Los días terrenales

Sicilia, México y el crimen organizado. El caso del «Mencho» (y IV)

Un diálogo con la obra Federico Campbell.

La semana pasada terminé diciendo que no era propósito de estos artículos apuntar o denunciar a algún político en particular, pues el objeto es analizar un problema al mismo tiempo estructural y tendencial que se ha abierto paso como matriz configuradora de las relaciones de poder sistematizadas por el Estado mexicano respecto de la cual sirve de muy poco la instrumentalización político-partidista de la información periodística utilizada para desbancar a un grupo político u otro.  

Panorámicamente, yo lo que veo es una mutación ontológica del Estado –digamos– emanado de la Revolución mexicana, que durante su primer tramo de institucionalización, hasta Manuel Ávila Camacho, mantuvo una paz política de los generales mediante la que se pudo estabilizar la dialéctica social, política y económico productiva de México, luego de lo cual, a partir de la presidencia de Miguel Alemán (1946-1952), el poder político (mas no el poder armado, que ese lo sigue teniendo el ejército) se trasladó a los civiles (paz política civil), principalmente a abogados, que administraron el gobierno manteniendo la estabilidad y el desarrollo más o menos durante treinta años: de la mitad de los cuarenta a la década en que yo nací (1974), que es cuando surge el primer gran cártel de México: el Cártel de Guadalajara o Cártel de Jalisco de Miguel Ángel Félix Gallardo.

De la década de los 70 son también el Cártel de Juárez y el del Golfo, aunque este último es considerado el más antiguo de México pues surge desde la década de los 30 para el contrabando de licores hacia Estados Unidos, pero es en los 70 cuando, con Juan García Ábrego, incursiona en el trasiego de drogas para situarse en el mapa geopolítico de los grandes cárteles mexicanos. De la de los 80 son los de Tijuana y Sinaloa.

Según he dicho ya, mi generación es la que ha atestiguado una proliferación y multiplicación descontrolada de cárteles para llegar hasta el Cártel Jalisco Nueva Generación, fundado en 2009 en tiempos del gobierno espurio e ilegítimo de Felipe Calderón y cuyo líder, Nemesio Oseguera Cervantes el “Mencho”, fue abatido recién el domingo pasado por las fuerzas federales mexicanas.

En los cincuenta años que tengo de vida, el panorama de México se ha transformado de manera drástica y radical a tal grado que un libro reciente de historia se titula elocuentemente De la plata a la cocaína: cinco siglos de historia económica de América Latina. 1500-2000 (FCE, 2017), que lo dice todo.

Mi generación es la que ha visto cómo México entró en esa dinámica diabólica de exportación de cocaína y a la deprimente realidad de que, al día de hoy, es muy probable que el mexicano vivo más conocido del planeta sea Joaquín “El Chapo” Guzmán, y ahora el “Mencho”.

Hace veinte años más o menos, Federico Campbell ya escribía que:

‘Se dice que el piso se le está moviendo a un Estado cuando en su convivencia civil interna hay poco respeto por la legalidad y la autoridad ya no alcanza a garantizar la seguridad y la protección de los ciudadanos. El Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos expresa de modo más drástico lo mismo en un informe que trata de imaginar y calcular cuáles serían los principales problemas estratégicos de los próximos 25 años. En ese futuro el estudio conjetura que entre los posibles peligros está el “colapso rápido y repentino de Pakistán y México”.

El caso de México es menos probable que el de Pakistán, pero el gobierno, sus políticos, la policía y la infraestructura judicial están bajo asalto y presionados de manera sostenida por bandas criminales y cárteles de la droga. De no conjurarse ese peligro ese conflicto tendrá un impacto mayor sobre la estabilidad del Estado mexicano y eso podría representar un problema de seguridad nacional de proporciones inmensas para los Estados Unidos.’ (pp. 721 y 722)

En 2018, tuvo lugar un punto de inflexión en la historia reciente de México encabezado por Andrés Manuel López Obrador, que activó un proceso de revolución democrática nacionalista y populista (entendiendo al populismo como un anti-elitismo, es decir, que no uso el término en forma despectiva) llamado a establecer, en los tres poderes del Estado, un mecanismo de elección democrática de la clase política que ocupa tales posiciones de poder incluyendo a la clase política que imparte la justicia.

El gran desafío de esta cuarta gran transformación de México está en la re-estabilización del sistema de poder político, jurídico y armado en un marco de revolución democrática y politización ciudadana sobre el bastidor de la herencia estructural de descomposición y criminalización globalizada configurada durante los 50 años que tengo de vida según vengo de decir en función de las tesis de Federico Campbell, lo que significa que la prueba de fuego de la revolución democrática nacionalista de México, encabezada ahora por la presidenta Claudia Sheinbaum, es la de lograr un orden y una paz política que pueda durar en el tiempo tal como lo logró el sistema de poder emanado de la Revolución mexicana.

‘Habría que hacer algo así como un “Desembarco de Normandía” y dar un golpe de fuerza con toda rotundidad’, me dijo más o menos en su momento Federico Campbell cuando comentábamos el problema concreto de los cárteles mexicanos. Estábamos por ahí de 2006 más o menos.

Ahora que lo pienso, y viendo con frialdad las cosas, en realidad no se necesitó tanto como un Desembarco de Normandía para eliminar al Mencho, y la capacidad de respuesta que presentó el CJNG no fue la que se esperaba o nos habían hecho creer. La propaganda audiovisual y la guerra psicológica es muy bien usada. Tomemos nota de eso.

Publicación original de El Independiente