Economía política y Estado en la dialéctica de la historia. Tres teorías: Strange, Cox y Mearsheimer

I. Planteamiento general.

  1. Configurado a escala estructural a partir fundamentalmente del siglo XVII tras el fin de la Guerra de los treinta años y la Paz de Westfalia (1648), el orden geopolítico mundial (el sistema internacional de Westfalia) tiene desde entonces a los Estados soberanos (primero, dentro del Antiguo Régimen, como monarquías absolutistas con soberanía dinástica; luego, tras las revoluciones atlánticas -norteamericana, francesa e hispánico americanas- en tanto que parteras del Nuevo Régimen, como naciones políticas soberanas o de soberanía democrático-popular de régimen republicano o de régimen monárquico-constitucional) como las unidades básicas de organización tanto en el plano político institucional como en el plano de la producción y la economía política, siendo el de la dialéctica de Estados el estrato fundamental de configuración de los grandes antagonismos y de los grandes mapas de poder (la dialéctica de clases queda incorporada a la de Estados y no al revés.).

  1. Sin perjuicio de la validez de la tesis anterior (los Estados nacionales soberanos como unidades básicas del orden mundial, la dialéctica de Estados como motor histórico), es imposible negar que hay, dentro del conjunto de estados nacionales soberanos “con asiento en la ONU”, una escala todavía más alta de configuración de grandes plataformas estatales (los Estados con armas nucleares y que conforman el Consejo de Seguridad de la ONU), que unos llaman imperiales o imperialistas (desde Lenin, en su Imperialismo, fase superior del capitalismo, a Gustavo Bueno, en su España frente a Europa o su Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas), otros hegemónicas (Henry Kissinger, en su Diplomacia, Susan Strange, en su States and Markets o Robert Cox en su Approaches to world order) y otros simplemente grandes potenticas (John Mearsheimer, en su The tragedy of great power politics y también Kissinger, en op. cit.). Esta escala de grandes potencias es aquélla en la que se configuran los  grandes mapas de poder geopolítico e ideológico, y es ahí donde se definen las grandes líneas de organización de la economía política internacional tanto en lo que atañe a las fuerzas productivas, a las relaciones de producción y a la división internacional del trabajo, como en lo que atañe a la creación ideológica de necesidades y mercados de consumo.  
  1. En este contexto, se hace necesario contar con esquemas de análisis que nos permitan apreciar en perspectiva histórica y con consistencia sistemática los mapas de poder económico y geopolítico del orden internacional, para luego desarrollar desde ahí los análisis procedentes en torno de las inversiones y los flujos de capital en sectores estratégicos determinados (armamento, información, producción, etc.).

II. Tres teorías de análisis de poder geopolítico.

  1. Sustan StrangeStates and markets, Pinter, London, 1988 y 1994; Rival States, Rival Firms, Competition for World Market Shares, con John Stopford y John S. Henely, Cambridge University Press, 1991; Mad money, Manchester University Press, 1998.

Strange (1923-1998), académica británica, fue una de las más prestigiadas estudiosas de las Relaciones Internacionales y de la Economía Política Internacional, habiendo sido la suya una obra de gran peso y valor para la correspondiente consolidación de tales disciplinas. Fue profesora en la Londo School of Economics y en otras universidades de prestigio en Estados Unidos y Europa. Su obra es uno de los pilares de la llamada Escuela Británica de Economía Política Internacional.

Sistema de Susan Strange.

A. Poder relacional y poder estructural.

Esta distinción es para Strange de mayor fecundidad analítica que la habitual distinción entre poder económico y poder político. El poder relacional es el que implica una relación directa de una entidad (Estado, empresa) A para obligar a otra entidad B a realizar algo sin su necesario convencimiento o consentimiento. El poder estructural es el que tiene que ver no ya tanto con la capacidad directa de obligar o forzar una conducta determinada sino con la capacidad para diseñar y determinar la arquitectura entera (estructuras, reglas y normas, parámetros y criterios) de la economía política global dentro de la que otros estados, sus instituciones políticas, sus empresas y sus cuadros dirigentes e intelectuales (científicos, profesionistas de alto desempeño) tienen que operar. La clave del sistema de Strange es entonces la que conduce a definir las fuentes de poder estructural.

B. Fuentes de poder estructural y dialéctica mercados/estados.

Strange define 4 fuentes primarias de poder estructural y 4 estructuras secundarias de poder en la economía política internacional.

Fuentes primarias de poder estructural:

  1. La estructura de Seguridad (S): construida en función de las instituciones del Estado.
  2. La estructura de la Producción (P): constituida en función del sistema estatal e internacional de las fuerzas de producción, las relaciones de producción y la división internacional del trabajo.
  3. La estructura Financiera (F): constituida en función del sistema económico financiero y crediticio.
  4. La estructura del Conocimiento (C): constituida en función de las entidades (estados, empresas, mercados) que determinan qué conocimiento es descubierto, cómo se resguarda, y quién lo comunica a quién y en función de qué términos.

