Los días terrenales

Trump 2.0, MAGA y México I

Este es el primero de una serie de artículos con los que intentaremos dar cuenta y comprender con la mayor objetividad histórica posible el fenómeno del trumpismo y el movimiento MAGA en función de las alternativas estratégicas de acción estatal para México en el futuro tanto de corto como de mediano y largo plazos, partiendo de la evidente agresividad geopolítica que se nos está imponiendo en el contexto binacional México-EEU y ante lo cual es dable aprovechar el ataque para definir con la debida consistencia dialéctica lo que somos como nación y lo que queremos y podemos hacer en el tablero mundial.

Para esos efectos hay que comenzar señalando la expectativa mundial que, en el tránsito del 2024 al 2025, estaba puesta en dos fechas fundamentales: la elección presidencial en Estados Unidos de noviembre pasado (2024) y la toma de protesta y sucesión del poder el 20 de enero de 2025 una vez tenido el resultado rotundo de Donald Trump en su triunfo aplastante no ya nada más sobre la candidata demócrata Kamala Harris sino sobre todo el bloque histórico demócrata-republicano (los clanes Bush, Clinton y Obama) desde por lo menos la presidencia de Bush padre (1989-1993), lanzando el ancla hacia atrás en el tiempo –según quisimos pensar algunos en búsqueda de una primera orientación contextual– para encontrar tal vez en la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989), o acaso en la de Nixon (1969-1974), algún pivote de referencia cercano.

Ya cuando tomó protesta pudimos ver que la única referencia explícita que hizo Trump en realidad fue la del presidente William McKinley, que gobernó de 1897 a 1901 con un estilo muy similar al que él de hecho ya había mostrado en su primer mandato y que ya vemos que está aplicando con igual o mayor beligerancia todavía en el segundo, caracterizado por la utilización del instrumento estratégico de las tarifas arancelarias como palanca de guerra geopolítico-económica para acabar con el neoliberalismo globalista en el mundo y una posición de realismo agresivo en el sentido de John Mearsheimer: McKinley apoyó la independencia de Cuba en la guerra entre España y Estados Unidos de 1898, de la que se derivó su control sobre Cuba misma hasta el triunfo de la revolución de Fidel Castro, además de las de Puerto Rico, Filipinas y Guam en una explícita manifestación de poder y dominación dejando la construcción de la hegemonía para después toda vez que, para ello, era necesario construir un liderazgo intelectual, cultural y moral  que sólo se lograría más o menos de la década de los 20 hasta la de los 50 del siglo XX (recordemos con Gramsci que la hegemonía supone liderazgo intelectual y moral mediante los que se logra el consenso de los dominados, sin ese doble liderazgo lo que hay es solamente dominación pura y dura, es decir, fuerza sin consenso).

La debacle o ruptura fundamental de la hegemonía norteamericana en cuestión comenzaría a darse a partir del final de la de los 60, y acaso sea ese (sobre todo lo que ocurre entre 1968 y 1971, cuando tiene lugar el “Nixon shock”) el punto de inflexión hacia donde habría que trasladar el foco de análisis para comprender las claves de la dialéctica medular tanto de la segunda administración de Trump como, de manera más general, del movimiento MAGA (Make America Great Again) y lo que yo llamaría la “tendencia jacksoniana” (por Andrew Jackson, presidente de 1829 a 1837) dentro de la historia política de Estados Unidos y lo que está por venir desde los objetivos proyectados por ese bloque histórico según lo que, de entrada, podemos destacar en la voz de tres figuras clave: Steve Bannon, J.D. Vance y Pete Hegseth.

La tesis que queremos defender aquí es que en estos tres personajes se encapsula un buen número de claves fundamentales –no son las únicas, desde luego, pero sí las suficientes– para tener una valoración integral mínimamente consistente del cuadro general de lo que está ocurriendo desde la matriz imperial de Estados Unidos en la era Trump 2.0.

Publicación original de El Independiente