GAP Andrés Molina Enríquez Historia Política

Carta a Porfirio Muñoz Ledo

Estimado diputado Muñoz Ledo:

Son muchos años los que me lleva usted, así que no puedo decir en realidad que le habla un amigo. Recuerdo que me contó que Mitterrand le dijo algo más o menos similar, sin que esto signifique que yo me sienta Mitterrand o Muñoz Ledo. Lo que sí lo puedo decir es que le habla alguien que le tiene aprecio genuino y transparente, y que desde que tiene uso de razón política le profesa también y sobre todo una gran admiración.

Déjeme contarle por cierto que, hace poco, realicé una cápsula en el Espacio Cultural San Lázaro sobre Jesús Reyes Heroles, hombre que admiré siempre y que fue una de mis primeras referencias intelectuales –hace muchos años solía irme a la Gandhi vieja a leerme enteros y con vehemencia apasionada sus libros de tapa verde con sus obras completas–, y que caractericé como la figura que mejor encarnó las virtudes del hombre de acción y el hombre de ideas, o del político intelectual tan caro a él mismo y a Antonio Gramsci como sabe usted muy bien. En varias ocasiones afirmé que, en el presente, usted es la única figura que podría presentársenos con un perfil similar en el sentido dicho, y que por eso es tan importante que contemos todos como movimiento, como sistema político y como república, con alguien como usted.  

Esta es la razón por la cual le escribo esta carta sincera, ante el riesgo tan lamentable que veo cernirse sobre nosotros bajo la forma de una escena fuenteovejunesca con usted en el centro, rebajado al nivel del fango de un rijoso, temerario e imprudente adolescente, que terminaría por dejar para la posteridad la estampa no ya de un Cicerón o un Charles de Gaulle de nuestro tiempo, o incluso la de un glorioso y honorable soldado viejo como el Malraux redactor de sus Antimemorias tan llenas de grandeza inspiradora, sino la de un testarudo, soberbio, novato y empecinado sicofante.

Desde esta admiración y respeto es que yo le pido entonces, Porfirio, que por favor recapacite. A mí me parece que la actitud y nivel de beligerancia que ha adoptado en el contexto de la disputa por la presidencia de MORENA está por completo fuera de toda proporción, pues ataca con dicterios de tipo personal que reflejan casi un resentimiento psicológico desmedido, desequilibrado y fuera de quicio, indigno de alguien como usted, difamando –muchas veces con un sentido del humor de mal gusto, anticuado, vulgar– a un compañero que ha sido leal al movimiento y a la 4T desde siempre, y amenazando también a un funcionario igualmente leal y de alto nivel con su expulsión del partido, además de insultar a todos los que hemos dedicado años a construir este movimiento desde una pluralidad de procedencias y militancias –yo por edad, ¿sabe usted?, no pude ya militar en el Partido Comunista o en el Mexicano Socialista, ni tampoco en el PRM o en el PRI, donde usted sí militó sin que, por cierto, lo haya hecho en el Comunista: ahí estamos igual los dos, no así para el caso del PRI ¿no es cierto?– con la afirmación de que usted y otros pocos son los que han creado todo esto, y que por tanto se consideran ustedes, y no sé si sus hijos y sus nietos, hágame usted el favor, dueños del movimiento y del partido.

No sabe usted, déjeme decirle, cómo detesto ese término de “los puros” con el que la prensa despistada suele hablar de ciertos personajes de la 4T, ignorantes todos –los que usan el término y los que, peor aún, se la creen– que la realidad es plural y dialéctica, y que, como dijo Lenin, la política es siempre algebraica, es decir, que es de una complejidad dinámica mucho más sutil y elaborada que la del torpe, estático y maniqueo etiquetado de izquierda contra derecha, o el de los buenos contra los neoliberales.  

Recordará usted de nuestra común admiración por André Malraux. ¿Recuerda que de hecho le dediqué la reseña que hice de la extraordinaria biografía que Olivier Todd escribió hace años? La ávida lucidez se llama mi texto. ‘Para Porfirio Muñoz Ledo. Y por el repudio de la pequeñez’, dice la dedicatoria. El repudio de la pequeñez: esa es la frase que recordaré siempre cuando usted me la dijo en aquélla entrevista para mí inolvidable e iniciática que le hice hace más de diez años, explicándome que esa fue la marca mediante la que usted y su generación conceptuaron la grandeza.

Yo no veo grandeza alguna en los ataques personales y en las amenazas que ha venido realizando usted en este proceso que a todos nos tiene ya extenuados. Tampoco veo grandeza ni magnanimidad en su negativa de acatar las reglas que movimiento e instituciones han dispuesto para destrabar el proceso de renovación de la dirigencia, y que apuntan hacia la necesidad de una tercera encuesta para desempatar lo que todos sabemos ya.

¿Pero sabe qué es lo peor? Que donde no veo grandeza sino pequeñez es en la decisión de asumir a como dé lugar la presidencia de MORENA teniendo apenas un 0.05 por ciento de diferencia respecto de su contendiente principal, Mario Delgado. ¿Y sabe a qué se debe la pequeñez? A que la foto de usted tomando las oficinas de MORENA el día de mañana no evocará la de un héroe de la revolución o de la democracia; la foto evocará la imagen de ese hombre abyecto, que es Felipe Calderón, cuando Vicente Fox, ese bufón contemporáneo, le entregó la banda presidencial entre empujones con apenas un 0.56 por ciento de diferencia respecto de su contendiente principal, Andrés Manuel López Obrador, el presidente más votado de la historia.  

La imagen no la puedo yo olvidar, pues encapsula buena parte de las claves causantes de la tragedia nacional de nuestro tiempo. No Porfirio, por favor recapacite. No nos deje esa imagen suya. No deje para la posteridad ese legado de hombre de desestabilización. Yo aprendí de usted a repudiar también la pequeñez. Déjeme seguir diciendo con orgullo el nombre de quien aprendí esa divisa, y que durante tantos años fue sin duda una de mis más grandes y luminosas fuentes de inspiración.

Ismael Carvallo Robledo

CDMX, 11 de octubre, 2020.

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