El Heraldo de México

La cuestión feminista III (y final): las generaciones de feminismo

El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de 1884, venía a ser según su autor, Federico Engels, el desenlace de la teoría materialista de la historia que Marx ya no pudo concluir por su muerte, en función del clásico de la antropología La sociedad primitiva, de 1877, de Lewis H. Morgan.

La clave del libro estaba en el aislamiento del factor decisivo que explica el tránsito de la barbarie a la civilización como función de la producción (economía) y la reproducción biológica de la vida (demografía). ‘El orden social en que viven los hombres en una época o en un país dados, está condicionado por esas dos especies de producción: por el grado de desarrollo del trabajo, de una parte, y de la familia, de la otra’, nos dice Engels.

La tesis era la siguiente: los lazos familiares se mantienen más fuertes en función inversa del desarrollo del trabajo, es decir, que cuanto más primitivo es éste, más sólidos son aquéllos. Al desarrollarse la economía, la familia salta por los aires para dar paso a una nueva figura, el Estado, como macro-estructura de contención de la lucha de clases a la que todos terminan sometidos.

Tendencialmente, la avalancha de la economía pulveriza a las sociedades, generando masas de individuos aislados que sólo son envueltos por esa macro-estructura que los contiene adormecidos a golpe de trabajo y consumismo, y como unidades atomizadas intercambiables en el mercado.

Las generaciones de feminismo están insertadas en este proceso de transformación epocal, que es impensable en la fase del feudalismo medieval. En su primera generación, a partir de fines del siglo XVIII, se manifiesta como lucha por los derechos civiles y políticos de la mujer, que sobre todo se expresan como apertura del mercado laboral para ellas. Es la primera mutación en el esquema de doble reproducción de las sociedades: el modo del trabajo, en donde hombre y mujer habrán de ser intercambiables indistintamente, cosa que la tecnología hace posible ya casi al cien por ciento.

En su segunda generación, a partir de 1949 (El segundo sexo de Simone de Beauvoir), la revolución sexual y la masificación de las universidades, el feminismo se manifiesta como lucha por los derechos sexuales y reproductivos, y en el límite por la transexualidad (Teoría queer), en donde la biología (el sexo etológico) se saca de la ecuación y se sustituye por el “género” como “construcción social” patriarcal. Hombre y mujer podrían ser también intercambiables según un sistema dinámico y diverso de “preferencias sexuales” “socialmente determinadas”, y por tanto modificables, además de que la función reproductiva de la mujer es puesta en duda, y, en casos radicales, denigrada como carga o lastre. Esta sería la segunda mutación en nuestro esquema doble en cuestión: el modo de la familia como unidad de reproducción biológica de la vida. Las consecuencias demográficas y geopolíticas de esto son fácilmente extrapolables. La teoría materialista de la historia sirve para analizarlas.

Publicación original de El Heraldo de México
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