Pensar para transformar: la teoría política frente a la realidad
Por Marcial Manuel Cruz / Frente de Cultura Popular
La validez de una teoría política no se mide por su coherencia abstracta, sino por su capacidad para explicar contradicciones sociales concretas y orientar una práctica transformadora. Desde esta premisa, el materialismo histórico permite pensar la política como una relación entre realidad, conocimiento y acción.
El sustento de toda teoría política debe estar en la realidad. Es en la vida social, con sus contradicciones históricas y materiales, donde nace lo teorético; no en el idealismo puro ni en la abstracción metafísica. Por ello, el pensamiento político abreva de condiciones históricas concretas para explicar y transformar la sociedad.
No se trata de un pensamiento puro o aislado. La teoría proviene de la práctica social y vuelve a ella como orientación para transformarla. Por eso Marx señaló en sus Tesis sobre Feuerbach (1845): Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.
El materialismo histórico es un método para comprender la realidad social, cuya vigencia descansa en su capacidad para explicar la evolución de las sociedades a partir de su base económica. Otra cosa es el marxismo como corriente política e ideológica. Hablar de método permite centrar la discusión en su valor como herramienta de conocimiento.
Así, teoría y práctica no pueden separarse. Forman una unidad en la que la práctica ocupa el lugar decisivo, porque no se trata sólo de interpretar el mundo, sino de transformarlo.
Esta distinción tiene consecuencias para valorar proyectos políticos contemporáneos. Si una propuesta parte de diagnósticos reales sobre las condiciones de vida de la población, puede aspirar a transformarlas; si se funda sólo en fórmulas abstractas, difícilmente responderá a necesidades concretas.
En la coyuntura de los comicios que viviremos en México en 2027, resulta fundamental identificar proyectos apoyados en presupuestos surgidos de la realidad histórica, y no en especulaciones efímeras o desconectadas de las condiciones sociales.
En algún momento escuché decir al presidente Andrés Manuel López Obrador algo así como que no habría de inventarse el hilo negro. Para conocer los problemas sociales, basta con dialogar directamente con la gente; de esa conversación surgen el diagnóstico y muchas soluciones, porque las personas padecen esos problemas en su vida cotidiana.
Lo anterior expresa una teoría política que proviene de la realidad y vuelve a ella para modificarla, de modo que mayores sectores de la población encuentren mejores condiciones de vida.
El ser humano no conoce de forma abstracta, sino a partir de su actividad productiva, sus relaciones sociales y su necesidad de transformar la naturaleza. El conocimiento no surge al margen del mundo material, sino dentro de la práctica que lo modifica.
Teoría, práctica y transformación constituyen la praxis, proceso mediante el cual el pensamiento se realiza en el mundo material y vuelve sobre él para modificarlo. Por eso, una teoría política vinculada con la realidad no sólo explica contradicciones sociales; también orienta la acción necesaria para superarlas.
Esto, y no menos, esperamos de los políticos de nuestro país; es decir, necesitamos aquellos con fortaleza teórica que sustente la acción, congruentes con la realidad y las verdaderas necesidades de la gente.
Pensar para transformar: la teoría política frente a la realidad
Por Marcial Manuel Cruz / Frente de Cultura Popular
La validez de una teoría política no se mide por su coherencia abstracta, sino por su capacidad para explicar contradicciones sociales concretas y orientar una práctica transformadora. Desde esta premisa, el materialismo histórico permite pensar la política como una relación entre realidad, conocimiento y acción.
El sustento de toda teoría política debe estar en la realidad. Es en la vida social, con sus contradicciones históricas y materiales, donde nace lo teorético; no en el idealismo puro ni en la abstracción metafísica. Por ello, el pensamiento político abreva de condiciones históricas concretas para explicar y transformar la sociedad.
No se trata de un pensamiento puro o aislado. La teoría proviene de la práctica social y vuelve a ella como orientación para transformarla. Por eso Marx señaló en sus Tesis sobre Feuerbach (1845): Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.
El materialismo histórico es un método para comprender la realidad social, cuya vigencia descansa en su capacidad para explicar la evolución de las sociedades a partir de su base económica. Otra cosa es el marxismo como corriente política e ideológica. Hablar de método permite centrar la discusión en su valor como herramienta de conocimiento.
Así, teoría y práctica no pueden separarse. Forman una unidad en la que la práctica ocupa el lugar decisivo, porque no se trata sólo de interpretar el mundo, sino de transformarlo.
Esta distinción tiene consecuencias para valorar proyectos políticos contemporáneos. Si una propuesta parte de diagnósticos reales sobre las condiciones de vida de la población, puede aspirar a transformarlas; si se funda sólo en fórmulas abstractas, difícilmente responderá a necesidades concretas.
En la coyuntura de los comicios que viviremos en México en 2027, resulta fundamental identificar proyectos apoyados en presupuestos surgidos de la realidad histórica, y no en especulaciones efímeras o desconectadas de las condiciones sociales.
En algún momento escuché decir al presidente Andrés Manuel López Obrador algo así como que no habría de inventarse el hilo negro. Para conocer los problemas sociales, basta con dialogar directamente con la gente; de esa conversación surgen el diagnóstico y muchas soluciones, porque las personas padecen esos problemas en su vida cotidiana.
Lo anterior expresa una teoría política que proviene de la realidad y vuelve a ella para modificarla, de modo que mayores sectores de la población encuentren mejores condiciones de vida.
El ser humano no conoce de forma abstracta, sino a partir de su actividad productiva, sus relaciones sociales y su necesidad de transformar la naturaleza. El conocimiento no surge al margen del mundo material, sino dentro de la práctica que lo modifica.
Teoría, práctica y transformación constituyen la praxis, proceso mediante el cual el pensamiento se realiza en el mundo material y vuelve sobre él para modificarlo. Por eso, una teoría política vinculada con la realidad no sólo explica contradicciones sociales; también orienta la acción necesaria para superarlas.
Esto, y no menos, esperamos de los políticos de nuestro país; es decir, necesitamos aquellos con fortaleza teórica que sustente la acción, congruentes con la realidad y las verdaderas necesidades de la gente.
Comparte: