Jueves 25 de enero, 2024. Tengo que decir antes que todo que esta es la primera noche en el Sályut a la que llego sin haber podido terminar el libro en torno al que nos correspondía reunirnos en la Tío Pepe: Extrañas, de Guillermo Arriaga (Alfaguara, 2023). El trajín de actividades de fin y comienzo de año respectivamente es la razón por la cual no me fue posible hacerlo, lo que implica que mis comentarios en esta ocasión no tuvieron la consistencia debida (pero pronto he de concluirla y de reseñarla como se debe).
La expectativa de lectura era altísima, sobre todo por el entusiasmo que ya desde hacía tiempo nos había transmitido A., que es un gran y apasionado lector de literatura que tiene un juicio y un gusto muy refinados y maduros, sobre todo en torno de muchos escritores mexicanos contemporáneos entre los que descuella el primero Guillermo Arriaga.
Ya había podido conversar con él, Arriaga, hace un par de meses más o menos, cuando lo invitamos desde el Espacio Cultural San Lázaro de la Cámara de Diputados a conversar con nosotros en el marco de nuestro programa de Escritores en San Lázaro.
La conversación fue formidable, y Arriaga es un tipo formidable también. Es un hombre con mucha energía y vitalidad que destila y transmite de inmediato en los ambientes en los que interactúa; digamos que la fuerza y violencia que recorre entera la película de Amores perros de González Iñárritu de la que sabemos todos que fue guionista Arriaga y que tanta fama le valiera a los dos, es de algún modo una proyección de la potencia de carácter que lo impele y determina en sus aproximaciones a la realidad de una manera igualmente potente, firme, espartana quizá, cuestión que se confirma cuando nos contó sobre su pasión por la caza, que es algo así como el núcleo alrededor del cual se explica su vida:
“Me gusta cazar porque es un rito muy profundo que enfrenta la vida con la muerte, la belleza con el horror. La caza acerca a la verdad de las cosas. Todo mi trabajo es sobre la caza y todos mis personajes se comportan como cazadores. Me gustan los animales y los que más respeto son los que cazo. Ah, y solo cazo animales que me como.” (E. Fernández Santos, «Guillermo Arriaga, el cazador que escribe», El País, 02.12.2005, cita tomada de Wikipedia).
Y es esa misma tesitura espartana como enfoque de aproximación a la realidad lo que se constituye entonces como elemento definidor de las temáticas y tramas de su literatura, según nos ha contado A., y que yo he podido constatar de hecho en las primeras páginas de mi lectura inicial de Extrañas.
A las 7 de la noche era yo el primero en haber llegado; K. lo hico diez o quince minutos después. Al ser los primeros no entramos en materia como es debido, habiéndome dicho ella solamente que está a punto de termina el libro y que, de hecho, se lo está leyendo en Kindle (al día siguiente nos avisó en el chat que ya lo había terminado), para pasar luego al recuento respectivo de nuestras actividades de fin de año y del escenario electoral en despliegue.
Luego llegó E. y alrededor de las ocho de la noche la tertulia estaba lista. Éramos como seis o siete más o menos. Y entonces comenzó a fluir súbita y sorprendente la energía que Arriaga inspira en su literatura, cambiando al instante el tono de lo que íbamos comentando de improviso para entrar entonces en materia.
K. comenzó sin esperar un segundo: Extrañas es un libro ágil y dinámico, pero no fácil. Es sorprendente la erudición del autor y su facilidad narrativa, cosa que fue percibiendo en su lectura para poder cotejar la precisión de las descripciones médicas a un nivel de detalle y especificidad (los remedios, los diagnósticos) de los que ella, siendo anestesióloga, puede dar fe, dándose cuenta de que Arriaga sabe de lo que escribe, además de tener una capacidad narrativa extraordinaria para la construcción de los personajes en la manifestación de su sentir según la diversidad de planos sociales, siendo capaz de llegar a la médula de una psicología, o de un contexto social o cultural (análisis morales o religiosos), en dos frases.
Hay también en Extrañas, según K., una tensión dialéctica entre razón y religión a partir de la cual se iluminan problemas filosóficos y científicos en torno de la duda constante sobre la especie propia del período histórico en el que se sitúa la novela, que es la Inglaterra de fines del XVIII (‘Inglaterra 1781’ es la única indicación que se da al principio del libro para no volver a especificarse capítulo o subtítulo o sección alguna: todo es un fluir torrencial narrativo con muy escasos puntos y aparte).
La malformación como idea es para J.I., por otro lado, lo que detona y determina la relación entre Black y William Burton, además de que el viaje por el mundo ha sido un elemento fundamental que marcó su lectura de Extrañas en la que, además, también, juzga fascinante la capacidad narrativa de Arriaga para “meterse” con la psicología de los personajes en la diversidad de contextos.
