Conocimiento / Diccionario soviético de filosofía, 1984
Proceso socio-histórico de la actividad creadora de los hombres, que forma su saber, sobre la base del cual surgen los fines y motivos de las acciones humanas. En la historia de las formaciones clasistas, donde existe la contraposición entre el trabajo intelectual y el manual y donde la actividad creativa, que descubre y crea lo nuevo, se opone socialmente a la actividad ejecutiva rutinaria, el conocimiento por lo común constituye una función específica de quienes se ocupaban profesionalmente de una u otra variedad de la producción espiritual (actividad científica, estética, ética, religioso-moral y de otra índole). Por eso la teoría del conocimiento se ha elaborado como teoría de una actividad especial, propiamente espiritual, que se separó de la práctica (Teoría y práctica), lo cual engendró el agnosticismo y el idealismo en la intelección del conocimiento.
La teoría materialista dialéctica del conocimiento considera la actividad práctica como fundamento del conocimiento y criterio de la veracidad del saber. En los pilares del conocimiento se encuentran la influencia activa de los individuos sobre la naturaleza, la reelaboración de la substancia de la naturaleza y la utilización de las propiedades de las cosas en la producción. Uno u otro modo de actividad práctica es, al mismo tiempo, modo de comunicación entre los individuos. En los procesos laborales del tratamiento de la piedra, de los metales, &c. se reflejaban y se consolidaban las propiedades esenciales de estos objetos. Por eso la piedra o el metal aparecían ante el hombre no simplemente en forma de combinación de las cualidades externas, perceptibles por los órganos de los sentidos. Al contemplar un objeto, el hombre, diríase, “imprime” al mismo las habilidades históricamente formadas de su transformación y aprovechamiento, por lo cual este objeto aparece ante el hombre también como objetivo de su acción. Así pues, la contemplación viva de los objetos es un elemento de la actividad práctica sensorial. Se realiza en formas tales como la sensación, percepción, representación, &c. Las propiedades y funciones de las cosas, su significación objetiva, consolidándose en la actividad signalizadora y lingüística de los hombres, se convierte en significado de las palabras, con cuya ayuda el hombre crea, por medio de la actividad abstractiva del pensamiento, sus representaciones sobre las cosas, sus propiedades y manifestaciones. La actividad lógica del pensamiento se efectúa en formas tales como concepto, juicio, ilación, inducción y deducción, análisis y síntesis, &c., en la formulación de ideas e hipótesis.
Ahora bien, únicamente cuando la práctica socio-productiva confirma la coincidencia de las ideas o hipótesis con la realidad, podemos hablar de su veracidad. Lenin decía: “De la percepción viva al pensamiento abstracto, y de éste a la práctica; tal es el camino dialéctico del conocimiento de la verdad, del conocimiento de la realidad objetiva” (t. 29, pp. 152-153). Las verdades del conocimiento se verifican prácticamente no sólo en un experimento aislado especialmente organizado. Toda la actividad material socio-productiva y todo el ser de la sociedad en el curso de toda su historia concretan, ahondan y verifican los conocimientos. Siendo lo suficientemente definida como para distinguir entre la verdad objetiva y el error y confirmar la autenticidad de nuestros conocimientos la práctica constituye a la vez un proceso en desarrollo, limitado en cada una de sus etapas por las posibilidades de la producción, su nivel técnico, &c. Esto significa que la práctica también es relativa, en virtud de lo cual su desarrollo no permite a la verdad convertirse en dogma, en algo absoluto, inmutable. Únicamente el conocimiento auténtico de las leyes sociales y naturales objetivas posibilita la transformación revolucionaria de la vieja sociedad y la edificación práctica de la nueva.
