La impresión fue aplastante, para ponerse a llorar. Lo vi en redes sociales. Era un cartel hablando de la defensa de Cuba pero con una foto de Greta Thumberg ocupando todo el espacio. Lo publicó uno de estos personajes que van de “intelectuales en defensa de la humanidad” –concepto cursi, ridículo y pedante hasta decir basta– celebrando el acontecimiento –mejor omito el nombre de quien lo publicó, pero dejo en actas que la pena ajena que produjo fue en verdad superlativa–, y diciendo algo así como que hay esperanza. Si Greta se involucra en esto, entonces hay esperanza. Imagínense ustedes.
Y luego la foto de esta pobre adolescente con su bufanda palestina de rigor y el gesto de amargura crónica y ceño fruncido con el que lleva fastidiando años –supongo que desde brazos la vienen adoctrinando– desde aquél insoportable perfomance de la ONU o no sé dónde en el que apareció regañándonos a todos con perspectiva de género por el daño ambiental que la humanidad ha causado. He aquí el lamentable resultado del progresismo woke de la Agenda 2030 en estado puro.
Greta Thumberg en pleno despliegue de su odio al mundo, víctima del progresismo woke de la Agenda 2030 en estado puro
Y lo peor de todo es que esto fue publicado por un veterano “de izquierda”, o eso habría que suponer. Vaya contraste: en vez de buques, tanques o armas, que en su momento fueron de hechura soviética o checoeslovaca, la Internacional Progre organiza hoy una caravana humanitaria encabezada por Greta Thumberg y un grupo de hippies e inadaptados españoles y europeos neozapatistas indignados profesionalmente contra occidente, el heteropatriarcado y el ecocidio neoliberal.
La han abandonado. La hemos abandonado. Su soporte fundamental durante años, caída la Unión Soviética, eran Venezuela y México. A ambos nos tienen acorralados. Es doloroso pero es así.
Norberto Fuentes dice en texto reciente que ‘nadie ha hecho nada por Cuba. La han dejado al garete. ¿Dónde está Rusia? ¡Y Angola, por Dios, podrida en petróleo, donde dejamos 2000 compañeros muertos por su independencia!’.
Hace diez años exactamente, cuando la visita de Obama a la isla, dijo también Fuentes que ‘garantizada la estabilidad de los vínculos internacionales gracias al restablecimiento de las relaciones con los Estados Unidos, Raúl podrá concentrar todas sus energías en allanarle el terreno a la nueva generación de gobernantes cubanos, esto es, y dicho de manera más tajante, lograr el tránsito hacia el capitalismo. ¿Quizá lo haya expresado brutalmente? Si les complace, llámenle neocapitalismo, economía de mercado o una nueva modalidad muy ingeniosa ella del socialismo a la cubana’.
Hoy ha escrito esto (mismo texto): ‘En fin, que por lo pronto los yanquis no van a invadir. Es decir —de acuerdo con las normas Trump—, que en cualquier momento lo hacen. (Nada le place más que un buen espectáculo de televisión.) Pero tratemos de ser optimistas. Esto puede dar un aire, puede acercarse a la situación que dejó Obama, y, si los cubanos son capaces de maniobrar, pueden enrrumbar por el camino chino/vietnamita. La experiencia de China y Vietnam es mejor que la experiencia de una restauración contrarrevolucionaria. Esperemos que por ahí vayan los tiros. Al final, no sería tan dramático que el capitalismo se esparciera por Cuba, si un Partido Comunista bien acerado lo utiliza y controla; el problema son esos repugnantes personajes que —desde Miami— ya se están repartiendo el pastel.’
El pivote de articulación de las negociaciones, según Fuentes, es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. Apuntemos ese nombre, que muy seguramente será el próximo líder y par cubano de Delcy Rodríguez, versión, a su vez, del modelo chino/vietnamita de transición política hacia una nueva etapa, acaso valga decir nueva época.
Mientras todo esto sucede Silvio Rodríguez ha sacado pecho y pidió su AKS-74U para morir tirando si es lo que la patria demanda, que Cuba es un país profundamente nacionalista y eso, el nacionalismo, fue lo que activó y detonó la Revolución cubana de Fidel Castro, que según Pedro Swharze cumplió tal cual lo que ofreció: una historia única, una aventura revolucionaria y hacer del suyo un pueblo con dignidad.
Ahora lo que toca es sobrevivir, extraer experiencias y buscarle un sentido al sacrificio, por aquello que por su parte dijo el Ché Guevara en Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo: la victoria es una gran fuente de experiencias positivas, pero la derrota también lo es.
