Llegaron al canal por la brecha que sube al río, con las hondas prestas para la batalla y los ojos entornados, cosidos casi en el fulgor del mediodía. Eran cinco, y su líder, el único que posiblemente supiera el sentido final de todo cuanto ocurría, dudó por un instante en el momento preciso en que se cruzaron todos con una luz fulgente y de algún modo enceguecedora por la intensa luminosidad que les corroía las pupilas como rayos coléricos y violentos de un láser proveniente de no importa qué amplificador de ondas y que les impedía a todos advertir el río miserable y hediondo con el que estaban a punto de cruzarse y enfangarse hasta las rodillas dado el nivel tan bajo del agua torpe, fétida y lánguida que en modo alguno y por tal razón precisamente no suponía mayor riesgo siendo más bien el desprecio por lo miserable y en cierto modo estúpido de su cauce empequeñecido e inane la única sensación o impresión que le era posible producir al riachuelo inocuo a ese grupo de cinco a punto del desperdigue por la falta de decisión de su líder que sin perjuicio de ser hasta ese instante preciso el único que supiera el sentido final de todo cuanto ocurría por la sencilla razón de ser él también el único que sabía el objetivo fundamental al que estaba sometido el ritmo de la marcha grupal aunque cada vez más descoordinada y al punto entonces ya digo del desperdigue además y sobre todo con las pupilas como calcinadas por una luz implacable después de la cual pareciera que tal vez iba a ser lo siguiente un súbito apagón como preludio de una obscuridad absoluta, desoladora y llena tan sólo de sí misma. Llegaron al canal por la brecha que sube al río.
Melchor/ICR | Septiembre 30, 2023
Llegaron al canal por la brecha que sube al río, con las hondas prestas para la batalla y los ojos entornados, cosidos casi en el fulgor del mediodía. Eran cinco, y su líder, el único que posiblemente supiera el sentido final de todo cuanto ocurría, dudó por un instante en el momento preciso en que se cruzaron todos con una luz fulgente y de algún modo enceguecedora por la intensa luminosidad que les corroía las pupilas como rayos coléricos y violentos de un láser proveniente de no importa qué amplificador de ondas y que les impedía a todos advertir el río miserable y hediondo con el que estaban a punto de cruzarse y enfangarse hasta las rodillas dado el nivel tan bajo del agua torpe, fétida y lánguida que en modo alguno y por tal razón precisamente no suponía mayor riesgo siendo más bien el desprecio por lo miserable y en cierto modo estúpido de su cauce empequeñecido e inane la única sensación o impresión que le era posible producir al riachuelo inocuo a ese grupo de cinco a punto del desperdigue por la falta de decisión de su líder que sin perjuicio de ser hasta ese instante preciso el único que supiera el sentido final de todo cuanto ocurría por la sencilla razón de ser él también el único que sabía el objetivo fundamental al que estaba sometido el ritmo de la marcha grupal aunque cada vez más descoordinada y al punto entonces ya digo del desperdigue además y sobre todo con las pupilas como calcinadas por una luz implacable después de la cual pareciera que tal vez iba a ser lo siguiente un súbito apagón como preludio de una obscuridad absoluta, desoladora y llena tan sólo de sí misma. Llegaron al canal por la brecha que sube al río.
Melchor/ICR | Septiembre 30, 2023
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