El evento en el que murió Charlie Kirk era parte de una onerosa campaña en campus universitarios en la que establecía un esquema de diálogo abierto ciertamente sorprendente y admirable con estudiantes a los que encaraba en una esgrima dialéctica valiente para refutar sus argumentos uno a uno por breves lapsos de tiempo para que pudiera circular una fila en la que, según los videos que he podido revisar, esperaban otros más con una actitud de ansiedad, emoción y competencia mezclada a veces con coraje, es cierto, pero que a mi juicio generaban un estímulo de discusión y desafío intelectual genuino y positivo al promover entre los jóvenes el estudio para manejar ideas y conceptos y la elocuencia para defenderlos.
La realidad es que no lo seguía tanto, pero en lo que he podido revisar advertí en Kirk una actitud ciertamente beligerante y hasta petulante para muchos, de acuerdo, pero creo que nadie puede poner en duda su voluntad de llevar la argumentación hasta sus límites doctrinarios, digámoslo así, para intentar luego llegar a una conclusión en donde buscaba dar fin a la contienda explicando los límites de las posturas encontradas a escala doctrinaria, en efecto, a fin de iluminar las contradicciones y terminar diciendo algo así como “bueno, pues esto es lo que yo pienso y defiendo y eso es lo que tú piensas y defiendes. Te invito a que me sigas”, y le daba las gracias del mismo modo en que dos boxeadores se abrazan al finalizar un combate en el que se dieron con todo. Parecían diálogos de Platón, sobre todo porque él ha terminado como un Sócrates de nuestro tiempo por la incomodidad de su dialéctica implacable.
Pablo del Valle, a quien sigo en X, publicó algo que me pareció de 24 quilates y con lo que coincido punto por punto: ‘Kirk era un muchacho de 31, famoso, hablando 24/7 sin filtro. La gente lo juzga por videos de 20 segundos sin contexto. La realidad es más compleja. Estados Unidos sufre porque su “Left” canceló todo lo que es Social-Popular: patria, iglesia, trabajo, familia, tierra. Ese es el problema’. Pienso lo mismo.
Ahora bien, no puedo omitir lo impresionante que me pareció el conjunto de actividades que Kirk llevaba años realizando –un podcast o “show”, conferencias, programas de TV con producción de alta gama, giras internacionales, su plataforma Turning Point USA, etc.–, que están a mil leguas de un tipo de actividad de jóvenes estudiantes sin recursos y en las que es evidente el funcionamiento de una maquinaria de campaña política de alto calibre de la escala de los millones de dólares.
Ese tipo de cuestiones, más lo errático de las investigaciones alrededor del supuesto asesino, más los análisis de Max Blumenthal o John Mearsheimer sobre el papel de lobby judío tanto en el fondeo y las presiones a Kirk así como sobre el descontento en sectores de MAGA sobre su demasiada incidencia (del lobby judío) al interior de la administración de Trump hacen que el caso cobre una dimensión geopolítica de alta tensión.
Pero también teológico-política. Dialogando en Whatsapp con un amigo tuve el siguiente intercambio:
‘– ¿Viste el servicio (homenaje) de ayer?, me dijo. Tienen que solidificar sus bases con una narrativa común y van a apostar por el nacionalismo cristiano. El acto de ayer fue una muestra de eso.
— Estamos en un momento teológico-político indiscutible, le respondí. Además de schmittiano (Carl Schmitt: teórico del concepto de lo político como antagonismo radical amigo-enemigo). Ya no es el momento maquiavélico de Pocock, que inauguró la modernidad política al sacar a Dios de la dialéctica. Eso llegó hasta la Revolución Francesa, que también lo sacó. El tema es que años antes tuvo lugar la Revolución Americana, y ellos no lo sacaron. Fue una revolución con Dios, no jacobina. Solo ellos pueden ahora hacer un reset (turning point) desde el cristianismo político o la politicidad cristiana.’
Vaya paradoja: el movimiento de Charlie Kirk se llama Turning Point USA, punto de inflexión, y eso es lo que resultó ser su asesinato, un punto de inflexión.
