Los días terrenales

Sicilia, México y el crimen organizado (III)

Un diálogo con la obra Federico Campbell

La semana pasada hablé aquí de la propuesta que, inspirado en lo que se estaba haciendo en Italia, hizo en su momento Federico Campbell sobre la idoneidad de estudiar con todo el rigor posible a la Mafia como fenómeno socio-histórico, cultural y geopolítico.

Nada de eso, hasta donde sabemos, ocurrió ni ha ocurrido, y lo que hay ahora, desde poco más de una década, no son seminarios de Estudios sobre la Mafia o de Estudios sobre la Geopolítica de los Cárteles, sino un boom de series sobre cárteles y narcotraficantes mexicanos y latinoamericanos, desde luego, producidos –con no sabemos bien qué intencionalidad política e ideológica– por plataformas multinacionales (principal y señaladamente Netflix) sobre el Chapo Guzmán, Amado Carrillo, Pablo Escobar o Miguel Ángel Félix Gallardo, además de un boom alterno de periodismo de investigación marcado por el amarillismo, el sensacionalismo y/o la propaganda puntual contra un gobierno o algún político determinado que sobresaturan la sección de Best Sellers de las librerías pero cuya rigurosidad y seriedad es siempre dudosa, y alguno que otro estudio de corte más académico.

Nos hemos movido, en un lapso de treinta o cuarenta años más o menos y para volver al contexto generacional, de una década de los 90 del siglo pasado en la que, estando en la universidad, nos llegaban las noticias un poco lejanas de Caro Quintero en México o Pablo Escobar en Colombia, a un doble boom de interpretación de los cárteles del narcotráfico que puede ser el de las series de Netflix (Narcos, Narcos México, El señor de los cielos, etc.) o el de los Youtubers, ya sean norteamericanos como Vincent Vargas con su programa “Borderland”, producido –y no sabemos con qué intencionalidad geopolítica y en función de qué intereses– por la plataforma Ironclad, que también produce la serie de documentales “Dispatches”, conducida por la periodista canadiense Katarina Szulc, o ya sean mexicanos como “GAFE423”, conducido por quien se presenta (con el rostro cubierto) como exmiembro de las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano, o bien el de la interpretación del periodismo amarillista de “investigación” según hemos dicho o el de estudios más rigurosos y académicos como por ejemplo puede ser el de Carlos Pérez Ricart (Cien años de espías y drogas, 2022).

Ahora bien, hemos comentado también al principio de esta serie la cuestión de saber si es o no correcto utilizar de manera intercambiable los términos de Mafia y Crimen Organizado. En una primera aproximación, Federico Campbell dice que no lo son, pues la Mafia o es siciliana o no es Mafia en absoluto, y tiene un origen al mismo tiempo rural y, sobre todo, político-social al haberse iniciado como sistema paralelo de resistencia contra la dominación española borbónica durante el siglo XVIII y el XIX, configurándose de este modo como estructura de mediación y paz civil que, con el paso del tiempo, terminaría adquiriendo cada vez más capacidad de ejercer la violencia armada para luego involucrarse con los negocios públicos, principalmente el de la construcción, e ilícitos, como el de lo que luego habría de convertirse en narcotráfico.

Comentando el libro de Giuseppe Carlo Marino Historia de la mafia, apunta Campbell lo siguiente:

‘Giuseppe Carlo Marino hizo hincapié en una distinción importante: no es lo mismo la mafia que la delincuencia organizada. La mafia es un fenómeno histórico y social de raigambre fundamentalmente siciliana… Se entiende que por extensión a los grupos del crimen organizado o desorganizado se les denomine mafias, en Cali o en Culiacán, pero en sentido estricto la mafia es siciliana o no es.’ (p. 745).

Ahora bien. Si no son lo mismo, sí que hay un mecanismo de mimetización de los métodos de la mafia en otro tipo de organizaciones, pero lo interesante y preocupante es que no es el crimen organizado el que realiza la mímesis sino la política:

‘La mafia, pues, es una intermediación parasitaria entre el ciudadano y el Estado, entre la producción y el consumo, y cuando se dice que su modus operandi se ha trasladado a otras expresiones del crimen en el resto del mundo no se está entendiendo bien la cosa, o mejor dicho: la Cosa Nostra. A donde se transfiere su mentalidad y sus modos de hacer las cosas es a la política, no al llamado crimen organizado, que no necesita de la mafia para saber hacer lo suyo. En el noroeste mexicano para nada precisan de la imaginación criminal de la mafia. No. Lo que se ha traducido a partir de la cultura mafiosa –que ha tenido como matriz ideológica a Sicilia– son los modos de gobernar: el espíritu público se ha perdido de vista y en nuestra época, a principios del siglo XXI, cuando ya no existe el Estado, se gobierna en función de varios grupos de interés dentro de las naciones.’ (pp. 745 y 746)

La afirmación es alarmante. Fue escrita en tiempos de la presidencia de Vicente Fox aunque no es objeto de esta serie de textos –según tengo dicho– inculpar a uno u otro político, o a algún gobierno en particular.

Publicación original de El Independiente