intervención humana: el poeta o creador (causa eficiente) actúa sobre una materia (causa material) dada para darle una forma (causa formal), según un propósito final (causa final) preestablecido.
  2. Pero la cuestión no es tan sencilla, porque aunque, en efecto, la póiesis se recorta en el ámbito de los seres artificiales, la acción “poiética” es también natural. ¿Por qué? Porque la característica fundamental de la póiesis es la imitación o mímesis, y el hombre imita por impulso natural.
  3. La revolución histórica fundamental -el escándalo de la historia- vino con el cristianismo, pues ocurre que, desde la concepción cristiana del mundo, todas las formas y toda la materia son creación divina. La causa eficiente del mundo es Dios, que resulta ser, dicho en términos cercanos a nuestro propósito, el poeta de poetas, que, para más escándalo, resulta ser que se hace también hombre. El hijo del hombre es también el hijo de Dios, y se encarna en la segunda persona de la trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto es una blasfemia para judíos y musulmanes, que por la herencia arriana, no le reconocen estatuto divino al Hijo. De aquí se derivaría la disputa histórico-universal entre el cristianismo, el judaísmo y el islam. En ese sentido, los cristianos son, de alguna manera, materialistas, porque con la encarnación Dios es corpóreo. Esta es la clave filosófica del sacramento de la eucaristía.
  4. La Edad Media es un período organizado en función de esta revolución ontológica fundamental. La Iglesia es el lugar de la salvación. La fe es la vía. El arte cristiano permite representar al Hijo, que es Dios desdoblado en una de sus tres personas, y a la santidad. Ni protestantes ni musulmanes pueden hacerlo. Hegel dirá luego, precisamente, que la religión es lo absoluto en la representación. E. H. Gombrich dice, en The story of art, que ‘la cuestión se planteó pronto en los términos de si la pintura como tal podría o debería de continuar. Esta gran crisis llegó con la Reforma. Muchos protestantes se oponían a que se pintaran o esculpieran santos en las iglesias, y las consideraban como signo de idolatría papal. De este modo los pintores de las regiones protestantes perdieron su mejor fuente de ingresos: la pintura de altares’.
  5. Pero con la secularización del mundo occidental, en el período que ha sido caracterizado y situado históricamente como el de la modernidad, ocurre una traslación fundamental en cuanto a la poética de las cosas del mundo. La idea de la gracia se transforma en la idea de cultura de los románticos alemanes (Gustavo Bueno, El mito de la cultura, 1996; disponible en http://fgbueno.es/gbm/gb1996mc.htm). El poeta fundamental ya no es Dios, es el hombre mismo: su agente es el artista, el poeta, que habita, como su soberano, el reino de la Cultura. (Ver, para los efectos, ‘Cuanto miren los ojos creado sea’, El Catoblepas, 140, octubre, 2013: http://nodulo.org/ec/2013/n140p04.htm).
  6. La inversión teológica habría consistido no ya en ver, como en la Edad Media, al mundo desde Dios, sino en ver a Dios en el hombre. El hombre hizo a Dios a su imagen y semejanza, habría dicho Feuerbach, invirtiendo la tesis bíblica. El romanticismo es la exaltación de la sensibilidad del hombre creador del mundo. (Gustavo Bueno, Ensayo sobre las categorías de la economía política, 1972, disponible en http://fgbueno.es/gbm/gb72cep.htm).
  7. Marx haría la conjugación fundamental y explosiva del mundo moderno por cuanto a lo que a la configuración poética de la realidad concierne, al haber hecho una operación de alta abstracción ontológica para llegar a la conjugación de la idea de objetivación de la filosofía clásica alemana, sobre todo en función de Hegel: arte (lo absoluto en la intuición sensible), religión (lo absoluto en la representación) y filosofía (lo absoluto en el concepto), con la idea de fabricación de la economía política inglesa, y hacer de la idea de producción, así, la idea ontológica central del mundo moderno. El libro fundamental para estos efectos es el de los Ensayos materialistas de Gustavo Bueno, de 1972, que tiene una relevancia histórico-universal comparable solamente a la Fenomenología del espíritu de Hegel o El Capital de Carlos Marx. Disponible en http://fgbueno.es/gbm/gb1972em.htm.
  8. En este sentido, acaso pueda ser posible plantear, como posible ruta de discusión o hipótesis de trabajo, que Marx reconstruyó los fundamentos ontológicos de la poética del mundo moderno tal como Aristóteles lo hizo en el mundo antiguo, tanto en su Física como en su Metafísica y en su Poética. La diferencia es que la época de Aristóteles (siglo IV a.C.) era una en donde el mundo no era controlado todavía por la técnica, mientras que la de Marx (siglo XIX) era una en la que estaba comenzando a ser posible el control absoluto del mundo por medio de la técnica, y en la que “la ciencia se ha convertido en un poder productivo directo”, para ponerlo en sus palabras. La advertencia de esto es lo que lo llevó a decir, precisamente, y aquí venimos al caso en lo relativo a la poética conectada ahora sí con la tragedia -concebida por Aristóteles como la imitación de una acción perfecta cuyo principio ético fundamental es el esfuerzo, y no la villanía- que con el invento de la pólvora no podrá ser posible jamás nunca volver a escribir otra Ilíada.