Este es el décimo artículo dedicado al fenómeno político de Trump, el trumpismo y el movimiento MAGA desde la perspectiva de Estados Unidos, primera parte de una serie cuya continuación será sobre México y sus alternativas estratégicas en función del escenario que he venido analizando.
Hasta ahora me he centrado en políticos o historiadores norteamericanos protagonistas y afines a Trump y MAGA, pero ahora, para cerrar esta primera parte, quiero tomar un poco de perspectiva para darle un enfoque mucho más amplio a las cosas, para lo cual voy a comentar a la autora británica Melanie Phillips (1951) que acabo de descubrir revisando materiales sobre la crisis de Israel contra Hamas y el mundo islámico, que es como yo abordo una problemática tan compleja como esta y que me parece que encierra algo así como la clave de bóveda de la disputa ideológica y geopolítica de nuestro tiempo y dentro de cuyo contexto epocal he querido situar mi análisis sobre Donald Trump.
Luego de ver un par de magníficas entrevistas, adquirí y comencé a leerme su más reciente libro: La piedra del constructor. Cómo los judíos y cristianos construyeron occidente y sólo ellos pueden salvarlo (2025), título que se explica por sí mismo y tiene una beligerancia de desesperado panfleto de guerra.
Su argumento es sencillo y contundente: la gran dicotomía político-ideológica que divide a las sociedades del presente no es la de izquierda contra derecha, liberales contra conservadores o heterosexuales contra homosexuales; la división fundamental hoy es la que pone de un lado a quienes odian y desean la destrucción de todo lo que Occidente representa y del otro a quienes ni lo odian ni desean su destrucción sino todo lo contrario porque se reconocen en él y reconocen su peso histórico, y resulta ser que, según Phillips, esta es la dicotomía que atraviesa como espina dorsal el conflicto en Oriente Medio en cuestión, pues Israel en particular, y el judaísmo en general, están en el corazón de Occidente, entendiéndolo como el resultado de un proceso civilizatorio configurado alrededor de una base triangular de tres vértices fundamentales: Atenas (la filosofía), Jerusalén (la fe) y Roma (la ley), puntos de despliegue, en efecto, de la matriz greco-helenística, judeo-cristiana y latino-romano-germánica dentro de la cual estados y sociedades como las de México, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Rusia o España se formaron, pero que hoy están infectadas, en distintos grados de peligrosidad, del virus anti-Occidente que, a su vez, es manipulado por su acérrimo enemigo universal: el islamismo político, que lo es desde las invasiones islámicas de los siglos VII y VIII, punto hacia el que hay que remontar la cosas para comprender la magnitud del enfrentamiento en cuestión y que es algo que entendieron tanto Dante Alighieri como Carlos Marx, André Malraux o Samuel Huntington, que, en su realismo político para analizar los escenarios post-soviéticos, tuvo mucha más razón que el idealista Fukuyama.
La manipulación del islamismo político para conquistar Occidente se operacionaliza mediante tres dispositivos clave: el vientre de sus mujeres (que es lo que Gaddafi decía en el sentido de que el islam reconquistará Europa con el vientre de sus mujeres), la migración masiva e indiscriminada y la utilización del idealismo ingenuo de los valores occidentales (principalmente los Derechos Humanos) contra Occidente mismo.
Las manifestaciones a favor de las identidades nacionales originales (es decir, las del modelo de la revolución francesa jacobina) en Alemania, España o Inglaterra (que está en una situación verdaderamente alarmante) son una forma de reaccionar a esta situación.
Como hemos visto en todos estos artículos, Trump y MAGA entienden a Estados Unidos como coronación del mundo Occidental, y están dispuestos a defenderlo, a hacerlo renacer y hacerlo grande otra vez, y ya vemos que su modelo, efectivamente, se está replicando allí donde el virus anti-occidental tiene mayores grados de peligrosidad.
Sólo nos queda por saber, en esta encrucijada de la historia, cuál será la posición y el papel que México habrá de tener.
