Club Nikolái

Quinta, sexta y séptima noches en el Sályut

Acaso debamos decir que sería inevitable que la itinerancia apareciera de pronto en las agendas y calendarios del Club Nikolái. Es una circunstancia que no puede sernos ajena en modo alguno dadas las dificultades intrínsecas que una ciudad como la de México ofrece a cualquiera que busca organizar una rutina, tal como ocurre desde el principio con el objetivo fundamental del Club Literario Nikolái Nikoláievich Pseoldónimov, que es el de establecerla con arreglo a la dinámica de vernos mensualmente con una novela leída bajo el brazo para cada ocasión.

El desorden comenzó para nuestra quinta noche en el Sályut, pues resulta ser que para el día elegido, jueves 29 de febrero, la reserva hecha en nuestra sede oficial –la Tío Pepe– no se nos respetó, dándonos entonces la pauta para que comenzara nuestra itinerancia, en efecto, cual si se tratara de un errabundo congreso constituyente como el de Chilpancingo de hace poco más de un siglo.

Primero optamos por instalarnos en El Gallo de Oro, que está en la esquina de Bolívar y Venustiano Carranza, pero ante la noticia de que cerraban extrañamente a las 8 de la noche, y luego de haber ido a preguntar unos metros más adelante en Bar Mancera, que también estaba por cerrar, terminamos por declarar formalmente iniciadas las sesiones en la planta alta del Sanborns de los Azulejos, lugar entrañable por más de un criterio y que tiene además la virtualidad de ser, según dice Serge Gruzinski en La ciudad de México. Una historia (FCE, 2004), una suerte de fractal en donde se compacta a alta presión la historia entera de México, pues ahí están todos los estilos arquitectónicos que constituyen nuestro acervo estético, que a su vez resume simbólicamente nuestra historia, efectivamente.

El libro de verdad que es bueno, siendo la de Gruzinski una perspectiva de análisis histórico sumamente interesante situada en las coordenadas de lo que se ha dado en llamar historia de la primera globalización, que fue el primer proceso de interconexión transoceánico establecido a partir de que Andrés de Urdaneta haya logrado establecer la ruta de regreso (el famoso Tornaviaje) entre 1564 y 1565 entre Manila y las costas de Acapulco, haciendo posible que, entonces, se trazara la gran ruta comercial Manila-Acapulco-CDMX-Veracruz-Sevilla.

Este es el punto de vista que, para mí, hace posible considerar que en el proceso de la conquista de México, iniciado por la toma del imperio azteca por parte de Cortés, lo fundamental haya sido llegar al Pacífico: lo que se buscaba era llegar a China, siendo así entonces que Nueva España vino a convertirse –y aquí está también la clave de la tesis de Gruzinski– en el verdadero nuevo meridiano de la historia universal. 

Para la ocasión, volviendo con nuestro Sályut itinerante de esa noche de jueves de febrero, habíamos quedado en leer Tentación de János Székely a propuesta de J., que acababa de cuidar la edición por parte del Consejo Editorial de la Cámara de Diputados y que de hecho fue la proveedora de los ejemplares repartidos en la reunión previa.

Y aquí viene el segundo punto del desorden, porque por lo que a mí respecta la novela no la pude leer y ni siquiera abrir dada la carga de trabajo y lecturas de todo tipo. Y así ocurrió en realidad con varios del grupo si no es que con todos o casi excepción hecha de K., que se ha convertido en la lectora ejemplar del Club Nikolái, y de J., que por tenerla leída fue que nos la recomendó.

Para la sexta noche del Sályut, que tuvo lugar el 30 de mayo, la encomienda fue leer a Sándor Márai, otro húngaro como Székely, en este caso a recomendación de F. y con la confirmación de J.I. en el sentido de que la novela en cuestión, La amante de Bolzano, era de gran calidad.

Por mi parte el desorden continuó, porque sin perjuicio de haberme dado a la tarea de buscar y conseguir el libro –y me parece que sólo lo logré en Mercado Libre o algo así–, tampoco me fue posible abrirlo por el mismo tipo de razones: lecturas acumuladas y lecturas de trabajo, pues creo poderme considerar con la fortuna suficiente como para decir que vivo para y de la lectura y en función de los libros.

Además de mi contribución al desorden, ocurre que por razones también de logística y distancias el Club volvió a itinerar, en este caso hacia el sur de la ciudad a donde, a sugerencia de J., nos vimos en esta ocasión en la cantina o bar el Frontón de Coyoacán, lugar frecuentado en su momento por Diego y Frida y que de hecho yo conozco muy bien. El problema fue que para F. era imposible acompañarnos por estar su trabajo más cerca de la Tío Pepe, cosa que lamentamos porque nos perdimos sus comentarios sobre la novela y autor que él mismo había recomendado y sobre el que yo, que lo conozco de muchos años, lo había escuchado hablar elogiosa y apasionadamente.

Y ocurre que, para esta ocasión también, K. fue la que se leyó entera la novela de Márai, además de E., que se lo leyó para la ocasión, y J.I., que ya conocía autor y novela tratándose de sus favoritos.

La séptima noche en el Sályut volvimos a la sede central: la Tío Pepe, pero ahora fue la lluvia la que hizo que muchos no pudieran acompañarnos el pasado jueves 4 de julio para comentar Paisaje de otoño de Leonardo Padura, que K. (lectora estrella de Club) todavía no termina pero que fue de las que la lluvia le impidió llegar y E. leyó entera, habiéndonos incluso compartido sus impresiones por escrito.

Para esta última tertulia, en todo caso, los resultados de la elección presidencial, el triunfo contundente de Claudia Sheinbaum y la selección de su gabinete, así como los horizontes inmediatos que se le presentan al país fueron los temas sobre los que mayormente hablamos con gran interés.

La obra que sigue es Novela con cocaína de M. Aguéiev, reeditada también por el Consejo Editorial y que también nos fue recomendada –con repartición de ejemplares incluida– por J.

En mi caso, la lista de lecturas pendientes se agranda amenazadoramente: Székely, Márai, Padura y Aguéiev. Aunque lo fundamental siempre, y en todo caso, es que no permitamos que el Club Niklai desfallezca. ‘Sí, no se debe aplazar, ¡la nave debe seguir volando!’, escribió T. en algún momento en el chat. ‘La idea es ratificar la convicción de que la nave se mantenga en vuelo’, dijo F. por su parte también.

Desde mi punto de vista lo estamos logrando bien que mal. Escribo esto como contribución, precisamente, para que así siga ocurriendo.