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Tal vez la aptitud para concebir un mito, sin permitir que éste falsee la naturaleza de los hombres en los que se encarna, sea la cualidad eminente del jefe, la que lo distingue irreductiblemente del epígono y la que explica la parte de pesimismo de todos los conductores de hombres, por generosa que sea su ideología inicial. Un Danton, un Napoleón o un Lenin no se equivocaron a la hora de valorar lo que podían exigir al pueblo, al ejército o al proletariado; por el contrario, los revolucionarios de 1848 y de 1871 sí se equivocaron en cuanto alcanzaron el poder.

André Malraux

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