[Sobre el poemario Abril, de Tania Hernández Cervantes, Círculo de Poesía, ciudad de México, abril de 2025.]
I
Mi acercamiento a la poesía es tal vez el más complejo de todos en comparación con otro tipo de formas creativas como la ensayística o la narrativa. Y esto se debe pienso yo a que la subjetividad emotiva, confinada en los linderos del psicologismo en toda regla, es lo que determina su configuración tanto en el momento de la creación como en el momento de la lectura y en el de la interpretación o crítica, razón por la cual para mí la poesía en general está marcada por el pudor y la intimidad –vale decir por el recato– dada la dificultad que supone desarrollar argumentos racionales y objetivos que estabilicen y sistematicen la “inspiración divina” característica de la poesía según la definiera Platón en su diálogo correspondiente Ion o la poesía.
Por eso considero tan valientes a los que toman el riesgo de elegir la ruta de la poesía como forma de estar en el mundo (la mía tal vez sea la forma filosófica), pues me parece que es una de las maneras más audaces y francas de exposición de las claves de una vida.
En su extraordinaria y tal vez muy poco leída Historia del pensamiento filosófico, José Vasconcelos ofrece un esquema básico de clasificación de las formas del pensamiento dentro de los que el poético figura el primero:
‘Si examinamos el panorama del pensamiento en su conjunto –nos dice entonces Vasconcelos–, hallaremos que, no obstante la variedad innumerable de sus maneras, es fácil distinguir tres tipos de expresión recurrentes y fundamentales: el pensamiento poético, el pensamiento filosófico y el pensamiento religioso. Los tres tipos así indicados no se desenvuelven según rigurosa causalidad histórica o jerárquica, sino que más bien alternan y se combinan según el carácter y las necesidades de los individuos y de las épocas. Hay, sin embargo, cierto ritmo de precedencias. En los albores de la historia el pensamiento poético lo engloba todo; el pensamiento filosófico se da con posterioridad o no se da en un gran número de pueblos. El pensamiento religioso, latente desde los comienzos, es el remate de una serie de esfuerzos, la síntesis sobrenatural que cierra el ciclo de una era, una cultura’ (p. 7 de la edición de 1937, a cargo de Ediciones de la Universidad Nacional de México).
Y luego caracteriza a cada uno con mayor detalle y la dureza sarcástica que se destila en todo su pensamiento pero que, en el fondo, sabiéndola sortear y procesar, no deja de arrojar lecciones:
‘En lo esencial se caracteriza cada uno de los tipos que venimos examinando por el elemento de que se vale para expresarse. El poeta piensa con imágenes; el filósofo con ideas, el místico piensa con la fantasía que capta revelaciones y construye arquitecturas poético-racionales, trascendentales. El pensar poético en ejercicio da una libertad, cuyo ritmo nace de la vida misma, nos da visiones atrevidas y esplendorosas, pero fragmentarias e ingenuas. El poeta no ha pasado por la prueba de la duda y del discurso y su imaginación se deja llevar de las sugestiones irresponsables de la analogía y la metáfora. El hombre de religión, en cambio, es un poeta que fue filósofo y dirige su imaginación, exaltada en fantasía, por los caminos rigurosos del sentido sobrenatural. El filósofo limitado al ejercicio racional, se agotaría en las oposiciones sin término de la dialéctica, si no llegase en su auxilio, constantemente, el instinto del místico que le señala las intenciones, la finalidad del ejercicio pensante. En todo caso es el místico quien realiza la suprema síntesis, y lo hace por fantasía dominadora que usa el discurso, tal y como el artista arquitecto aprovecha la ingeniería, únicamente como armadura de una obra que en su consumación supera la mecánica.’ (pp. 9 y 10).
II
Tania Hernández es una mujer valiente, pues su forma fundamental de estar en el mundo es la de la poesía. Es la fundamental aunque no la única. Existen otras: está el flamenco, está la economía, y el pensamiento social, histórico y filosófico, y desde luego que está la política. Pero acaso sea la forma poética algo así como la matriz vertebradora de la que se derivan y nutren las demás.
