1. En Venezuela, lejos de lo que muchos esperaban y deseaban, el gobierno de Trump se limitó a ejecutar un golpe de estado quirúrgico y extraer de Venezuela a Nicolás Maduro mediante una implacable operación militar para someterlo a juicio dentro del sistema judicial norteamericano, pero dejó funcionando las instituciones del gobierno de la revolución bolivariana y el chavismo para establecer un esquema de continuidad con la interlocución de Delcy Rodríguez como presidenta de la República Bolivariana de Venezuela al tiempo de ignorar merecidamente a María Corina Machado ante su falta total de respaldo y legitimidad popular, lo que a su vez ha dejado en estado de idiotez útil a infinidad de exquisitos analistas y políticos liberales, demócratas y cosmopolitas como la petulante y vetusta aristócrata española Cayetana Álvarez de Toledo, que al instante salieron a proclamar a la Machado como la Juana de Arco de la democracia venezolana.
2. Esto supone, de momento, que Trump y su gabinete no habrán de seguir el guion de la estrategia de cambio de régimen instrumentado por ejemplo en Irak, que desembocó en un caos y en la emergencia de ISIS tal como declaró recientemente a la prensa cuando se le preguntó por las razones por las cuales le reconoce legitimidad e interlocución a la presidenta Delcy Rodríguez: ‘¿Recuerdan un lugar llamado Irak? –les dijo Trump a los reporteros hace unos días– donde todos fueron despedidos, todos y cada uno: la policía, los generales, todos fueron despedidos y terminaron convertidos en ISIS. En vez de reestablecer el orden natural de las cosas terminaron convertidos en ISIS.’
3. En lo que respecta a Irán y Medio Oriente, el esquema parece ser el mismo. No se está operando un cambio de régimen como el que se instrumentó entre la CIA y el imperialismo británico en 1953 contra el presidente nacionalista Mossadegh o contra el sah Mohammad Reza Pahlavi en 1979, sino que se limita a dar golpes estratégicos para empujar, mediante negociación e interlocución política, modificaciones en las condiciones políticas del país en cuestión.
4. Por cuanto a la situación entre Hamas e Israel (a mi juicio esos son los términos fundamentales del conflicto), Trump anunció la conformación de una Junta de Paz invitando a países como Egipto, cuyo presidente el-Sisi ha prohibido a la Hermandad Musulmana, además de Turquía y Qatar alrededor de un plan para la desmilitarización de Hamas, además de haber conformado un Comité Nacional para la Administración de Gaza con un perfil tecnocrático y un palestino a la cabeza, zafándose, al parecer, de la influencia de Netanyahu.
5. En Davos, Trump ofreció un discurso implacable, confirmando la postura de liderazgo mediante la fuerza y recordando lo que a su vez dijo en el mismo escenario en 2020 semanas antes de la pandemia Covid, cuando afirmó que el mundo les pertenece a los optimistas y a las naciones soberanas, y no a los pesimistas catastrofistas globalistas en donde perfectamente encajan los ideólogos de la Escuela del Resentimiento posmoderno conformado por demócratas estadounidenses y la progresía global conformada por feministas, ambientalistas e ideólogos woke, que ya habían sido despachados también hace unos meses en la asamblea general de la ONU respecto de la cual todo parece indicar que está en fase terminal por su inutilidad total y absoluta.
6. Por su parte, el primer ministro canadiense Mark Carney hizo declaraciones pretendidamente incendiarias en Davos, o así lo quisieron pensar muchos, sobre la ruptura del orden mundial basado en reglas, cosa que ya se había señalado por otros como Nicolás Maduro mismo pero que no quedaba bien mentarlo como referencia, teniendo que venir un caballero y banquero anglosajón blanco miembro de la élite globalista capítulo sistema imperial de la Common Wealth británica para que entonces todos lo voltearan a ver como abanderado de la resistencia al imperialismo de Donald Trump. Ya vimos que Carney se quiso acercar a China pero Trump amenazó con tarifas y reculó.
7. La dialéctica de estados imperiales es el motor de la historia, y esa colisión es la que estamos viendo en tiempo real. Luego de una estabilización lograda a través del equilibrio de fuerzas, y sólo de fuerzas, se podrá vislumbrar la forma jurídica de un nuevo orden geopolítico.