La impresión fue aplastante, para ponerse a llorar. Lo vi en redes sociales. Era un cartel hablando de la defensa de Cuba pero con una foto de Greta Thumberg ocupando todo el espacio. Lo publicó uno de estos personajes que van de “intelectuales en defensa de la humanidad” –concepto cursi, ridículo y pedante hasta decir basta– celebrando el acontecimiento –mejor omito el nombre de quien lo publicó, pero dejo en actas que la pena ajena que produjo fue en verdad superlativa–, y diciendo algo así como que hay esperanza. Si Greta se involucra en esto, entonces hay esperanza. Imagínense ustedes.
Y luego la foto de esta pobre adolescente con su bufanda palestina de rigor y el gesto de amargura crónica y ceño fruncido con el que lleva fastidiando años –supongo que desde brazos la vienen adoctrinando– desde aquél insoportable perfomance de la ONU o no sé dónde en el que apareció regañándonos a todos con perspectiva de género por el daño ambiental que la humanidad ha causado. He aquí el lamentable resultado del progresismo woke de la Agenda 2030 en estado puro.
víctima del progresismo woke de la Agenda 2030 en estado puro
Y lo peor de todo es que esto fue publicado por un veterano “de izquierda”, o eso habría que suponer. Vaya contraste: en vez de buques, tanques o armas, que en su momento fueron de hechura soviética o checoeslovaca, la Internacional Progre organiza hoy una caravana humanitaria encabezada por Greta Thumberg y un grupo de hippies e inadaptados españoles y europeos neozapatistas indignados profesionalmente contra occidente, el heteropatriarcado y el ecocidio neoliberal.
La han abandonado. La hemos abandonado. Su soporte fundamental durante años, caída la Unión Soviética, eran Venezuela y México. A ambos nos tienen acorralados. Es doloroso pero es así.
Norberto Fuentes dice en texto reciente que ‘nadie ha hecho nada por Cuba. La han dejado al garete. ¿Dónde está Rusia? ¡Y Angola, por Dios, podrida en petróleo, donde dejamos 2000 compañeros muertos por su independencia!’.
Hace diez años exactamente, cuando la visita de Obama a la isla, dijo también Fuentes que ‘garantizada la estabilidad de los vínculos internacionales gracias al restablecimiento de las relaciones con los Estados Unidos, Raúl podrá concentrar todas sus energías en allanarle el terreno a la nueva generación de gobernantes cubanos, esto es, y dicho de manera más tajante, lograr el tránsito hacia el capitalismo. ¿Quizá lo haya expresado brutalmente? Si les complace, llámenle neocapitalismo, economía de mercado o una nueva modalidad muy ingeniosa ella del socialismo a la cubana’.
Hoy ha escrito esto (mismo texto): ‘En fin, que por lo pronto los yanquis no van a invadir. Es decir —de acuerdo con las normas Trump—, que en cualquier momento lo hacen. (Nada le place más que un buen espectáculo de televisión.) Pero tratemos de ser optimistas. Esto puede dar un aire, puede acercarse a la situación que dejó Obama, y, si los cubanos son capaces de maniobrar, pueden enrrumbar por el camino chino/vietnamita. La experiencia de China y Vietnam es mejor que la experiencia de una restauración contrarrevolucionaria. Esperemos que por ahí vayan los tiros. Al final, no sería tan dramático que el capitalismo se esparciera por Cuba, si un Partido Comunista bien acerado lo utiliza y controla; el problema son esos repugnantes personajes que —desde Miami— ya se están repartiendo el pastel.’
El pivote de articulación de las negociaciones, según Fuentes, es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. Apuntemos ese nombre, que muy seguramente será el próximo líder y par cubano de Delcy Rodríguez, versión, a su vez, del modelo chino/vietnamita de transición política hacia una nueva etapa, acaso valga decir nueva época.
Mientras todo esto sucede Silvio Rodríguez ha sacado pecho y pidió su AKS-74U para morir tirando si es lo que la patria demanda, que Cuba es un país profundamente nacionalista y eso, el nacionalismo, fue lo que activó y detonó la Revolución cubana de Fidel Castro, que según Pedro Swharze cumplió tal cual lo que ofreció: una historia única, una aventura revolucionaria y hacer del suyo un pueblo con dignidad.
Ahora lo que toca es sobrevivir, extraer experiencias y buscarle un sentido al sacrificio, por aquello que por su parte dijo el Ché Guevara en Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo: la victoria es una gran fuente de experiencias positivas, pero la derrota también lo es.
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