Yo era solamente capaz de ir tomando nota de los comentarios que fluían con energía cual si se tratara de secuencias agolpadas de Amores perros, no sé si me explico, pues como tengo dicho mi lectura del libro prácticamente estaba, está, en pañales, siendo enorme la sorpresa que me producía saber la cantidad de elementos y giros así como la complejidad que la trama tiene preparada para el lector de esta novela fundamental.
A., por su parte, complementaba los comentarios que se iban vertiendo en la mesa con su entusiasmo inigualable de gran y apasionado lector de narrativa y de devoto consagrado de Guillermo Arriaga. Ya desde tiempo atrás nos había comentado lo que supone el desafío sintáctico de omitir el artículo “que” en la construcción de Extrañas, que leyó entre septiembre y octubre del año pasado y que tal vez sea para él la mejor novela de Arriaga y en la que, coincidiendo con K., hay una indagación (duda, dice K.) constante sobre la profundidad de lo humano.
En su momento se preguntó también si Arriaga había de hecho estudiado medicina, razón por la cual le fueron tan interesantes los comentarios que fue haciendo K. desde su perspectiva de “médico que lee”.
Fue una noche y una tertulia desbordada de energía literaria e intelectual, siendo muy curioso y nada gratuito el hecho de que la conversación desembocara en el tema de la droga, la desinhibición y la filosofía (a A. le fascinó la relación del carácter de Black, a quien “la absenta lo hacía inteligente”) y en la que K., anestesióloga, recordemos, se explayó en detalles y profundizaciones.
Tratándose de una obra de un guionista tan extraordinario como Guillermo Arriaga, es notoria también, seguía diciéndonos A., la utilización de recursos cinematográficos en su construcción sintáctica y semántica.
Al final decidí comenzar de nuevo con Extrañas, que de por sí no había logrado tener un avance tan considerable, y luego de todo lo que se comentó con velocidad de ráfagas cinematográficas en nuestra cuarta noche en el Sályut terminé con la convicción de que esto hay que leérselo de corrido, o casi.
‘Los hechos reales e históricos en los cuales está basada esta novela jamás sucedieron’, aclara Arriaga antes de comenzar. ‘Inglaterra 1781’ es lo que sigue. Y luego no se detiene.
Jueves 25 de enero, 2024. Tengo que decir antes que todo que esta es la primera noche en el Sályut a la que llego sin haber podido terminar el libro en torno al que nos correspondía reunirnos en la Tío Pepe: Extrañas, de Guillermo Arriaga (Alfaguara, 2023). El trajín de actividades de fin y comienzo de año respectivamente es la razón por la cual no me fue posible hacerlo, lo que implica que mis comentarios en esta ocasión no tuvieron la consistencia debida (pero pronto he de concluirla y de reseñarla como se debe).
La expectativa de lectura era altísima, sobre todo por el entusiasmo que ya desde hacía tiempo nos había transmitido A., que es un gran y apasionado lector de literatura que tiene un juicio y un gusto muy refinados y maduros, sobre todo en torno de muchos escritores mexicanos contemporáneos entre los que descuella el primero Guillermo Arriaga.
Ya había podido conversar con él, Arriaga, hace un par de meses más o menos, cuando lo invitamos desde el Espacio Cultural San Lázaro de la Cámara de Diputados a conversar con nosotros en el marco de nuestro programa de Escritores en San Lázaro.
La conversación fue formidable, y Arriaga es un tipo formidable también. Es un hombre con mucha energía y vitalidad que destila y transmite de inmediato en los ambientes en los que interactúa; digamos que la fuerza y violencia que recorre entera la película de Amores perros de González Iñárritu de la que sabemos todos que fue guionista Arriaga y que tanta fama le valiera a los dos, es de algún modo una proyección de la potencia de carácter que lo impele y determina en sus aproximaciones a la realidad de una manera igualmente potente, firme, espartana quizá, cuestión que se confirma cuando nos contó sobre su pasión por la caza, que es algo así como el núcleo alrededor del cual se explica su vida:
“Me gusta cazar porque es un rito muy profundo que enfrenta la vida con la muerte, la belleza con el horror. La caza acerca a la verdad de las cosas. Todo mi trabajo es sobre la caza y todos mis personajes se comportan como cazadores. Me gustan los animales y los que más respeto son los que cazo. Ah, y solo cazo animales que me como.” (E. Fernández Santos, «Guillermo Arriaga, el cazador que escribe», El País, 02.12.2005, cita tomada de Wikipedia).