También está la de ser amiga. Porque Tania Hernández es una amiga muy hermosa: es leal, honesta, entregada, cómplice, solidaria. Sabe acusar regocijo generoso y franco de los logros de sus amigos y te lo hace saber sin miedos y sin titubeos, porque si hay algo importante en la vida –tal podría ser una de las lecciones que nos da Tania Hernández– es saber ser amigo de tus amigos. Y te hace saber también que está contigo y que cuentas con ella siempre. En las buenas y en las malas y todas las veces con un consejo sabio.
El día que me despedí de un equipo de trabajo en el que tuve la fortuna de coincidir con ella, nos dijo a todos con lágrimas en los ojos que yo era un hombre cabal, cosa que me conmovió profundamente y me dejó pensativo durante días. No olvidaré nunca ese momento y esas palabras.
III
La enumeración que he hecho de las formas de estar en el mundo de Tania Hernández nucleadas alrededor de la forma poética me recuerda la consigna de Rubén Darío cuando decía algo así como que los que tienen el don de la palabra –pongámoslo en esos términos para entendernos– tienen entonces la responsabilidad de avocarse a lo que denominó las “tres P”: Periodismo, Poesía y Política. La figura en la que de inmediato pienso como alguien que las cumplió de cuerpo entero es la de Guillermo Prieto, que efectivamente fue periodista, poeta, novelista y político. Carlos Marx es el otro.
Y ocurre que Tania cumple también con las tres P, porque ha hecho periodismo, hace, se interesa y se apasiona por tener una postura y una militancia política clara y firme, y su vida se configura según el canon imaginativo y creador de la poesía. Abril es el primer y bello testimonio que nos ofrece como evidencia.
Y lo hace además con la valentía de la que vengo hablando para mostrarnos algunas de las claves de lo que se me figura una vida anhelante, apasionada y llena de urgencias de una mujer cabal de Culiacán que, con trece años, leía Demian de Herman Hesse mientras su mamá calificaba exámenes de Química en un Woolworth café de la ciudad, articulando, a una edad tan temprana, las variables de la ecuación de una trayectoria llamada a desembocar en la edificación de una doctora en economía y funcionaria pública ejemplar que acaso podríamos definir como alguien que no está hecha para esperar, urgida de presente, según nos dice en ‘Desde mi umbral’ en los términos que siguen:
Qué lejos, cuántos siglos de distancia entre la mítica / Penélope y yo / Más que el tiempo, nos separa mi necesidad de presente / que día a día satisfago // No estoy hecha para esperar / Retornos / Reapariciones / Remotos encuentros // Yo estoy / Yo vivo / Mientras los Pretendientes / vienen y van / yo ando y descubro perlas y corales / me baño en perfumes fenicios / reino con la ley y con el tiempo / vivo de mis sentidos // Ulises me encontrará como a un río / nunca dos veces el mismo // Yo no espero / sucedo en la corriente
Ese itinerario del sucederse en la corriente de la vida y el mundo, que va de Culiacán a ciudad de México pasando por Toronto donde nació Abril Aitana, es lo que Tania Hernández nos ofrece en Abril con arreglo al acomodo de ocho bloques poéticos –llamémoslos así– en donde su intimidad, su soledad, sus pasiones, su amor y sus dudas se nos van mostrando anudadas por un hilo de firme vigor intelectual con los que le da coherencia y brillo evocador de imágenes poéticas pobladoras de su particular e individualísimo universo.
Los bloques poéticos son Las uvas del invierno, Fuego, Frutos salvajes, Flamenco, Proverbios para un nuevo comienzo, El olvidado caer de las hojas, Conversaciones entre sirenas y Noticias de casa.
El poema dedicado a su padre Francisco, ‘El tiempo de los olivos’, es de conmovedora belleza, y el que le dedica a su hermana, ‘Cumpleaños de mi hermana’, es una muestra clara de la generosidad e inteligencia certera que hace de Tania, según les vengo de decir, una amiga muy hermosa:
Ella nació sabia / era la savia corriendo en mi madre / para convertirse en su primera flor de abril // Ella sabe / ha sabido siempre / resolver la incógnita divina / eterna adivinanza para el mundanal // Sin miedo corrige / el error / sabe predecir / con suficiente instinto: / es suyo el equilibrio // Nació sabia / sabe amar sin saber / que el amor es su designio
IV
Tania Hernández es una mujer valiente. Es valiente y es mi amiga. Nuestra amiga. La conocí en un contexto laboral y desde el día uno lo que definió mi relación con ella es el entusiasmo intelectual y el amor a las ideas, a los libros, al pensamiento. Es un amor poético ciertamente, como poco a poco me fue dado ir descubriendo.