Estructuras secundarias de poder:

  1. El sistema de transportes.
  2. El sistema de comercio.
  3. El sistema de energía (que nosotros, a diferencia de Strange, nos inclinaríamos por considerarlo como fuente primaria de poder estructural).
  4. El sistema de bienestar (programas de gobiernos).

De la matriz constituida (sobre todo en función de las fuentes primarias) se establece una dialéctica geopolítica de poder estructural global en función de dos variables fundamentales: los Estados (E) y los mercados (M).

En un libro colectivo posterior, Rival States, Rival Firms. Competition for World Market Shares (Cambridge University Press, 1991, con John Stopford y John Henley), enmarcado inequívocamente en el contexto del colapso de la Unión Soviética y a la vista por tanto de los rudimentos de una reorganización global de las armaduras de poder estructural, Strange afina sus consideraciones en torno de la dialéctica entre los Estados, los Mercados y las empresas Multinacionales que a la postre han terminado por convertirse en entidades de tanto o mayor peso y potencia económica y geopolítica que algunos Estados. Esto ha traído como consecuencia un replanteamiento de lo que es la Diplomacia, la Competencia global, y la organización de los gobiernos de los Estados del sistema internacional (en cuanto a políticas económicas, monetarias, comerciales, sectoriales y de propiedad a escala nacional), con repercusiones concretas en los sistemas ideológicos mediante los que se da cobertura y sentido armonizador a las contradicciones internas en los respectivos regímenes políticos en el momento de quedar en cuestión la legitimidad y funcionalidad de la democracia como sistema por excelencia de organización política y como, según célebre tesis de Fukuyama, fin de la historia.

  1. Robert W. Cox. Approaches to World Order, with Timothy J. Sinclair, Cambridge University Press, 1996; Production, power, and world order. Social Forces in the Making of History,   Columbia University Press, 1987.

Robert W. Cox (1926) es un reconocido economista político canadiense cuya obra, junto con la de Susan Strange, es considerada como constitutiva de la Escuela Británica de Economía Política Internacional. Ha sido profesor en varias universidades dentro del sistema anglo-británico de ciencias sociales, y fue director del International Institute for Labour Studies de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de 1965 a 1971. Cox es reputado como el pionero en la labor de incorporación del sistema de Antonio Gramsci en el estudio de las relaciones internacionales y la economía política internacional en el mundo académico anglo-británico, considerado por tanto como uno de los padres de la corriente neo-gramsciana de Economía Política Internacional.

Sistema de Robert W. Cox.

A. El materialismo histórico como teoría crítica y marco de análisis de cambios estructurales.

Para Cox, situado en una perspectiva crítica materialista y neo-gramsciana, la acción estatal no es nunca libre sino que está determinada por un marco concreto de condiciones determinadas a su vez históricamente y organizado como una particular configuración de fuerzas. El papel de la teoría crítica materialista es el de entender los cambios dados en ese marco de condiciones, que tiene la forma de una estructura histórica, una particular combinación de pautas de pensamiento, de condiciones materiales y de instituciones humanas que constituyen una armadura de hábitos, expectativas, presiones y límites para la acción política y estatal.

B. Configuración de fuerzas que determina históricamente la acción estatal y la economía política internacional.

Cox define tres categorías de fuerzas que en su interacción configuran las grandes estructuras históricas:

  1. Capacidades materialesConsideradas tanto en un sentido productivo como destructivo. En su interrelación dinámica existen como capacidades tecnológicas y organizacionales, y en su forma acumulada lo hacen como recursos naturales, reservas de equipo (industria y armamento) y la riqueza con la que puede trabajarse con todo ese material.
  2. Ideas. Entendidas en su momento de significados intersubjetivos y en su momento de organización sistemática en la forma de sistemas ideológicos  o de imágenes colectivas de orden social
  3. Instituciones. Entendidas como los medios para estabilizar y perpetuar un orden particular. Las instituciones son el reflejo de las relaciones de poder dadas en su origen y que tienden, por lo menos inicialmente, a reforzar las imágenes colectivas del orden configurado en función de esas relaciones de poder.

La interrelación entre estas tres categorías de fuerzas (capacidades materiales, ideas e instituciones) configuran estructuras de orden político e internacional que pugnan por imponerse como hegemónicas en el sentido de Gramsci, es decir, como constituidas por una conjugación específica de coerción (fuerza material) y consenso (liderazgo intelectual y moral derivado de la armonización entre instituciones e ideas).

Estas estructuras o armaduras históricas se aplican en los tres niveles fundamentales de actividad histórico-política y económica:

  1. La organización de la producción en función de las fuerzas sociales involucradas y de la división internacional del trabajo;
  2. Las formas de Estado derivadas de las distintas formas de relación entre gobierno y sociedad; y
  3. Órdenes mundiales (world orders) en tanto que configuraciones particulares de fuerzas que sucesivamente definen la problemática de la guerra y la paz entre los Estados.

Para Cox, en cada uno de estos niveles de actividad puede observarse la disputa de las distintas armaduras históricas de poder mundial, que otros, como Gustavo Bueno, llaman imperios o placas tectónicas.

