Ismael Carvallo Robledo

federica llora

[La Jefa de la Seguridad de Europa en pleno llanto.]

Se llama Federica Mogherini, y es la Alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea. Repito: la Alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea. Política de Seguridad, ¿se entiende? Cuando me enteré de lo que hizo, en la declaración urgente que desde Amman, Jordania, tuvo que hacer con motivo del atentado yihadista en Bruselas, constaté una vez más que Europa está perdida, porque está gobernada por imbéciles. Y será derrotada por el Islam. Houellebecq lo ha visualizado ya. Y está escrito. Es cuestión de tiempo nada más. Europa está perdida.

Y es que la señora lloró. Sí, Mogherini, uno de los altos mandos para la defensa y la seguridad de los europeos, lloró. Si no la han visto, busquen la escenita en internet, que pasará sin duda a la historia mundial de la pusilanimidad. De serme posible, exigiría su renuncia al instante, para que se vaya a llorar a su casa. Era indignante verla. “Creemos que el mensaje de esta conferencia, desde Amán, constante y consistentemente, es que un Islam de paz, diálogo y cooperación es lo que necesitamos en este momento… Lo dejo aquí. Hoy ha sido un día difícil”, fueron sus palabras últimas tras de las cuales, con el rostro compungido, y no pudiendo contenerse más, se soltó a llorar.

Cuatro días después del atentado, Hicham Chaib, un terrorista de nacionalidad belga que se unió junto con su mujer a las filas del Estado Islámico en 2013, difundió un mensaje por video, diciéndole a los europeos, y a Federica, en su propia cara, esto: “Miren cómo vivimos y miren cómo viven ustedes. Nosotros vivimos con dignidad, ustedes con miedo y sin dignidad”. Y Federica Mogherini llorando. Están aterrados. Y perdidos. Chaib tenía razón.

Y déjenme adivinar: Mogherini es muy seguramente de izquierda ¿verdad? Lo sabía. O tal vez sea, más bien, quizá, por qué no, progresista ¿ya me entienden? Una progre sensible, sí, se ajusta al perfil.

John Lukács ha dicho que el fin de la Segunda Guerra Mundial fue en realidad el fin de la Edad Europea, del predominio europeo en los asuntos del mundo. Las lágrimas de Mogherini confirman la tesis. La Guerra Fría fue entre la Unión Soviética y los norteamericanos. Y hoy en día las decisiones importantes las están tomando -y lo seguirán haciendo en el futuro- Putin, el Partido Comunista chino y la oligarquía de Estados Unidos, la más poderosa del planeta, mientras los europeos ponen rosas en los lugares donde se hacen estallar las bombas, matando a miles, y sus gobernantes lloran ante los ataques, en espera del siguiente, o se pelean por el aborto, el matrimonio gay y los derechos de los animales.

Rosa Luxemburgo hubiera expulsado a patadas del espartaquismo a esta adolescente sensible y blandengue, que ha denigrado la política, y a Europa, y que no sabe qué diablos es lo que está haciendo ahí, en ese cargo, cobrando millones. Y ni hablar de lo que le hubieran dicho Margaret Thatcher, o Golda Meir o el Che Guevara, cuya implacabilidad era de acero, porque entendía a la política, y a la revolución, como pura acción militar, que exige fortaleza.

¿Qué hubiera hecho la pobre de Federica de haber vivido los tiempos en que Hitler invadió Polonia? ¿Llorar también? Es la ruina, señores, es la ruina. Porque parte de la culpa es también de la estructura política, social e ideológica, cincelada durante décadas, que ha permitido que alguien como ella arribe a ese cargo, pero porque fue votada; llorando, madre mía, llorando, cuando lo que tenía que hacer era mostrar firmeza, seguridad, temple, valentía y determinación ante un ataque terrorista musulmán, orquestado por grupos que quieren destruir la civilización cristiana en la que están disueltas, todas y una por una, las verdades helénicas, transformadas luego por Santo Tomás, Hegel y Carlos Marx, y luego por Gustavo Bueno en el tránsito del siglo XX al XXI.

Es la ruina occidental, cuya cúpula ideológica nos quiere tener a todos “concienciados” con la papilla de la democracia, la tolerancia, la felicidad y la sensibilidad, que es ahora la virtud política fundamental. Porque político que llora ante las cámaras o en la plaza, llámese Barack Obama o Federica Mogherini o Pedro Sánchez, otro badulaque cursi, que, según sé, anda todo el tiempo llorando en las reuniones de alto nivel del PSOE, para ver si por fin logra ser ungido presidente del Gobierno de España; político que llora, digo, se gana al instante a las multitudes sentimentales y sensibilizadas por un sistema educativo, ideológico y mediático decadente y burgués, que ha transformado a muchos políticos, y a sus votantes, en niños de parvulario permanente, que sólo saben pedir derechos y que sólo quieren ser felices y que no quieren guerras. O que lloran ante la adversidad, como Federica Mogherini.

Un querido amigo alemán de mi padre me dijo alguna vez que, cuando el poder quedara en manos de los imbéciles, será el principio del fin. Pues bien, ese día, para Europa, llegó. Llegó tal vez hace mucho. Lo que es todavía peor. Y Europa, en todo caso, y de mí se acuerdan, está perdida.

Viernes. 1 de abril. 2016. Diario Presente. Villahermosa. Tabasco.