Los días terrenales

Trump 2.0, MAGA y México IX. Trump en la ONU

Es muy probable que la reciente intervención de Donald Trump en la ONU haya multiplicado por cien o más el número de sus detractores. Recuerdo las imágenes en las que se observaba el gesto descompuesto de muchos jefes de Estado mientras hablaba, como fue el caso del presidente de Chile Gabriel Boric. Imagino que no fue el único.

Acabo de ver una nota en Youtube del periódico El Heraldo titulada elocuentemente “¡Donald Trump contra el mundo! Así fue el controvertido discurso del magnate ante la ONU”, en donde la presentadora de noticias comenta con evidente sarcasmo lo dicho por Trump, añadiendo además, para editorializar su nota, que el expresidente López Obrador solía tener una misma actitud despectiva para con la ONU tachándola de inservible o de adorno.

No es muy difícil imaginar que la presentadora en cuestión –y suponemos que su periódico– no tienen en buen concepto ni a uno ni a otro, y seguramente considera que los dos son un par de irresponsables populistas.

A mí me parece no obstante que, si ponemos entre paréntesis el tono, carácter, gestos y actitudes de Trump, es decir, si dejamos de lado las cuestiones de estricta índole psicológica –que para los efectos históricos no tiene relevancia ninguna, no así para los efectos de lo que está en la apariencia política–, el discurso del presidente de los Estados Unidos en la ONU está lleno de claves históricas y geopolíticas de primer orden, que tienen que ver con el intento de desmontar la estructura jurídico-ideológica de postguerra que, tras la caída de la Unión Soviética, exasperó su naturaleza idealista y armonista y que, además y sobre todo, me parece que no ha sido procesado por quienes se consideran “de izquierda”, porque lo que yo detecto en las coordenadas tanto de Trump como del movimiento MAGA es una condena rotunda, categórica y bien pensada contra el neoliberalismo, bestia negra, habríamos de suponer digo yo, de los movimientos de izquierda de por lo menos los últimos cincuenta años.

Ya no recuerdo dónde ni a a quién se lo dije, pero yo sigo sosteniendo que si López Obrador y la 4T lo que están intentando hacer es poner fin o desmontar al neoliberalismo en México, Donald Trump está intentando hacer lo mismo, pero en el mundo, razón por la cual también pienso que todo obradorista consecuente debe de comprender, en principio, lo que Trump y MAGA quieren hacer con y desde Estados Unidos. La diferencia es que ellos son un imperio con armas atómicas y nosotros no.

¿Pero qué tiene que ver en todo caso la crítica que Donald Trump desplegó contra todo el sistema programático de la ONU –principalmente lo que tiene que ver con el cambio climático, las energías limpias, la migración y algunos temas woke, es decir, con el proyecto de la Agenda 2030 en general– con el objetivo de desmontar o revertir el neoliberalismo en el mundo?

Pues mucho si no es que todo, porque la clave antropológica de la filosofía política neoliberal es el individualismo exacerbado en donde lo que desaparece de su horizonte vital es la nación política y su ley de gravitación universal, que es la ley de la soberanía, cosa que en los hechos efectivos se traduce a su vez en la despolitización total de la ciudadanía toda vez que, al desfallecer su concepto, se diluye la idea de nación soberana que se defiende con las armas y con sus poderes y sus fronteras que la delimitan y constituyen en su enfrentamiento con otras naciones soberanas.  

Si revisamos los 17 Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS), promovidos pánfila e ingenuamente por tontos útiles de todas partes y por todos lados: en los programas educativos públicos y privados, en el celular Samsung que me acabo de comprar, en el Starbucks donde paso a veces por un café, en la diplomacia, en las mesas de análisis en TV, veremos que en ninguno de ellos, en ninguno, aparece el objetivo de fortalecer la soberanía de las naciones, haciendo evidente que lo que se quiere es convertirnos a todos en consumidores satisfechos de todo y nada a la vez.

Al parecer no todos están dispuestos a permitir que esa conversión se termine de lograr. El discurso de Trump en la ONU, para mí, es una muestra de ello.

Publicación original de El Independiente