Ese entusiasmo –traducible perfectamente al bello optimismo de la voluntad de Gramsci– permeó luego prácticamente todas las actividades que realizamos en el proyecto que nos reunió y convocó para constituir una de las aventuras profesionales más estimulantes y bellas que he tenido, y agradezco el hecho de haberla tenido como compañera. Cuando el ciclo del proyecto concluyó y yo me fui, ella –que afortunadamente logró quedarse para mantener la antorcha encendida– nos dijo a todos en el equipo que yo soy un hombre cabal.
Déjame decirte por mi parte, amiga querida, que tú eres para mí también una mujer cabal. Y gracias a ti supe de la distinción de Valery, que me pareció maravillosa y esencial, entre caminar y danzar según me contaste cuando íbamos rumbo a la presentación de uno de mis libros a cuya convocatoria para comentármelo tú fuiste conmigo como la gran amiga fiel, leal y cómplice que eres.
Vaya que es importante saber ser amigo de tus amigos ¿verdad que sí?
Déjame también compartir contigo, entonces, el regocijo sincero que supone ver tu primer libro de poemas en papel. También es el primer libro de poesía que comento y sobre el que escribo. Cosa que también celebro.
Por eso lo abrazo y por eso te abrazo, y leo contigo el poema inicial, inspirado inevitable y bellamente en tu hija Abril Aitana, ‘Abril es el mes más cruel’, que dice así:
Yo vengo del mes más cruel debo contarte / Es cruel pisar su suelo, sin nieve ni pasto / cruel la flor tan al fondo de la tierra // Es cruel el tallo enjuto y pelado de su árbol / cruel la blancura convertida en lodazal por las calles // Cruel la tibieza de su sol que no arde / Es cruel el Lago Ontario / su grandeza en ruina / Espejo de agua sin su reflejo / titiritando por el último rumor del frío // Es cruel haber sido y ya no ser / cruel esperar más vida, desde la muerte en vida / Es cruel
Abril, de Tania Hernández Cervantes. Círculo de Poesía. CDMX. 2025. Abril.
[Sobre el poemario Abril, de Tania Hernández Cervantes, Círculo de Poesía, ciudad de México, abril de 2025.]
I
Mi acercamiento a la poesía es tal vez el más complejo de todos en comparación con otro tipo de formas creativas como la ensayística o la narrativa. Y esto se debe pienso yo a que la subjetividad emotiva, confinada en los linderos del psicologismo en toda regla, es lo que determina su configuración tanto en el momento de la creación como en el momento de la lectura y en el de la interpretación o crítica, razón por la cual para mí la poesía en general está marcada por el pudor y la intimidad –vale decir por el recato– dada la dificultad que supone desarrollar argumentos racionales y objetivos que estabilicen y sistematicen la “inspiración divina” característica de la poesía según la definiera Platón en su diálogo correspondiente Ion o la poesía.
Por eso considero tan valientes a los que toman el riesgo de elegir la ruta de la poesía como forma de estar en el mundo (la mía tal vez sea la forma filosófica), pues me parece que es una de las maneras más audaces y francas de exposición de las claves de una vida.
En su extraordinaria y tal vez muy poco leída Historia del pensamiento filosófico, José Vasconcelos ofrece un esquema básico de clasificación de las formas del pensamiento dentro de los que el poético figura el primero:
‘Si examinamos el panorama del pensamiento en su conjunto –nos dice entonces Vasconcelos–, hallaremos que, no obstante la variedad innumerable de sus maneras, es fácil distinguir tres tipos de expresión recurrentes y fundamentales: el pensamiento poético, el pensamiento filosófico y el pensamiento religioso. Los tres tipos así indicados no se desenvuelven según rigurosa causalidad histórica o jerárquica, sino que más bien alternan y se combinan según el carácter y las necesidades de los individuos y de las épocas. Hay, sin embargo, cierto ritmo de precedencias. En los albores de la historia el pensamiento poético lo engloba todo; el pensamiento filosófico se da con posterioridad o no se da en un gran número de pueblos. El pensamiento religioso, latente desde los comienzos, es el remate de una serie de esfuerzos, la síntesis sobrenatural que cierra el ciclo de una era, una cultura’ (p. 7 de la edición de 1937, a cargo de Ediciones de la Universidad Nacional de México).