Desde un esquema analítico como el de Cox puede analizarse por ejemplo el gran antagonismo histórico que definió el siglo XX: el antagonismo entre Estados Unidos y su sistema de capitalismo liberal-democrático y la Unión Soviética y su sistema socialista democrático-popular orgánico. Y lo mismo puede hacerse para analizar hoy en día el antagonismo que ahora tiene lugar entre Estados Unidos y China.

  1. John Mearsheimer. The tragedy of great power politics, Nueva York Norton and Company, 2001.

John J. Mearsheimer (1947), es un profesor norteamericano de ciencia política y relaciones internacionales en la Universidad de Chicago. Formó parte activa en las Fuerzas Armadas norteamericanas, conjugando su actividad militar con una sólida formación teórica (Academia Militar de West Point) que luego le permitió incorporarse de tiempo completo al circuito más alto de la academia norteamericana (USC, Cornell, Harvard, Council on Foreign Relations). Mearsheimer es impulsor de la teoría de las relaciones internacionales conocida como realismo ofensivo, opuesta tanto al realismo clásico de un Hans Morgenthau, al así llamado realismo defensivo de un Kenneth Waltz y al sistema teórico liberal, pacifista y democrático de las relaciones internacionales conformado por la teoría de la interdependencia económica, la teoría idealista de la paz democrática (dos sistemas democráticos no pueden hacerse la guerra) y la teoría del arbitraje de las instituciones internacionales. El alineamiento teórico de Mearsheimer lo acerca más a las teorías de un E.H. Carr (en su libro, de 1939, The Twenty Years Crisis), de un Clausewitz o, sencillamente, de un Maquiavelo, para quienes las relaciones internacionales, téngase el régimen que se tenga en cualesquier Estado, es una guerra de todos contra todos, y la guerra, lejos de las interpretaciones idealistas que la consideran como la negación o suspensión de la política (o de la diplomacia), es más bien la más alta, intensa y trágica expresión de la política.

Sistema de John Mearsheimer.

A. La anarquía y la lucha por el poder.

La espina dorsal de la teoría de las relaciones internacionales de Mearsheimer se sostiene por el principio de que lo que rige el mundo en su plano de configuración geopolítica es la anarquía. A diferencia de la organización interna de un Estado determinado, en donde puede señalarse un orden concreto, por más inestable o injusto que sea, con sus instituciones, sus leyes y su sistema de fuerza de obligar, en el plano internacional es imposible hablar de un “super-Estado”, con una única soberanía, un único sistema de leyes y, sobre todo, con un único sistema de fuerza de obligar. La ausencia de ese hipotético “super-Estado” es lo que los sistemas idealista-democrático-liberales han querido solucionar con las teorías de la interdependencia y la cooperación económica y con las del arbitraje de las instituciones internacionales. Pero la realidad histórica, a juicio de Mearsheimer, lo único que ofrece son ejemplos del hecho de que, en momentos de definición crítica, lo que decanta y precipita siempre las coyunturas fundamentales es el poder y la fuerza.

Es entonces esta anarquía la que conduce a las grandes potencias a buscar siempre y en todo momento la mayor acumulación de poder económico y militar posible, y es esta también la razón por la que, en palabras de Mearsheimer, el mundo está condenado a presenciar, en todo momento de la historia, la perpetua competencia entre las grandes potencias por la dominación (o la mayor dominación posible) mundial. En esto estriba el carácter trágico de ‘la política de las grandes potencias’, es decir, que una potencia mundial no puede hacer otra cosa más que buscar siempre mantenerse como tal, eclipsar a sus rivales y no cesar nunca de acumular poder. Pero esto no se debe a una supuesta “maldad” tanto humana como de un Estado como tal, sino, insistimos, en la anarquía que intrínsecamente define al sistema internacional.

B. Las tres teorías realistas de las Relaciones Internacionales.

Para los efectos de distinción, Mearsheimer destaca las tres más importantes teorías realistas (y sostiene además que el realismo –y el materialismo, añadiríamos nosotros- es la única manera posible de entender el mundo, no el idealismo) en el campo de estudio de las relaciones internacionales (la teoría de la naturaleza humana, el realismo defensivo y el realismo ofensivo) organizadas en función de dos cuestiones clave: a) ¿qué hace que los estados compitan por el poder? y b) ¿qué tanto poder buscan los estados?

La tabla que sigue ofrece las respuestas de Mearsheimer:

Naturaleza Humana Realismo defensivo Realismo ofensivo
¿Qué hace que los estados compitan por el poder? La ambición de poder inherente a los Estados La estructura (anárquica) del sistema La estructura (anárquica) del sistema
¿Qué tanto poder quieren los Estados? Todo lo que se pueda. Los estados maximizan el poder relativo, con la hegemonía como su fin último. No mucho más del que ya se tiene. Los Estados se concentran en el mantenimiento del equilibrio de poder. Todo lo que puedan obtener. Los Estados maximizan su poder relativo, con la hegemonía como su fin último.