Y desde la desgracia

Y desde la desgracia, se recogió en sí misma, y aunque siguió viviendo entre sus campos, e iba al monte hasta con más frecuencia que antes, ya no les era próxima, sino que casi siempre se iba con el viento, con las nubes, o con los ríos de agua, a lugares tan vagos como el conocimiento que tenía de las guaridas del viento, de los puertos de las nubes, o de las tumbas de esos ríos de que no sabemos hacia dónde siguen después de salidos de los campos de nuestra visualidad.

Efrén Hernández. La paloma, el sótano y la torre.

[Foto: El ensueño. Manuel Álvarez Bravo. 1931.]