Comentario crítico desde el materialismo filosófico a la entrada Conocimiento del Diccionario soviético de filosofía / Carlos Madrid, 2018
El estudio de la entrada “Conocimiento” en el Diccionario Soviético de Filosofía permite explorar la epistemología (teoría del conocimiento) y la gnoseología (teoría de la ciencia) propias del Diamat. Aunque la teoría del conocimiento no puede reducirse a teoría de la ciencia (hay conocimientos no científicos: técnicos, artísticos, filosóficos…), ni recíprocamente (las ciencias, en cuanto instituciones humanas, no se reducen a la condición de cúmulos de conocimientos), los materialistas dialécticos tienden a reducir la gnoseología a epistemología («la ciencia como conocimiento verdadero de la realidad»), contaminando esta última con trazas de adecuacionismo.
En efecto, según se dice en la entrada, la gnoseología marxista considera el conocimiento como el reflejo del mundo objetivo. Para ello se apoya en la “Teoría del reflejo”, que sostiene que los conceptos humanos son copias, retratos, reflejos, de los objetos y los procesos del mundo. Constatamos, de este modo, cómo el Diamat está preso de una concepción adecuacionista de la verdad.
No obstante, el adecuacionismo marxista se distingue del adecuacionismo clásico o ingenuo por acoger el lado activo del idealismo. A diferencia de los empiristas ingleses, los materialistas franceses o Feuerbach, Marx era consciente de que el sujeto gnoseológico no es un simple sujeto contemplativo, sino un sujeto activo. Por un lado, Marx intenta no menospreciar el papel activo del pensamiento en el conocimiento. Por otro lado, al atender a la praxis como corazón del problema del conocimiento, busca superar la estrechez del materialismo metafísico, estableciendo que el conocimiento científico no es un reflejo inerte, fotográfico, de la realidad, sino un proceso dialéctico complejo, donde la actividad productiva social aparece como un momento necesario del proceso mismo del conocer. El conocimiento y la transformación práctica de la naturaleza y de la sociedad se condicionan y penetran mutuamente. En este sentido es como habría que entender la segunda tesis marxiana sobre Feuerbach, que pone a la praxis como criterio supremo de verdad de los conocimientos adquiridos.
Pese a todo, esta teoría adecuacionista de la verdad no estaba al día de los avances científicos de su época (como sí lo estaba el positivismo de Mach o Karl Pearson y el convencionalismo de Duhem o Poincaré). En Materialismo y empiriocriticismo (1909), Lenin fustigaba a los “bufones de la ciencia burguesa”, que con su “idealismo físico” trataban de desacreditar la teoría del reflejo y hacer creer que los principios y las fórmulas científicas, lejos de reflejar la naturaleza objetiva, eran construcciones arbitrarias del espíritu humano. A su juicio, la crisis de la física de finales del XIX y principios del XX (teoría de la relatividad, teoría cuántica) había sido provocada por el abandono del materialismo.
Pero el problema de fondo era que la teoría de la verdad como adecuación, representación o reflejo no servía para explicar el desarrollo de la física. La adecuación o el reflejo, en cuanto morfismo, podemos aplicarlo cuando tanto el objeto original como el objeto copiado o reflejado permanecen a una escala corporal: así, en principio, podemos comparar el retrato o la fotografía de una persona con el original, con su busto, a simple vista. Pero no podemos hacer lo mismo con la teoría atómica o con la teoría del electrón, porque no podemos percibir los átomos o los electrones segregadamente, al margen de esas teorías y de ciertos aparatos (Bueno: 1980).
Para salvar este escollo es por lo que, desde el materialismo filosófico, se propone la teoría de la verdad como identidad sintética, que no concibe la verdad como la adecuación de conceptos o teorías con objetos o hechos, sino como la identidad entre términos de una misma clase: signos con signos, objetos con objetos, &c.
Antes de concluir el comentario crítico es de rigor dejar constancia del sesgo fundamentalista científico detectable en la entrada del DSF, por cuanto los autores pretenden dar una “explicación científica de la naturaleza del conocimiento”, lo que constituiría “una gran conquista de la filosofía científica”.