Y luego caracteriza a cada uno con mayor detalle y la dureza sarcástica que se destila en todo su pensamiento pero que, en el fondo, sabiéndola sortear y procesar, no deja de arrojar lecciones:
‘En lo esencial se caracteriza cada uno de los tipos que venimos examinando por el elemento de que se vale para expresarse. El poeta piensa con imágenes; el filósofo con ideas, el místico piensa con la fantasía que capta revelaciones y construye arquitecturas poético-racionales, trascendentales. El pensar poético en ejercicio da una libertad, cuyo ritmo nace de la vida misma, nos da visiones atrevidas y esplendorosas, pero fragmentarias e ingenuas. El poeta no ha pasado por la prueba de la duda y del discurso y su imaginación se deja llevar de las sugestiones irresponsables de la analogía y la metáfora. El hombre de religión, en cambio, es un poeta que fue filósofo y dirige su imaginación, exaltada en fantasía, por los caminos rigurosos del sentido sobrenatural. El filósofo limitado al ejercicio racional, se agotaría en las oposiciones sin término de la dialéctica, si no llegase en su auxilio, constantemente, el instinto del místico que le señala las intenciones, la finalidad del ejercicio pensante. En todo caso es el místico quien realiza la suprema síntesis, y lo hace por fantasía dominadora que usa el discurso, tal y como el artista arquitecto aprovecha la ingeniería, únicamente como armadura de una obra que en su consumación supera la mecánica.’ (pp. 9 y 10).
II
Tania Hernández es una mujer valiente, pues su forma fundamental de estar en el mundo es la de la poesía. Es la fundamental aunque no la única. Existen otras: está el flamenco, está la economía, y el pensamiento social, histórico y filosófico, y desde luego que está la política. Pero acaso sea la forma poética algo así como la matriz vertebradora de la que se derivan y nutren las demás.
También está la de ser amiga. Porque Tania Hernández es una amiga muy hermosa: es leal, honesta, entregada, cómplice, solidaria. Sabe acusar regocijo generoso y franco de los logros de sus amigos y te lo hace saber sin miedos y sin titubeos, porque si hay algo importante en la vida –tal podría ser una de las lecciones que nos da Tania Hernández– es saber ser amigo de tus amigos. Y te hace saber también que está contigo y que cuentas con ella siempre. En las buenas y en las malas y todas las veces con un consejo sabio.
El día que me despedí de un equipo de trabajo en el que tuve la fortuna de coincidir con ella, nos dijo a todos con lágrimas en los ojos que yo era un hombre cabal, cosa que me conmovió profundamente y me dejó pensativo durante días. No olvidaré nunca ese momento y esas palabras.
III
La enumeración que he hecho de las formas de estar en el mundo de Tania Hernández nucleadas alrededor de la forma poética me recuerda la consigna de Rubén Darío cuando decía algo así como que los que tienen el don de la palabra –pongámoslo en esos términos para entendernos– tienen entonces la responsabilidad de avocarse a lo que denominó las “tres P”: Periodismo, Poesía y Política. La figura en la que de inmediato pienso como alguien que las cumplió de cuerpo entero es la de Guillermo Prieto, que efectivamente fue periodista, poeta, novelista y político. Carlos Marx es el otro.
Y ocurre que Tania cumple también con las tres P, porque ha hecho periodismo, hace, se interesa y se apasiona por tener una postura y una militancia política clara y firme, y su vida se configura según el canon imaginativo y creador de la poesía. Abril es el primer y bello testimonio que nos ofrece como evidencia.