Y es esa misma tesitura espartana como enfoque de aproximación a la realidad lo que se constituye entonces como elemento definidor de las temáticas y tramas de su literatura, según nos ha contado A., y que yo he podido constatar de hecho en las primeras páginas de mi lectura inicial de Extrañas.
A las 7 de la noche era yo el primero en haber llegado; K. lo hico diez o quince minutos después. Al ser los primeros no entramos en materia como es debido, habiéndome dicho ella solamente que está a punto de termina el libro y que, de hecho, se lo está leyendo en Kindle (al día siguiente nos avisó en el chat que ya lo había terminado), para pasar luego al recuento respectivo de nuestras actividades de fin de año y del escenario electoral en despliegue.
Luego llegó E. y alrededor de las ocho de la noche la tertulia estaba lista. Éramos como seis o siete más o menos. Y entonces comenzó a fluir súbita y sorprendente la energía que Arriaga inspira en su literatura, cambiando al instante el tono de lo que íbamos comentando de improviso para entrar entonces en materia.
K. comenzó sin esperar un segundo: Extrañas es un libro ágil y dinámico, pero no fácil. Es sorprendente la erudición del autor y su facilidad narrativa, cosa que fue percibiendo en su lectura para poder cotejar la precisión de las descripciones médicas a un nivel de detalle y especificidad (los remedios, los diagnósticos) de los que ella, siendo anestesióloga, puede dar fe, dándose cuenta de que Arriaga sabe de lo que escribe, además de tener una capacidad narrativa extraordinaria para la construcción de los personajes en la manifestación de su sentir según la diversidad de planos sociales, siendo capaz de llegar a la médula de una psicología, o de un contexto social o cultural (análisis morales o religiosos), en dos frases.
Hay también en Extrañas, según K., una tensión dialéctica entre razón y religión a partir de la cual se iluminan problemas filosóficos y científicos en torno de la duda constante sobre la especie propia del período histórico en el que se sitúa la novela, que es la Inglaterra de fines del XVIII (‘Inglaterra 1781’ es la única indicación que se da al principio del libro para no volver a especificarse capítulo o subtítulo o sección alguna: todo es un fluir torrencial narrativo con muy escasos puntos y aparte).
La malformación como idea es para J.I., por otro lado, lo que detona y determina la relación entre Black y William Burton, además de que el viaje por el mundo ha sido un elemento fundamental que marcó su lectura de Extrañas en la que, además, también, juzga fascinante la capacidad narrativa de Arriaga para “meterse” con la psicología de los personajes en la diversidad de contextos.
Yo era solamente capaz de ir tomando nota de los comentarios que fluían con energía cual si se tratara de secuencias agolpadas de Amores perros, no sé si me explico, pues como tengo dicho mi lectura del libro prácticamente estaba, está, en pañales, siendo enorme la sorpresa que me producía saber la cantidad de elementos y giros así como la complejidad que la trama tiene preparada para el lector de esta novela fundamental.
A., por su parte, complementaba los comentarios que se iban vertiendo en la mesa con su entusiasmo inigualable de gran y apasionado lector de narrativa y de devoto consagrado de Guillermo Arriaga. Ya desde tiempo atrás nos había comentado lo que supone el desafío sintáctico de omitir el artículo “que” en la construcción de Extrañas, que leyó entre septiembre y octubre del año pasado y que tal vez sea para él la mejor novela de Arriaga y en la que, coincidiendo con K., hay una indagación (duda, dice K.) constante sobre la profundidad de lo humano.
En su momento se preguntó también si Arriaga había de hecho estudiado medicina, razón por la cual le fueron tan interesantes los comentarios que fue haciendo K. desde su perspectiva de “médico que lee”.
Fue una noche y una tertulia desbordada de energía literaria e intelectual, siendo muy curioso y nada gratuito el hecho de que la conversación desembocara en el tema de la droga, la desinhibición y la filosofía (a A. le fascinó la relación del carácter de Black, a quien “la absenta lo hacía inteligente”) y en la que K., anestesióloga, recordemos, se explayó en detalles y profundizaciones.
Tratándose de una obra de un guionista tan extraordinario como Guillermo Arriaga, es notoria también, seguía diciéndonos A., la utilización de recursos cinematográficos en su construcción sintáctica y semántica.
Al final decidí comenzar de nuevo con Extrañas, que de por sí no había logrado tener un avance tan considerable, y luego de todo lo que se comentó con velocidad de ráfagas cinematográficas en nuestra cuarta noche en el Sályut terminé con la convicción de que esto hay que leérselo de corrido, o casi.
‘Los hechos reales e históricos en los cuales está basada esta novela jamás sucedieron’, aclara Arriaga antes de comenzar. ‘Inglaterra 1781’ es lo que sigue. Y luego no se detiene.
Libro ágil y dinámico, en efecto, pero no fácil.
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