[Publicación original en Filosofía en español, Diccionario soviético de filosofía / filosofia.org]
Conocimiento / Diccionario soviético de filosofía, 1984
Proceso socio-histórico de la actividad creadora de los hombres, que forma su saber, sobre la base del cual surgen los fines y motivos de las acciones humanas. En la historia de las formaciones clasistas, donde existe la contraposición entre el trabajo intelectual y el manual y donde la actividad creativa, que descubre y crea lo nuevo, se opone socialmente a la actividad ejecutiva rutinaria, el conocimiento por lo común constituye una función específica de quienes se ocupaban profesionalmente de una u otra variedad de la producción espiritual (actividad científica, estética, ética, religioso-moral y de otra índole). Por eso la teoría del conocimiento se ha elaborado como teoría de una actividad especial, propiamente espiritual, que se separó de la práctica (Teoría y práctica), lo cual engendró el agnosticismo y el idealismo en la intelección del conocimiento.
La teoría materialista dialéctica del conocimiento considera la actividad práctica como fundamento del conocimiento y criterio de la veracidad del saber. En los pilares del conocimiento se encuentran la influencia activa de los individuos sobre la naturaleza, la reelaboración de la substancia de la naturaleza y la utilización de las propiedades de las cosas en la producción. Uno u otro modo de actividad práctica es, al mismo tiempo, modo de comunicación entre los individuos. En los procesos laborales del tratamiento de la piedra, de los metales, &c. se reflejaban y se consolidaban las propiedades esenciales de estos objetos. Por eso la piedra o el metal aparecían ante el hombre no simplemente en forma de combinación de las cualidades externas, perceptibles por los órganos de los sentidos. Al contemplar un objeto, el hombre, diríase, “imprime” al mismo las habilidades históricamente formadas de su transformación y aprovechamiento, por lo cual este objeto aparece ante el hombre también como objetivo de su acción. Así pues, la contemplación viva de los objetos es un elemento de la actividad práctica sensorial. Se realiza en formas tales como la sensación, percepción, representación, &c. Las propiedades y funciones de las cosas, su significación objetiva, consolidándose en la actividad signalizadora y lingüística de los hombres, se convierte en significado de las palabras, con cuya ayuda el hombre crea, por medio de la actividad abstractiva del pensamiento, sus representaciones sobre las cosas, sus propiedades y manifestaciones. La actividad lógica del pensamiento se efectúa en formas tales como concepto, juicio, ilación, inducción y deducción, análisis y síntesis, &c., en la formulación de ideas e hipótesis.
Ahora bien, únicamente cuando la práctica socio-productiva confirma la coincidencia de las ideas o hipótesis con la realidad, podemos hablar de su veracidad. Lenin decía: “De la percepción viva al pensamiento abstracto, y de éste a la práctica; tal es el camino dialéctico del conocimiento de la verdad, del conocimiento de la realidad objetiva” (t. 29, pp. 152-153). Las verdades del conocimiento se verifican prácticamente no sólo en un experimento aislado especialmente organizado. Toda la actividad material socio-productiva y todo el ser de la sociedad en el curso de toda su historia concretan, ahondan y verifican los conocimientos. Siendo lo suficientemente definida como para distinguir entre la verdad objetiva y el error y confirmar la autenticidad de nuestros conocimientos la práctica constituye a la vez un proceso en desarrollo, limitado en cada una de sus etapas por las posibilidades de la producción, su nivel técnico, &c. Esto significa que la práctica también es relativa, en virtud de lo cual su desarrollo no permite a la verdad convertirse en dogma, en algo absoluto, inmutable. Únicamente el conocimiento auténtico de las leyes sociales y naturales objetivas posibilita la transformación revolucionaria de la vieja sociedad y la edificación práctica de la nueva.
Comentario crítico desde el materialismo filosófico a la entrada Conocimiento del Diccionario soviético de filosofía / Carlos Madrid, 2018
El estudio de la entrada “Conocimiento” en el Diccionario Soviético de Filosofía permite explorar la epistemología (teoría del conocimiento) y la gnoseología (teoría de la ciencia) propias del Diamat. Aunque la teoría del conocimiento no puede reducirse a teoría de la ciencia (hay conocimientos no científicos: técnicos, artísticos, filosóficos…), ni recíprocamente (las ciencias, en cuanto instituciones humanas, no se reducen a la condición de cúmulos de conocimientos), los materialistas dialécticos tienden a reducir la gnoseología a epistemología («la ciencia como conocimiento verdadero de la realidad»), contaminando esta última con trazas de adecuacionismo.
En efecto, según se dice en la entrada, la gnoseología marxista considera el conocimiento como el reflejo del mundo objetivo. Para ello se apoya en la “Teoría del reflejo”, que sostiene que los conceptos humanos son copias, retratos, reflejos, de los objetos y los procesos del mundo. Constatamos, de este modo, cómo el Diamat está preso de una concepción adecuacionista de la verdad.
No obstante, el adecuacionismo marxista se distingue del adecuacionismo clásico o ingenuo por acoger el lado activo del idealismo. A diferencia de los empiristas ingleses, los materialistas franceses o Feuerbach, Marx era consciente de que el sujeto gnoseológico no es un simple sujeto contemplativo, sino un sujeto activo. Por un lado, Marx intenta no menospreciar el papel activo del pensamiento en el conocimiento. Por otro lado, al atender a la praxis como corazón del problema del conocimiento, busca superar la estrechez del materialismo metafísico, estableciendo que el conocimiento científico no es un reflejo inerte, fotográfico, de la realidad, sino un proceso dialéctico complejo, donde la actividad productiva social aparece como un momento necesario del proceso mismo del conocer. El conocimiento y la transformación práctica de la naturaleza y de la sociedad se condicionan y penetran mutuamente. En este sentido es como habría que entender la segunda tesis marxiana sobre Feuerbach, que pone a la praxis como criterio supremo de verdad de los conocimientos adquiridos.
Pese a todo, esta teoría adecuacionista de la verdad no estaba al día de los avances científicos de su época (como sí lo estaba el positivismo de Mach o Karl Pearson y el convencionalismo de Duhem o Poincaré). En Materialismo y empiriocriticismo (1909), Lenin fustigaba a los “bufones de la ciencia burguesa”, que con su “idealismo físico” trataban de desacreditar la teoría del reflejo y hacer creer que los principios y las fórmulas científicas, lejos de reflejar la naturaleza objetiva, eran construcciones arbitrarias del espíritu humano. A su juicio, la crisis de la física de finales del XIX y principios del XX (teoría de la relatividad, teoría cuántica) había sido provocada por el abandono del materialismo.
Pero el problema de fondo era que la teoría de la verdad como adecuación, representación o reflejo no servía para explicar el desarrollo de la física. La adecuación o el reflejo, en cuanto morfismo, podemos aplicarlo cuando tanto el objeto original como el objeto copiado o reflejado permanecen a una escala corporal: así, en principio, podemos comparar el retrato o la fotografía de una persona con el original, con su busto, a simple vista. Pero no podemos hacer lo mismo con la teoría atómica o con la teoría del electrón, porque no podemos percibir los átomos o los electrones segregadamente, al margen de esas teorías y de ciertos aparatos (Bueno: 1980).
Para salvar este escollo es por lo que, desde el materialismo filosófico, se propone la teoría de la verdad como identidad sintética, que no concibe la verdad como la adecuación de conceptos o teorías con objetos o hechos, sino como la identidad entre términos de una misma clase: signos con signos, objetos con objetos, &c.
Antes de concluir el comentario crítico es de rigor dejar constancia del sesgo fundamentalista científico detectable en la entrada del DSF, por cuanto los autores pretenden dar una “explicación científica de la naturaleza del conocimiento”, lo que constituiría “una gran conquista de la filosofía científica”.
[Publicación original en Filosofía en español, Diccionario soviético de filosofía / filosofia.org]
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