Ciceroniana

Ciceroniana I

Para Martín Carrara

Se trata de emprender un plan de estudio riguroso, o lo más riguroso que se pueda, de la obra de Cicerón. En la actualidad cuento en mi biblioteca con tres tipos de ediciones, dos de ellas más exhaustivas que la tercera. En el caso de esta última se trata de algunas ediciones aisladas de Porrúa, a las que no habré de dedicar mayor tiempo dado que lo que tengo está incluido en las otras dos colecciones.

En primer lugar, están las Obras Completas en seis tomos, editadas por Ediciones Anaconda de Buenos Aires, en 1946. Se trata de una edición americana que reproduce la publicada por la Biblioteca Clásica de Madrid en diecisiete tomos, en trabajo coordinado por Marcelino Menéndez y Pelayo para traducir y comentar la obra entera del tribuno más afamado de la historia. Las traducciones son de Marcelino Menéndez y Pelayo, Sandalio Díaz Tendero y Merchán, Juan Bautista Calvo, Pedro Simón Abril, Manuel de Valbuena, Francisco Navarro y Calvo y Víctor Fernández Llera.

El tomo uno contiene De la invención retórica, Retórica a C. Herennio, Tópicos a Cayo Trebacio, Participaciones oratorias, Diálogos del orador, Bruto, o de los ilustres oradores, El orador, De la naturaleza de los Dioses y Del sumo bien y del sumo mal. El tomo dos contiene Los oficios, De la vejez, De la amistad, Las paradojas, Cuestiones tusculanas, Tratado de la adivinación, Del Hado, Tratado de la República, Tratado de las leyes, y Epístolas familiares. En el tomo tres están las Epístolas familiares y las Cartas políticas. En el cuarto, están Cartas políticas, Cartas a Quinto Cicerón, Cartas de Cicerón y de M. Bruto, Vidas y Discursos y Procesos de Verres. En el quinto, continúa el Proceso de Verres, Sobre la Ley Agraria, En defensa de Cayo Rabririo, Contra Lucio Catilina, En defensa de Lucinio Murena, En defensa de P. Sila, En defensa de A. Lucinio Archias, En defensa de Lucio Flaco, Cuando volvió del destierro, En defensa de su casa, En defensa de P. Sextio, Contra P. Vatinio, Sobre la respuesta de los Arúspices y Relativo a las Provincias Consulares. El tomo sexto y final contiene En defensa de L. Cornelio Balbo, En defensa de M. Celio, Contra L. Calpurnio Pison, En defensa de Cuco Plancio, En defensa de C. Rabirio Póstumo, En defensa de T. A. Milón, Dando gracias a César por la repatriación de Marcelo, En defensa de Q. Ligario, En defensa del rey Deyotara y Contra Marco Antonio.

La segunda colección, que no sé si es exhaustiva en cuanto a lo que se tenga editado de Cicerón, es la de la Bibliotheca Scriptorvm Graecorvm et Romanorvm Mexicana. Con ella comenzaré mi plan de estudio, sin que haya necesariamente un orden determinado. En este caso, cuento en mi biblioteca con Sobre la naturaleza de los dioses, versión de Julio Pimentel Álvarez (UNAM, 1976); De los fines de los bienes y los males, versión de Julio Pimentel Álvarez (UNAM, 2002); Verrinas, versión de Rafael Salinas (UNAM, 1987); En defensa de Murena, versión de Julio Pimentel Álvarez (UNAM, 1984); Disputas tusculanas, versión de Julio Pimentel Álvarez (UNAM, 1979); Cartas a Ático, versión de Juan Antonio Ayala (UNAM, 1976); Catilinarias, versión de Rafael Salinas (UNAM, 1963); Acerca de los deberes, versión de Rubén Bonifaz Nuño (UNAM, 2009); Acerca del orador, versión de Amparo Gaos Schmidt (UNAM, 1995); De la adivinación, versión de Julio Pimentel Álvarez (UNAM, 1988); Las paradojas de los estoicos, versión de Julio Pimentel Álvarez (UNAM, 2000); Tópicos, versión de Bulmaro Reyes Coria (UNAM, 2006); Del hado, versión de Julio Pimentel Álvarez (UNAM, 2005); De la invención retórica, versión de Bulmaro Reyes Coria (UNAM, 1997); Catón el mayor: de la vejez. Lelio: de la amistad, versión de Julio Pimentel Álvarez (UNAM, 1997); Discurso en favor del poeta A. Licinio Arquías, versión de José G. Moreno de Alba (UNAM, 1977); El orador perfecto, versión de Bulmaro Reyes Coria (UNAM, 1999); Bruto: de los oradores ilustres, versión de Bulmaro Reyes Coria (UNAM, 2004); En defensa de Celio, versión de Amparo Gaos Schmidt (UNAM, 1976); Cuestiones académicas, versión de Julio Pimentel Álvarez (UNAM, 1980); y De la partición oratoria, versión de Bulmaro Reyes Coria (UNAM, 2000). Comenzaré con este último, De la partición oratoria. Para cada libro un comentario.

Cicerón representa en la antigüedad romana lo que para nosotros es algo así como lo que Gramsci caracterizó bajo la figura del político intelectual. Ideas, oratoria brillante y elocuente, filosofía, derecho, estoicismo y escritura como fundamentos concurrentes de la praxis política. Gaston Boissier lo dice y explica mejor que yo en Cicerón y sus amigos (Porrúa, 1986), pero el libro está en mi biblioteca de León y no puedo ahora comentarlo en condiciones.

Cicerón es en todo caso, me parece a mí, la encarnación de la política y la vida pública como la máxima aspiración que un hombre puede tener, y el ejercicio del poder como la más alta y dramática expresión de la existencia humana entendida como existencia o vida política, es decir, como vida ciudadana.

Desde luego que es característico su papel como buscador de los equilibrios en un tiempo de destrucción de un orden y de una época, en manos de la otra gran figura que encarna la política como pocos, el primer gran populista de la historia, y que según Hegel llevó a cabo la tarea que la historia, también, tenía reservada para Roma: la de romper el corazón del mundo: Julio César.

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