Hermosa conversación entre Javier Gomá (Director de la Fundación Juan March) y Carlos García Gual (Filólogo) sobre la imagen de una vida, la de García Gual, que transpira helenismo por todos lados, y que se nos proyecta en este diálogo en función del cruce de algo así como pasiones parciales: sobre la filología clásica, Platón y la filosofía; sobre el mar como propiciador de aventuras -como la de Odiseo- más que como límite; sobre el Mediterráneo hispánico (mallorquín) y la belleza ciudadana, o sobre la traducción y la biblioteca de su abuelo; sobre la amistad y la vida según la entendieron los griegos; sobre el significado de un aula y el peso de un gran maestro, que te puede cambiar la vida; sobre la necesidad y posibilidades de la Ciudad vista no ya como producto natural sino como ofrecimiento de la historia y la política; sobre las catedrales góticas, su inclinación natural por Grecia y su lealtad a Homero; sobre los libros, las letras y su lectura, en definitiva, que desembocan en la sumatoria de la gran pasión por la vida teorética o intelectual, por esa “cierta inquietud” única, preciosa y especial que, según la entendió Aristóteles, explica lo que es una vida filosófica, que al poder ser en el límite eterna -porque permite que el conocimiento no deje de expandirse-, puede ser tenida entonces como una vida verdaderamente feliz.