Los días terrenales

Sicilia, México y el crimen organizado (II)

Un diálogo con la obra Federico Campbell

Yo soy de la generación, nacida en la década de los 70 del siglo pasado, a la que le ha tocado ver cómo el narcotráfico (el narco, los narcos) y el crimen organizado se convirtieron en algo así como la variable fundamental o independiente del sistema político mexicano y el colombiano, y de sus respectivas sociedades. Cosa que no ocurrió con la de mis padres.

Los magnicidios de 1994 (Luis Donaldo Colosio, Juan Jesús Posadas Ocampo, José Francisco Ruiz Massieu) son para mí la evidencia lapidaria de la presencia clara y radical del crimen (concretamente el narco) en la sociedad civil y en la sociedad política mexicanas de una forma que terminó por marcar a mi generación de manera categórica.

México y Colombia éramos entonces los países más señalados por cuanto a lo que a mi generación respecta. Era eso y la romantización y estetización correspondiente que del caso americano se hacía en películas como El Padrino, Scarface, Goodfellas o Casino,  en donde los mafiosos o criminales eran caracterizados por actores guapos, atractivos, carismáticos, que generaban una simpatía muy peligrosa en quienes las veíamos.

En todo caso, México y Colombia han perdido la exclusividad y ahora se escucha por todos lados de países como Ecuador, Venezuela, no se diga Brasil (las películas Ciudad de Dios o Tropa de élite son verdaderas joyas cinematográficas que recomiendo a todo mundo ver) o Paraguay o, en fin, del país latinoamericano o centroamericano que se quiera. Se ha globalizado todo, efectivamente.

Y si buscas materiales en Youtube –o en alguna plataforma como Netflix o similares– a partir de las palabras “cárteles” y el país que se quiera (Alemania, Francia, Rusia, Japón, Corea, no se diga Italia, Estados Unidos o Canadá o Nueva Zelanda, Sudáfrica o Suecia, Dinamarca, Lituania o Bélgica) te llevas la tétrica sorpresa de que el algoritmo satura tu pantalla con listados interminables de documentales, series, películas o reportajes que te muestran una panorámica escalofriante de la manera en que pareciera que el crimen organizado es el que en realidad gobierna el mundo. Ya no es sólo México o Colombia, o Venezuela o Brasil, ni siquiera Estados Unidos: es el mundo entero. La serie ZeroZeroZero (2020), adaptación cinematográfica del libro de Roberto Saviano CeroCeroCero, es otra extraordinaria producción que nos muestra cómo es que están las cosas del narcotráfico a nivel global.

Y desde luego que no es mi interés aquí hacer denuncias de tipo periodístico de vínculos entre un político o gobierno, el que sea, los que sean, con algún cártel (el que sea, los que sean), que es lo que luego resulta ser bastante cansado y a lo que se reduce el pequeño periodismo (para hacer un símil con la pequeña política de la que hablaba Gramsci). Lo que me interesa más bien es desarrollar una reflexión de tipo estructural de segundo grado sobre un problema lacerante y crucial para el futuro de nuestro país.

Ya en su momento había pensado Federico Campbell en la necesidad de promover un seminario sobre la mafia siciliana en las facultades de Derecho, para entender a profundidad las claves extrajurídicas fundamentales de una realidad histórica constitutiva de los estados nacionales modernos: ‘Siempre pensé que no estaría de más establecer en alguna facultad de derecho o en algún instituto de ciencias penales un seminario permanente sobre la mafia siciliana. Porque no es lo mismo lo que entendemos por “mafia” en el ámbito criminal mexicano –en el noroeste, por ejemplo, como cuando decimos mafia de Culiacán o de Ciudad Juárez o de Tijuana– que lo que realmente es el fenómeno siciliano’, nos dice Campbell en ‘La enseñanza de la mafia’ (La era de la criminalidad, p. 755.) como resultado de la toma de nota correspondiente de lo que por su parte se hizo en Roma en su momento:

‘Lo que no ha sido fácil de hacer entender en nuestro malhadado país –‘Manos sobre la ciudad’– es que un estudio sobre la criminalidad mafiosa siciliana no carecería de sentido. Tan es así que hace dos años cientos de estudiantes italianos se inscribieron en un seminario de estudios mafiosos en la facultad de derecho de la Universidad de Roma. No se trata de que se pongan a analizar El Padrino o Los Soprano, sino de sumergirse en la historia, la estructura y las ramificaciones económicas de las diversas mafias para estar mejor equipados, como profesionales de la ley, y combatirlas.’ (Ibid., p. 739).

Publicación original de El Independiente