De tener tiempo y vida. Esquema de trabajo.

Ismael Carvallo Robledo

libros viejo

Had we but world enough and time. Andrew Marvell. Epígrafe de Mímesis, de Eric Auerbach.

Adquisiciones recientes. Diciembre 20, 2015. Ciudad de México.

Filosofía.

Ciencia y filosofía en la Antigüedad. Benjamin Farrington. Ariel, Barcelona, 1981. Un clásico que me faltaba en mi biblioteca.

Índice:

I. Egipto y Mesopotamia.

II. Los orígenes de la ciencia griega. I. Las escuelas jónicas.

III. Los orígenes de la ciencia griega. II. Las escuelas italianas.

IV. El atomismo.

V. La medicina griega.

VI. Sócrates y Platón.

VII. Aristóteles. La restauración de la tradición jónica.

VIII. La época alejandrina.

IX. El mundo grecorromano.

X. Resumen y conclusiones.

Historia.

El siglo XX. John Lukács. El Colegio de México, México, 2015. Forma parte del proyecto “Historia mínima de” del Colmex. Interesante síntesis de este historiador de la segunda guerra mundial.

Sinopsis:

Para Lukács, el “corto” siglo XX duró apenas setenta y cinco años, desde el inicio de la Primera Guerra Mundial hasta la caída del muro de Berlín, de 1914 a 1989, repletos de acontecimientos que cambiaron el mapa político del mundo y el equilibrio de fuerzas. Las dos guerras mundiales, la guerra fría, la descolonización y la aparición de nuevos actores en el mapa político convierten este siglo en el eje de un gran cambio de mentalidad.

A principios del siglo XX, la Edad Europea ha terminado, y empieza una etapa dominada por Estados Unidos y su nuevo imperialismo. Otros factores como el aumento de la esperanza de vida, el control de enfermedades, el aumento de la escolarización, el progreso de la tecnología y las comunicaciones, y, relacionado con todo ello, el descenso de las crisis de subsistencia, se analizan también en una panorámica tan ágil como esclarecedora. Son elementos esperanzadores, tras los que se agazapan también nuevos retos y amenazas. Un libro imprescindible que en pocas páginas contiene toda una biblioteca de historia internacional.

“Este libro profundo, heterodoxo e impredecible nos brinda una perspectiva nueva sobre el comunismo, el fascismos, la democracia liberal y el nacionalismo”. Vladimir Tismaneau, Times Higher Education.

Promete muchísimo. A ser cotejado con el clásico de Hobsbawm sobre el siglo XX: Age of Extremes. The Short Twentieth Century. 1914-1991.

Literatura.

Memoria de Noa. Alfredo Conde. Alfaguara, Madrid, 1983. Narrativa gallega. Precioso texto. Hay algo en los escritores gallegos, un nervio melancólico, lluvioso, de gran belleza. Posible núcleo en Valle-Inclán, que pasa por Torrente Ballester y Cela, que se confirma -me parece- en esto de Alfredo Conde. Algo así como el mismo ritmo con el que los lagos, pareciendo inmóviles, no dejan en realidad de moverse, según cuenta Torrente Ballester en la introducción de alguna de sus hermosas obras. Es una hipótesis nada más.

Letras iniciales:

Curiosa nación la que me dió el origen y largo y lánguido camino el que hasta aquí me trajo, lleno de canciones cuya música ahora no recuerdo y abundante, aquélla, de leyendas que no se pueden contar si no es, precisamente, con el objeto de mi desmemoria. ¡Ay, si se me llenara el corazón de música!