El evento en el que murió Charlie Kirk era parte de una onerosa campaña en campus universitarios en la que establecía un esquema de diálogo abierto ciertamente sorprendente y admirable con estudiantes a los que encaraba en una esgrima dialéctica valiente para refutar sus argumentos uno a uno por breves lapsos de tiempo para que pudiera circular una fila en la que, según los videos que he podido revisar, esperaban otros más con una actitud de ansiedad, emoción y competencia mezclada a veces con coraje, es cierto, pero que a mi juicio generaban un estímulo de discusión y desafío intelectual genuino y positivo al promover entre los jóvenes el estudio para manejar ideas y conceptos y la elocuencia para defenderlos.
La realidad es que no lo seguía tanto, pero en lo que he podido revisar advertí en Kirk una actitud ciertamente beligerante y hasta petulante para muchos, de acuerdo, pero creo que nadie puede poner en duda su voluntad de llevar la argumentación hasta sus límites doctrinarios, digámoslo así, para intentar luego llegar a una conclusión en donde buscaba dar fin a la contienda explicando los límites de las posturas encontradas a escala doctrinaria, en efecto, a fin de iluminar las contradicciones y terminar diciendo algo así como “bueno, pues esto es lo que yo pienso y defiendo y eso es lo que tú piensas y defiendes. Te invito a que me sigas”, y le daba las gracias del mismo modo en que dos boxeadores se abrazan al finalizar un combate en el que se dieron con todo. Parecían diálogos de Platón, sobre todo porque él ha terminado como un Sócrates de nuestro tiempo por la incomodidad de su dialéctica implacable.
Pablo del Valle, a quien sigo en X, publicó algo que me pareció de 24 quilates y con lo que coincido punto por punto: ‘Kirk era un muchacho de 31, famoso, hablando 24/7 sin filtro. La gente lo juzga por videos de 20 segundos sin contexto. La realidad es más compleja. Estados Unidos sufre porque su “Left” canceló todo lo que es Social-Popular: patria, iglesia, trabajo, familia, tierra. Ese es el problema’. Pienso lo mismo.
Ahora bien, no puedo omitir lo impresionante que me pareció el conjunto de actividades que Kirk llevaba años realizando –un podcast o “show”, conferencias, programas de TV con producción de alta gama, giras internacionales, su plataforma Turning Point USA, etc.–, que están a mil leguas de un tipo de actividad de jóvenes estudiantes sin recursos y en las que es evidente el funcionamiento de una maquinaria de campaña política de alto calibre de la escala de los millones de dólares.
Ese tipo de cuestiones, más lo errático de las investigaciones alrededor del supuesto asesino, más los análisis de Max Blumenthal o John Mearsheimer sobre el papel de lobby judío tanto en el fondeo y las presiones a Kirk así como sobre el descontento en sectores de MAGA sobre su demasiada incidencia (del lobby judío) al interior de la administración de Trump hacen que el caso cobre una dimensión geopolítica de alta tensión.
Pero también teológico-política. Dialogando en Whatsapp con un amigo tuve el siguiente intercambio:
‘– ¿Viste el servicio (homenaje) de ayer?, me dijo. Tienen que solidificar sus bases con una narrativa común y van a apostar por el nacionalismo cristiano. El acto de ayer fue una muestra de eso.
— Estamos en un momento teológico-político indiscutible, le respondí. Además de schmittiano (Carl Schmitt: teórico del concepto de lo político como antagonismo radical amigo-enemigo). Ya no es el momento maquiavélico de Pocock, que inauguró la modernidad política al sacar a Dios de la dialéctica. Eso llegó hasta la Revolución Francesa, que también lo sacó. El tema es que años antes tuvo lugar la Revolución Americana, y ellos no lo sacaron. Fue una revolución con Dios, no jacobina. Solo ellos pueden ahora hacer un reset (turning point) desde el cristianismo político o la politicidad cristiana.’
Vaya paradoja: el movimiento de Charlie Kirk se llama Turning Point USA, punto de inflexión, y eso es lo que resultó ser su asesinato, un punto de inflexión.
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