Los días terrenales

Escudo de las Américas

Marco Rubio lo tiene claro. Donald Trump lo tiene claro. Pete Hegseth también. Ellos van a lo suyo. Tienen claridad ideológica, fuerza y determinación. Firmeza. Paz mediante la fuerza es su principio, aquí en América como en el mundo entero. La interpretación materialista y realista se ajusta geométricamente, tal como lo dicen Gustavo Bueno y Spinoza: la paz es la paz de la victoria. Es la paz geopolítica, militar. La única que importa es la paz del vencedor. En la antigüedad era la pax romana y de ahí hasta la pax americana.

El profesor John Mearsheimer lo dijo hace unos pocos días en la Graham School de la Universidad de Chicago (busquen el video en Youtube) cuando se le preguntó sobre el excepcionalismo norteamericano, respecto del que vino a decir más o menos que esas son patrañas idealistas. ‘Veo muy difícil’, dijo más o menos, ‘que Estados Unidos pueda ser considerado como un país noble. Creo que somos un país increíblemente despiadado. La cantidad de asesinatos y violencia que hemos creado alrededor del mundo es increíble’.

Y luego cita el artículo publicado en agosto del año pasado en The Lancet (que puede encontrarse con la referencia “Effects of international sanctions on age-specific mortality: a cross-national panel data analysis”), en donde se afirma que una medición de muertes causadas por las sanciones aplicadas por Estados Unidos contra 152 países entre 1971 y 2021 llegaba a la cifra de 38 millones de personas, para continuar preguntándole a su audiencia si eran capaces de comprender el significado de lo que le han hecho a Cuba o Venezuela mediante las sanciones, que en pocas palabras tienen y han tenido como objetivo matar de hambre a millones de personas, ‘infligiendo un castigo tremendo para producir sufrimiento y luego provocar el levantamiento contra sus gobiernos’, fueron sus palabras para continuar diciendo acto seguido: ‘¿comprenden que esto es lo que se está haciendo en Venezuela…?’.

Pero ya digo que ellos van a lo suyo. Y así ha sido durante décadas si no es que siglos, por lo menos desde 1823 cuando se perfila la Doctrina Monroe. Un imperio es un imperio y ejerce su poderío hasta donde otro imperio se lo permite. El motor de la historia es la dialéctica de imperios a la que se subordina la de estados y luego, por su través, la de clases. Ahí es donde aparece nuestro drama.

En el reciente evento de presentación de la coalición Escudo de las Américas en Doral Florida, Donald Trump habló con la claridad y determinación que lo caracteriza, avisándoles a todos los presentes que no le interesaba aprender nuestro maldito idioma.

Lo tienen claro y así lo debemos de asumir. El Escudo, según dicen, está hecho contra los cárteles, cuyo origen e instrumentalización nunca he terminado de comprender. A veces me parece que son dispositivos de desestabilización paramilitar que se activan y direccionan como comodín geoestratégico cuando un gobierno estorba, y que al hacerlo es entonces vinculado o asociado al crimen organizado. Tal es el caso del expediente Noriega a fines de los 80 y hoy el expediente Maduro.

En la transmisión pública de la cumbre hubo solamente tres oradores: Donald Trump, Marco Rubio y Pete Hegseth. Ningún presidente de los coaligados fue considerado para hablar. Ningún vocero públicamente visible. Despreciados y ninguneados todos. Humillados todos. Nadie hablando en español más que Marco Rubio y la estampa para el mundo del nerviosismo emocionado de Javier Milei intentando caerle bien a Donald Trump. Da la impresión de que no es el caso, pero le es útil.  

No es la primera cumbre ni la primera alianza. Y ya desde hace décadas están metidos en todo. Para el caso de México, John Mason Hart lo analiza en Imperio y Revolución. Estadounidenses en México desde la Guerra Civil hasta finales del siglo XX. Esta vez puede que vayan a tomarse las cosas más en serio. Veremos.

El lunes pasado y de inmediato, la presidenta Sheinbaum tuvo una conversación con Luiz Inácio Lula de Silva. México y Brasil, el país más poderoso militarmente de América Latina. Lo debemos de tener claro también. Lo tuvo claro Vasconcelos, también Jorge Abelardo Ramos. México y Brasil: he ahí una señal.

Publicación original de El Independiente