Y lo hace además con la valentía de la que vengo hablando para mostrarnos algunas de las claves de lo que se me figura una vida anhelante, apasionada y llena de urgencias de una mujer cabal de Culiacán que, con trece años, leía Demian de Herman Hesse mientras su mamá calificaba exámenes de Química en un Woolworth café de la ciudad, articulando, a una edad tan temprana, las variables de la ecuación de una trayectoria llamada a desembocar en la edificación de una doctora en economía y funcionaria pública ejemplar que acaso podríamos definir como alguien que no está hecha para esperar, urgida de presente, según nos dice en ‘Desde mi umbral’ en los términos que siguen:
Qué lejos, cuántos siglos de distancia entre la mítica / Penélope y yo / Más que el tiempo, nos separa mi necesidad de presente / que día a día satisfago // No estoy hecha para esperar / Retornos / Reapariciones / Remotos encuentros // Yo estoy / Yo vivo / Mientras los Pretendientes / vienen y van / yo ando y descubro perlas y corales / me baño en perfumes fenicios / reino con la ley y con el tiempo / vivo de mis sentidos // Ulises me encontrará como a un río / nunca dos veces el mismo // Yo no espero / sucedo en la corriente
Ese itinerario del sucederse en la corriente de la vida y el mundo, que va de Culiacán a ciudad de México pasando por Toronto donde nació Abril Aitana, es lo que Tania Hernández nos ofrece en Abril con arreglo al acomodo de ocho bloques poéticos –llamémoslos así– en donde su intimidad, su soledad, sus pasiones, su amor y sus dudas se nos van mostrando anudadas por un hilo de firme vigor intelectual con los que le da coherencia y brillo evocador de imágenes poéticas pobladoras de su particular e individualísimo universo.
Los bloques poéticos son Las uvas del invierno, Fuego, Frutos salvajes, Flamenco, Proverbios para un nuevo comienzo, El olvidado caer de las hojas, Conversaciones entre sirenas y Noticias de casa.
El poema dedicado a su padre Francisco, ‘El tiempo de los olivos’, es de conmovedora belleza, y el que le dedica a su hermana, ‘Cumpleaños de mi hermana’, es una muestra clara de la generosidad e inteligencia certera que hace de Tania, según les vengo de decir, una amiga muy hermosa:
Ella nació sabia / era la savia corriendo en mi madre / para convertirse en su primera flor de abril // Ella sabe / ha sabido siempre / resolver la incógnita divina / eterna adivinanza para el mundanal // Sin miedo corrige / el error / sabe predecir / con suficiente instinto: / es suyo el equilibrio // Nació sabia / sabe amar sin saber / que el amor es su designio
IV
Tania Hernández es una mujer valiente. Es valiente y es mi amiga. Nuestra amiga. La conocí en un contexto laboral y desde el día uno lo que definió mi relación con ella es el entusiasmo intelectual y el amor a las ideas, a los libros, al pensamiento. Es un amor poético ciertamente, como poco a poco me fue dado ir descubriendo.
Ese entusiasmo –traducible perfectamente al bello optimismo de la voluntad de Gramsci– permeó luego prácticamente todas las actividades que realizamos en el proyecto que nos reunió y convocó para constituir una de las aventuras profesionales más estimulantes y bellas que he tenido, y agradezco el hecho de haberla tenido como compañera. Cuando el ciclo del proyecto concluyó y yo me fui, ella –que afortunadamente logró quedarse para mantener la antorcha encendida– nos dijo a todos en el equipo que yo soy un hombre cabal.
Déjame decirte por mi parte, amiga querida, que tú eres para mí también una mujer cabal. Y gracias a ti supe de la distinción de Valery, que me pareció maravillosa y esencial, entre caminar y danzar según me contaste cuando íbamos rumbo a la presentación de uno de mis libros a cuya convocatoria para comentármelo tú fuiste conmigo como la gran amiga fiel, leal y cómplice que eres.
Vaya que es importante saber ser amigo de tus amigos ¿verdad que sí?
Déjame también compartir contigo, entonces, el regocijo sincero que supone ver tu primer libro de poemas en papel. También es el primer libro de poesía que comento y sobre el que escribo. Cosa que también celebro.
Por eso lo abrazo y por eso te abrazo, y leo contigo el poema inicial, inspirado inevitable y bellamente en tu hija Abril Aitana, ‘Abril es el mes más cruel’, que dice así:
Yo vengo del mes más cruel debo contarte / Es cruel pisar su suelo, sin nieve ni pasto / cruel la flor tan al fondo de la tierra // Es cruel el tallo enjuto y pelado de su árbol / cruel la blancura convertida en lodazal por las calles // Cruel la tibieza de su sol que no arde / Es cruel el Lago Ontario / su grandeza en ruina / Espejo de agua sin su reflejo / titiritando por el último rumor del frío // Es cruel haber sido y ya no ser / cruel esperar más vida, desde la muerte en vida / Es cruel
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