Sobre Bajo el volcán

Febrero de 2014. Estoy leyendo (y a punto de acabar) por segunda ocasión esta novela poderosa y trágica, cima única, y de alguna manera aislada, de la literatura del siglo XX universal y de una complejidad absorbente e individualizada: Bajo el volcán, de Malcolm Lowry. Divina comedia moderna situada en Cuernavaca Morelos, México, en tiempos del cardenismo, que podría ser en sí misma el argumento de cualquier pasaje bíblico, y saturada de abismos bellamente descritos y trazados con delicadeza desesperada por un hombre devastado por el alcoholismo producido por el mezcal (que hay de alcoholismos a alcoholismos, supongo yo), pero cuyo pulso no tiembla al escribir sino más bien todo lo contrario: eres tú en realidad el que se hunde en su asiento al leerlo, y donde se resumen claves fundamentales de la primera mitad del siglo XX.

Después de leer esta novela sabes que algo ha ocurrido en ti. Cosa que solo sucede con las grandes obras de arte. Enigma indescifrable en realidad, además de inútil. Porque pocas cosas hay tan “inútiles” como la lectura de una novela. Pero cuando lees algo grande, tu vida cambia para siempre. Esta es la cuestión, es decir: ¿cómo puede ser posible que algo inútil cambie tu vida?

Página 156: Más allá de la casa en donde los problemas que le esperaban estaban a punto ya de encontrar enérgica solución, el día se dilataba ante él como ilimitable y maravilloso desierto ondulante al que se iba, aunque en medio de delicias, a hallar la perdición; perderse, pero no tan enteramente como para no poder encontrar los raros charcos necesarios, o los esparcidos oasis de tequila en los que ingeniosos legionarios de la condenación, incapaces de comprender palabra alguna de cuantas dijese, agitando la mano, le animarían a seguir, a pesar de estar ahogado, hacia aquel glorioso Parián, yermo donde el hombre jamás tenía sed y hacia el cual sentíase ahora hermosamente arrastrado por efímeros espejismos, más allá de los esqueletos como alambres congelados y de los leones que merodean meditabundos, hacia el ineluctable desastre personal, siempre, por supuesto, en medio de delicias; podría ocurrir, después de todo, que el desastre contuviera cierto elemento de triunfo….

La magistral traducción es de Raúl Ortiz y Ortiz.

Yo no sé quién redactó el texto de presentación de la contratapa, en la edición de Era de 1964, primera edición en español del original en inglés de 1947; yo no sé quién lo hizo, pero extrajo el núcleo esencial de esta obra magistral:

‘El Día de Muertos de 1939, en Cuernavaca, Hotel Casino de la Selva, dos hombres evocan la pasión y muerte de Geoffrey Firmin, el Cónsul asesinado en idéntico día, un año atrás. En un pueblo de México donde se dan la mano infierno y paraíso, Geoffrey trata de vivir al margen de un mundo devorado por el frenesí de la destrucción. La culpa, el desamor, la soledad lo llevaron a una embriaguez que de algún modo resulta también la del conocimiento. El origen de su infortunio es, acaso, la traición a la fraternidad –como le advierte su medio hermano, Hugh, que lucha por una República Española ya sin esperanza. Ivonne, la exmujer de Geoffrey, vuelve para rescatarlo de la absoluta consunción. Pero es inútil, el amor se gastó en medio de la vida; sólo la muerte podrá salvar al Cónsul de sí mismo. Bajo el volcán que Geoffrey no logró ascender para librarse de sus propios fantasmas, yace el abismo de la Caída, la barranca infernal. Si los demás quieren salvarse, si todavía pueden huir del gran fracaso que acecha a toda existencia, deben expulsar del jardín de la tierra (único paraíso que le fue dado al hombre) a todos lo que pretendan destruirlo.

Tragedia contemporánea, libro de una belleza y una emoción incomparables, novela que recupera las dos fuentes: el mito y la poesía, Bajo el volcán se juzga obra maestra en la narrativa de nuestro siglo. Su autor, Malcolm Lowry, es uno de los pocos escritores actuales que ha dejado tras de sí una leyenda. Nació en 1909 en New Brighton y murió en Inglaterra en 1957. Su reputación literaria cuenta entre las mayores de hoy. Bajo el volcán –que es para algunos críticos la más autobiográfica de sus obras- fue comenzada por Lowry en 1934 y reescrita en tres ocasiones antes de ser publicada en 1947.’