Los días terrenales

Trump 2.0, MAGA y México XVIII. La tesis de Stein-Piazza

La tesis está expuesta en La Autobiografía de Alice Toklas, que es como la excéntrica autora, coleccionista de arte y promotora literaria Gertrude Stein (1874-1946) tituló su autobiografía en 1933 diciendo que Estados Unidos era el país más viejo del mundo en los términos que siguen:

‘Gertrude Stein habla siempre de América como el país más viejo del mundo porque a través de los métodos de la guerra civil y la concepción comercial del mundo y de la vida que la siguieron América creó el Siglo XX y como todos los países del mundo o están viviendo o comenzando a vivir una vida del siglo XX, habiendo comenzado con la creación del siglo XX en los sesenta del siglo XIX América es entonces el país más viejo del mundo’.

Al parecer, Scott Fitzgerald utiliza también esa figura para la redacción de su relato de 1922 ‘El curioso caso de Benjamin Button’, inspirado a su vez en un comentario de Mark Twain y que, muchísimos años después tanto de Twain como de Fitzgerald y de la propia Stein, sería adaptado cinematográficamente por David Fincher con el mismo título y estrenada en 2009 con Brad Pitt y Cate Blanchett como actores principales.  

Benjamin Button era un hombre que, extrañamente, nació viejo, siendo así que, con el paso de los años, mientras cronológicamente crecía, psicológicamente ocurría lo contrario, de modo tal que su muerte fue como la de un niño, y su nacimiento como la de un viejo.

La metáfora fue utilizada por el escritor argentino-mexicano Luis Guillermo Piazza para titular su obra de interpretación de la experiencia norteamericana bajo el título, efectivamente, de El país más viejo del mundo (Joaquín Mortiz, 1964).

El libro es una obra magistral ciertamente, en el que Piazza utiliza la metáfora para explicar la configuración histórica de los Estados Unidos como si se tratara, más que del nacimiento de algo nuevo, del traslado de la vieja Europa en América casi de manera intacta; algo muy distinto a lo ocurrido con el traslado que también tuvo lugar con la conquista española del hemisferio sur de América, en cuyo caso se trató más bien de una mezcla de la vieja Europa con los pueblos americanos.

Según Piazza, Estados Unidos ya se había adelantado a todos los ejercicios de introspección que en los 30, los 40 y los 50 del siglo pasado se realizaron en América Latina para preguntarse por el correspondiente “ser nacional” desde Argentina (Martínez Estrada, Mallea, Arlt) a México (Ramos, Zea, Uranga) pasando por Cuba (Carpentier) o Guatemala (Asturias), y que de alguna manera habían sido anunciados y prefigurados en el Ariel de José Enrique Rodó y repudiados correspondientemente luego por Jorge Abelardo Ramos, que se burlaba de la pérdida de tiempo por andar viéndose al ombligo de cada nación cuando lo importante era preguntarse y resolver el problema de la gran nación latinoamericana inacabada, mutilada e inconclusa; pero Estados Unidos se les había adelantado a todos en todo caso, según comenta Piazza:

‘todo eso, y bastante más, había sido discutido, discernido, “visto” en los Estados Unidos muchos años antes. Y era lógico. En el país de Washington y Jefferson, de Poe y Melville, de las revoluciones del más variado carácter, de la primera guerra grande moderna, de los rascacielos y los puentes y el jazz y la literatura y pintura de acción, todo había acontecido antes, o parecía haber acontecido.’ (p. 13 y 14).

En la adaptación de Fincher, la tesis que se plantea es que durante la Primera Guerra Mundial la responsabilidad histórica de Estados Unidos quedaría marcada de forma irreversible. Es una tesis que se empalma de manera natural con lo que John Lukács afirma en muchas de sus obras historiográficas, cuando afirma que el siglo XX tiene que ser computado, en definitiva, como el siglo estadounidense, cuestión que a su vez supone con rotundidad que fue también el siglo en el que poco a poco iría llegando a su fin la Edad Europea.

Hoy estamos ante la incógnita de saber de quién será el XXI. Es muy probable que la respuesta sea que de China.

Publicación original de El Independiente