Este es el décimo artículo dedicado al fenómeno político de Trump, el trumpismo y el movimiento MAGA desde la perspectiva de Estados Unidos, primera parte de una serie cuya continuación será sobre México y sus alternativas estratégicas en función del escenario que he venido analizando.
Hasta ahora me he centrado en políticos o historiadores norteamericanos protagonistas y afines a Trump y MAGA, pero ahora, para cerrar esta primera parte, quiero tomar un poco de perspectiva para darle un enfoque mucho más amplio a las cosas, para lo cual voy a comentar a la autora británica Melanie Phillips (1951) que acabo de descubrir revisando materiales sobre la crisis de Israel contra Hamas y el mundo islámico, que es como yo abordo una problemática tan compleja como esta y que me parece que encierra algo así como la clave de bóveda de la disputa ideológica y geopolítica de nuestro tiempo y dentro de cuyo contexto epocal he querido situar mi análisis sobre Donald Trump.
Luego de ver un par de magníficas entrevistas, adquirí y comencé a leerme su más reciente libro: La piedra del constructor. Cómo los judíos y cristianos construyeron occidente y sólo ellos pueden salvarlo (2025), título que se explica por sí mismo y tiene una beligerancia de desesperado panfleto de guerra.
Su argumento es sencillo y contundente: la gran dicotomía político-ideológica que divide a las sociedades del presente no es la de izquierda contra derecha, liberales contra conservadores o heterosexuales contra homosexuales; la división fundamental hoy es la que pone de un lado a quienes odian y desean la destrucción de todo lo que Occidente representa y del otro a quienes ni lo odian ni desean su destrucción sino todo lo contrario porque se reconocen en él y reconocen su peso histórico, y resulta ser que, según Phillips, esta es la dicotomía que atraviesa como espina dorsal el conflicto en Oriente Medio en cuestión, pues Israel en particular, y el judaísmo en general, están en el corazón de Occidente, entendiéndolo como el resultado de un proceso civilizatorio configurado alrededor de una base triangular de tres vértices fundamentales: Atenas (la filosofía), Jerusalén (la fe) y Roma (la ley), puntos de despliegue, en efecto, de la matriz greco-helenística, judeo-cristiana y latino-romano-germánica dentro de la cual estados y sociedades como las de México, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Rusia o España se formaron, pero que hoy están infectadas, en distintos grados de peligrosidad, del virus anti-Occidente que, a su vez, es manipulado por su acérrimo enemigo universal: el islamismo político, que lo es desde las invasiones islámicas de los siglos VII y VIII, punto hacia el que hay que remontar la cosas para comprender la magnitud del enfrentamiento en cuestión y que es algo que entendieron tanto Dante Alighieri como Carlos Marx, André Malraux o Samuel Huntington, que, en su realismo político para analizar los escenarios post-soviéticos, tuvo mucha más razón que el idealista Fukuyama.
La manipulación del islamismo político para conquistar Occidente se operacionaliza mediante tres dispositivos clave: el vientre de sus mujeres (que es lo que Gaddafi decía en el sentido de que el islam reconquistará Europa con el vientre de sus mujeres), la migración masiva e indiscriminada y la utilización del idealismo ingenuo de los valores occidentales (principalmente los Derechos Humanos) contra Occidente mismo.
Las manifestaciones a favor de las identidades nacionales originales (es decir, las del modelo de la revolución francesa jacobina) en Alemania, España o Inglaterra (que está en una situación verdaderamente alarmante) son una forma de reaccionar a esta situación.
Como hemos visto en todos estos artículos, Trump y MAGA entienden a Estados Unidos como coronación del mundo Occidental, y están dispuestos a defenderlo, a hacerlo renacer y hacerlo grande otra vez, y ya vemos que su modelo, efectivamente, se está replicando allí donde el virus anti-occidental tiene mayores grados de peligrosidad.
Sólo nos queda por saber, en esta encrucijada de la historia, cuál será la posición y el papel que México habrá de tener.
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