1. En Venezuela, lejos de lo que muchos esperaban y deseaban, el gobierno de Trump se limitó a ejecutar un golpe de estado quirúrgico y extraer de Venezuela a Nicolás Maduro mediante una implacable operación militar para someterlo a juicio dentro del sistema judicial norteamericano, pero dejó funcionando las instituciones del gobierno de la revolución bolivariana y el chavismo para establecer un esquema de continuidad con la interlocución de Delcy Rodríguez como presidenta de la República Bolivariana de Venezuela al tiempo de ignorar merecidamente a María Corina Machado ante su falta total de respaldo y legitimidad popular, lo que a su vez ha dejado en estado de idiotez útil a infinidad de exquisitos analistas y políticos liberales, demócratas y cosmopolitas como la petulante y vetusta aristócrata española Cayetana Álvarez de Toledo, que al instante salieron a proclamar a la Machado como la Juana de Arco de la democracia venezolana.
2. Esto supone, de momento, que Trump y su gabinete no habrán de seguir el guion de la estrategia de cambio de régimen instrumentado por ejemplo en Irak, que desembocó en un caos y en la emergencia de ISIS tal como declaró recientemente a la prensa cuando se le preguntó por las razones por las cuales le reconoce legitimidad e interlocución a la presidenta Delcy Rodríguez: ‘¿Recuerdan un lugar llamado Irak? –les dijo Trump a los reporteros hace unos días– donde todos fueron despedidos, todos y cada uno: la policía, los generales, todos fueron despedidos y terminaron convertidos en ISIS. En vez de reestablecer el orden natural de las cosas terminaron convertidos en ISIS.’
3. En lo que respecta a Irán y Medio Oriente, el esquema parece ser el mismo. No se está operando un cambio de régimen como el que se instrumentó entre la CIA y el imperialismo británico en 1953 contra el presidente nacionalista Mossadegh o contra el sah Mohammad Reza Pahlavi en 1979, sino que se limita a dar golpes estratégicos para empujar, mediante negociación e interlocución política, modificaciones en las condiciones políticas del país en cuestión.
4. Por cuanto a la situación entre Hamas e Israel (a mi juicio esos son los términos fundamentales del conflicto), Trump anunció la conformación de una Junta de Paz invitando a países como Egipto, cuyo presidente el-Sisi ha prohibido a la Hermandad Musulmana, además de Turquía y Qatar alrededor de un plan para la desmilitarización de Hamas, además de haber conformado un Comité Nacional para la Administración de Gaza con un perfil tecnocrático y un palestino a la cabeza, zafándose, al parecer, de la influencia de Netanyahu.
5. En Davos, Trump ofreció un discurso implacable, confirmando la postura de liderazgo mediante la fuerza y recordando lo que a su vez dijo en el mismo escenario en 2020 semanas antes de la pandemia Covid, cuando afirmó que el mundo les pertenece a los optimistas y a las naciones soberanas, y no a los pesimistas catastrofistas globalistas en donde perfectamente encajan los ideólogos de la Escuela del Resentimiento posmoderno conformado por demócratas estadounidenses y la progresía global conformada por feministas, ambientalistas e ideólogos woke, que ya habían sido despachados también hace unos meses en la asamblea general de la ONU respecto de la cual todo parece indicar que está en fase terminal por su inutilidad total y absoluta.
6. Por su parte, el primer ministro canadiense Mark Carney hizo declaraciones pretendidamente incendiarias en Davos, o así lo quisieron pensar muchos, sobre la ruptura del orden mundial basado en reglas, cosa que ya se había señalado por otros como Nicolás Maduro mismo pero que no quedaba bien mentarlo como referencia, teniendo que venir un caballero y banquero anglosajón blanco miembro de la élite globalista capítulo sistema imperial de la Common Wealth británica para que entonces todos lo voltearan a ver como abanderado de la resistencia al imperialismo de Donald Trump. Ya vimos que Carney se quiso acercar a China pero Trump amenazó con tarifas y reculó.
7. La dialéctica de estados imperiales es el motor de la historia, y esa colisión es la que estamos viendo en tiempo real. Luego de una estabilización lograda a través del equilibrio de fuerzas, y sólo de fuerzas, se podrá vislumbrar la forma jurídica de un nuevo orden geopolítico.
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