Curiosa nación tiene que ser aquella que me dió la angustia y me dejó el ser con fragancia de hierba; largo y demorado camino, ciertamente, el que hasta aquí me trajo y macilento ánimo el que me permitió tal cosa; porque no alcanzó a llenarse de música y consintió en olvidar las leyendas cuya intuición amontona en mi ser la angustia. ¡Malditos sean! Que un sorbo de agua, en la que hirvió la digital, les sea dado; que les declinen el flujo y el reflujo de sus sangres; el ir y venir de las aguas por los riegos, la música del jilguero, la del ruiseñor del río; la del zurear de la paloma, blanca, se eleva contra el sol, y vengan así a posarse sueños y caminos entre los lirios, que allí estaré yo con mi canción amada, tamizando músicas.

Y en otra parte esto:

Por eso, jamás fue nuestra la declinante tarde, y áspero fue el lecho imposibilitado de espacios en los que delimitar el aire, sin poder estremecerse en él desde alturas de vértigo y locura. Y esa ansia la asumo y la libero en las carreteras que, sin tasa, doy por el bosque, continúo por las llanas, termino en la orilla del asfalto, subiendo y bajando empinadas cuestas, oteros dulces, trochas imposibles.

Nunca te prometí un jardín de rosas. Hannah Green. Barral Editores, Barcelona, 1974. Adquisición debida fundamental, o más bien exclusivamente al sello, hechura de Carlos Barral -del que me declaro seguidor y fan número uno, si cabe-, en este caso en su segundo proyecto luego de la escisión de Seix Barral. No conocía la colección a la que pertenece: la Breve Biblioteca de Respuesta. Barral Editores.

logo barral

Letras iniciales:

Rodaban a través de las frescas granjas, en pleno otoño, atravesando viejos pueblos cuyas calles mostraban los colores brillantes de los árboles cambiando las hojas. Hablaban poco. De los tres, el padre era el más visiblemente preocupado. De tanto en tanto decía algo entre largos silencios, cosas desatinadas e inoportunas con las cuales él mismo parecía no tener paciencia. Una vez se dirigió a la muchacha, cuya cara captó en el espejo retrovisor.

Clandestino. James Ellroy. Ediciones B, Barcelona, 2013. Adquirido exclusivamente por la recomendación que mi amigo Iker Izquierdo me ha hecho sobre la obra de Ellroy. Veremos.

A la caza de la mujer. James Ellroy. Mondadori, México, 2011. De la misma forma que el anterior, por recomendación de Iker Izquierdo.

Biografía.

Hemingway. Anthony Burgess. Salvat, Madrid, 1985. Biografía breve, con magníficas fotografías e ilustraciones. Forma parte de la Biblioteca Salvat de Grandes Biografías.

Del prólogo de José María Castellet:

Es el relato de uno de los grandes -y verídicos- mitos literarios de nuestro siglo. Carlos Pujol, en su Vida de Hemingway, que sirve de posfacio a la edición española de El viejo y el mar, señala los tres lugares de reunión en París de los norteamericanos de la tercera década del siglo: el salón literario y artístico de Gertrude Stein, la librería “Shakespeare & Company” de Sylvia Beach, en la rue de l’Odéon, y el hogar del matrimonio Pound, en Montparnasse… Hemingway descubre -en las traducciones inglesas que encuentra en “Shakespeare & Company”- a los autores rusos a los que desconocía: “Me leí -dice en París era una fiesta– Turgeniev entero, todo lo que había salido en inglés de Gogol, las traducciones de Toltsoy por Constance Garnett, y las traducciones inglesas de Chejov.

De la Introducción de Burgess:

La reputación literaria de Ernest Hemingway apenas ha disminuido en los años que han transcurrido desde su muerte. Todavía parece capaz de causar los shocks estéticos que, en unos tiempos de innovación artística, sacudieron a sus primeros lectores. Convirtió la narración en prosa en un medio físico limpio de todo lo que fuera cerebral o fantástico, apto para el héroe hemingwayano: duro, estoico, resistente, exhibiendo esa clase de valor hemingwayano que hemos aprendido a denominar “elegancia en el sufrimiento”.


De tener tiempo y vida…

 

 

 

 

 

 

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