Los días terrenales

Sicilia, México y el crimen organizado (I)

Un diálogo con la obra Federico Campbell

Para mi amigo Federico Campbell Peña.

Hace unos meses, descubrí la magnífica obra del periodista español Íñigo Domínguez sobre la mafia siciliana (Crónicas de la mafia, 2014), y comencé a leerla desde una perspectiva comparada que me permitiera ver la historia del estado italiano y el estado mexicano desde la segunda mitad del siglo XX hasta el presente en función del problema del crimen organizado, lo que a su vez me llevó a establecer un diálogo con la obra de Federico Campbell, nuestro más apasionado escritor sobre Italia y Sicilia y apóstol de Leonardo Sciascia en México que en La era de la criminalidad (2014) aborda precisamente esta cuestión. Esta es la primera de una serie de notas que desarrollé al respecto.

Se trata de situar a la mafia siciliana desde una perspectiva histórica a fin de mostrarla de alguna manera como metáfora de un problema fundamental del mundo contemporáneo, que tiene que ver con el papel que ha jugado el crimen organizado (o la Mafia para entendernos, aunque hay quienes dicen que no son la misma cosa) en los procesos de organización de los estados nacionales de la Edad Contemporánea, que es la que se dibuja a partir de las revoluciones atlánticas (francesa, norteamericana e hispánico-americanas) de fines del siglo XVIII y principios del XIX, recordando la idea de Federico Campbell desde la que hablaba de la “sicilianización” del mundo (La era de la criminalidad, FCE, 2014).

Para Campbell, la caída de la Unión Soviética supuso un proceso muy complejo de mutación de las estructuras de poder de todos los estados del mundo, haciendo que, más que con la Sociología o el Derecho, la Politología tenga que emparentarse con la Criminalística para poder comprender cómo es que funcionan hoy los Estados en la globalización.

Hablando de la Baja California gobernada en aquellos momentos por el PAN, decía Campbell lo siguiente:

‘Y es que se trató de un ejemplo ideal (la Baja California gobernada por el PAN, I.C.), muy ilustrativo –en la dimensión micro, regional– de la paulatina desaparición del Estado que se está dando en todo el mundo, debido en gran parte a la globalización de la criminalidad. Por primera vez en la historia, el Estado nación se encuentra rebasado por las organizaciones criminales. En no pocos países la capacidad de fuego del hampa es superior, tecnológicamente hablando, a la del Estado que se supone que tiene el privilegio legal y represivo de la violencia para que impere la ley. Esto nunca se había dado en la historia de las naciones. Es nuevo. Es inédito. Entramos en la edad del crimen como antes pasamos por la edad de piedra, la edad de bronce, la edad de la razón y la edad de la información.’ (p. 731)

Por eso es tan importante a estos efectos, podríamos añadir, la novela policiaca como material de interpretación y contextualización de realidad tan aplastante como la del crimen y su relación con las sociedades de referencia:

‘Lo que está sucediendo actualmente con la novela policiaca –nos dice Campbell– es que se está volviendo política, explícita o implícitamente, como se está echando de ver en las obras de los norteamericanos Jerome Charyn, Marc Behm, Walter Mosley y James Ellroy… Lo que este tipo de novela tiene que decir sobre la era de la criminalidad –la que estamos viviendo– y la paulatina pero irrefrenable desaparición del Estado se parece a la parábola que en balística quiere representar la trayectoria y el alcance de un tiro que va de la pura ficción literaria a los sangrientos terrenos de la realidad más palpitante.’ (pp. 729 y 730).

Para el caso mexicano, hay un ejercicio de literatura comparada sumamente interesante que me gustaría hacer en algún momento, mediante el cual pudiera hacer una contraposición entre la Novela de la Revolución mexicana clásica (la de aquella antología compilada por Antonio Castro Leal y editada por Aguilar) y la Novela del Narco o Policiaca mexicana de la actualidad (Elmer Mendoza, Daniel Sada, Yuri Herrera), para ver la riqueza explicativa y comparada que de todo ello fuera posible extraer toda vez que en ambos casos se trata de procesos de configuración de relaciones sociales troqueladas por la violencia armada mediadas por la economía, la política, la ideología y la cultura que terminan ofreciendo un fractal narrativo de una realidad histórica concreta.

Y es que si se trata de la violencia armada se trata entonces de las relaciones de poder en toda su crudeza y radicalidad, porque el que tiene las armas es el que tiene siempre el poder trátese de la forma de Estado o de régimen político o de gobierno de que se trate. A estos efectos, el cruce entre la Politología y la Criminalística podría darse efectivamente a través de la Novela del Narco o Policiaca en el sentido dicho. Esa podría ser una buena hipótesis de trabajo.

[Foto de portada: Leonardo Sciascia y Federico Campbell]

Publicación original de El Independiente